julio 24, 2015

De TRAICIONES y CLAUDICACIONES en nombre del REALISMO y el PRAGMATISMO


El 14 de julio, poco antes de la votación en el Parlamento griego, el cual debía aprobar o rechazar el principio de acuerdo alcanzado entre el Eurogrupo y el equipo de los negociadores griegos encabezados por el Primer Ministro ALEXIS TSIPRAS… en una entrevista dada en la televisión pública griega este mismo señor Tsipras…

[ líder de SYRISA (Coalición de la Izquierda Radical) y elegido sobre la base de un programa de gobierno decididamente contrario a la continuación de la política económica de austeridad impuesta por la Troika (Fondo Monetario Internacional, el Banco central Europeo y la Comisión Europea) a los anteriores gobiernos griegos…
y que unos poco días antes había organizado un referéndum pidiendo al pueblo que se pronunciara a favor o en contra de un enésimo plan de rescate impuesto por el Eurogrupo…
llamando sus conciudadanos a votar OXI (no)…
obteniendo, a pesar de las muy importantes presiones de los miembros de la Troika (obviamente secundada por los partidos de oposición y las elites financieras) un rotundo existo con más del 60% de los griegos votando OXI ]

…afirmo, contundente y sin el más mínimo rubor:

“ASUMO LA RESPONSABILIDAD DE UN TEXTO EN EL CUAL NO CREO, PERO NO OBSTANTE FIRMO PARA EVITAR UN DESASTRE PARA EL PAIS.”

La historia así nos lo enseña, los gobiernos encabezados por partidos y líderes socialdemócratas, siempre han sido uno de los ases bajo la manga del cual dispone el sistema capitalista para que, en tiempos de crisis y “rebelión” de los inconformes gobernados,  su “representación política”, se haga cargo de que estos terminen aceptando las duras políticas económicas (hoy definidas como “de austeridad”) que permitan al sistema como tal, no solo sobrevivir, sino ver sus eternos beneficiarios salir ampliamente reforzados, ensanchando en cada ocasión su diferencia en relación a los sometidos y perdedores de siempre.

Lo francamente triste y hondamente desalentador… hoy… es darse cuenta que este capitalismo no solo puede contar sobre la traición de la socialdemocracia, que abdico de sus pretensiones reformistas hace ya muchas décadas… sino también sobre la claudicación, en nombre del realismo y el pragmatismo, de quienes pretendían… no solo reformar las inmutables reglas del juego, sino cambiarlas… para que los dominantes y ganadores así como los sometidos y perdedores, ambos de siempre, ya no sigan siéndolo ad eternum.

Como siempre también… traición y claudicación… que se asumen en función del “interés superior del País” o sea del “interés general”… como si no fuese obvio que estos conceptos y nociones son una muy útil ficción para mantener el statu quo… como si la “separación” fuese horizontal entre “izquierda” y “derecha” o “reformista” y “radical”… cuando es vertical entre “arriba” y “abajo”… dominantes y sumisos.


julio 15, 2015

LA TRAGEDIA GRIEGA... impuesta y aceptada.





En unas pocas horas el gobierno griego de Tsipras, todo como Syriza, se jugaran su futuro en una votación más del Parlamento, que debe dar su aval al ¿Plan de rescate? aceptado, como un mal menor, por Tsipras, o rechazarlo.
Aprovecho este tiempo de indefinición, para publicar el que me parece ser un muy buen artículo de opinión publicado en la edición web del diario digital PÚBLICO.

Antonio Antón
Profesor honorario de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid
Tragedia es un concepto creado por el pueblo griego para expresar el dilema moral y político de la elección entre dos males. Sirve para interpretar la actitud del pueblo griego y el Gobierno de Syriza en las últimas semanas de negociaciones con las instituciones europeas y explicar el significado del referéndum y el posterior acuerdo suscrito.
A diferencia de la comedia, en la tragedia no hay oportunidad de elegir entre el bien y el mal. Cualquier elección posible tiene consecuencias negativas, aunque unas más graves que otras. No obstante, no se trata de admitir un completo fatalismo, ni acatar el imperio absoluto del poder (o los dioses) que impone un destino fatídico o totalmente destructivo. Por el contrario, en una situación trágica existe cierta capacidad de elección: rechazo al mal mayor y asunción del mal menor.
La propia tradición popular nos dice que ante dos opciones, una mala y otra peor, lo mejor es elegir la menos mala. Es problemática porque conlleva sufrimientos y desventajas, el daño que genera es motivo legítimo de queja. Pero la elección de la opción peor conllevaría más destrucción moral, política o física. En términos comparativos, la decisión trágica es clara: admitir cierto retroceso para evitar una derrota absoluta. El sentido trágico de la vida nos enseña, frente al fatalismo y la rendición total, que ante el daño impuesto la cuestión es salvar  posibilidades y mecanismos para construir un nuevo punto de partida que permita reiniciar el avance hacia el bien. Tragedia y estrategia (otra palabra griega) se convierten en conceptos explicativos fundamentales. Repasemos los hechos fundamentales.
El acuerdo impuesto (el diktat) por las instituciones europeas al pueblo griego, y asumido por el gobierno de Syriza y la mayoría parlamentaria, es regresivo e injusto. Descarga sobre la sociedad griega la prolongación y la ampliación del sufrimiento popular y refuerza la subordinación política y la dependencia económica y, lo que es peor, sin garantías de recuperación a medio plazo. Las principales medidas antisociales son: recorte del sistema de pensiones, mayoritariamente bajo –en torno al 60% de la media española- , reducción de los derechos laborales –despidos y convenios colectivos- para dejar más indefensas a las clases trabajadores frente al poder empresarial, subida del IVA de artículos de más necesidad y en zonas deprimidas (islas lejanas), privatización de los principales activos del sector público empresarial (energía, ferrocarriles, puertos y aeropuertos…) como fondo de garantía para el pago de la deuda (25%), capitalizar a los bancos (50%) y el resto (25%) para inversiones productivas, con control griego y supervisión europea.
En todos estos aspectos la representación griega ha conseguido suavizar levemente los planes más duros de los representantes alemanes. No obstante, constituyen todo un plan de austeridad que, como la experiencia anterior indica, impone fuertes retrocesos sociales y económicos pero está abocada al fracaso en cuanto a garantía de crecimiento económico e, incluso, del objetivo explícito del pago de la deuda pública. Es similar al plan rechazado en el referéndum, más duro si cabe, y con la nueva imposición del fondo de privatización. La diferencia es que antes el rechazo gubernamental de las medidas estaba justificado también porque solo eran para salvar la coyuntura inmediata de proporcionar la liquidez necesaria de 7.000 millones, sin eliminar la probabilidad de más recortes a la hora de negociar el inmediato tercer rescate. Además, había que poner a prueba la voluntad de la mayoría social y el apoyo explícito al Gobierno de Syriza (sin llegar al 40% de representatividad). Ahora, tras la victoria del NO del referéndum, el marco de la negociación ha cambiado.
Por un lado, la amenaza de expulsión de Grecia del euro (Grexit) se convierte en chantaje inmediato. Las posibilidades de mayor destrucción económica por el ahogamiento financiero son reales. Los objetivos políticos para imponer la derrota y el desplazamiento del Ejecutivo de Tsipras y el sometimiento del movimiento popular griego pasan a primer plano.
Por otro lado, al establecer un plan de ‘rescate’ a medio plazo –tres años- el gobierno garantiza una mínima estabilidad financiera y económica, bajo supervisión europea, así como consigue el compromiso de reestructurar la deuda pública –sin quita- y dar vía libre al ya anunciado Plan Juncker de inversiones (35.000 millones) para estimular la economía productiva griega. Es una pequeña oportunidad, junto con la legitimidad de Syriza y la determinación de la mayoría social.
Además, es oportuna la idea de Tsipras de que ese designio del plan es injusto y ahora le toca aportar a la oligarquía griega. Es un reequilibrio interno necesario.
¿Qué opciones existían? Syriza y la mayoría de la ciudadanía griega (70%), razonablemente, están en contra de la salida del euro. La victoria del NO en el referéndum, a pesar del amedrentamiento y tergiversación del bloque del SI al plan de recortes y la extrema dureza de la nueva propuesta europea, no avalaba ese paso sino todo lo contrario: negociar en mejores condiciones para permanecer en el euro. Los resultados del 62% de apoyo popular han constituido un éxito político y democrático y la mayor legitimación del gobierno. Su conveniencia política y justificación democrática han sido claras. Era (casi) el último cartucho. El problema es que esa victoria política relativa ha sido insuficiente para desbloquear la fuerte determinación del poder establecido europeo, con todas las armas de estrangulación económica a su disposición. Dicho de otra manera. La sensibilidad democrática de las élites poderosas está bajo mínimos, ha quedado patente su extremada crueldad y autoritarismo, pero la dependencia y la fragilidad económica de Grecia es muy grande.
La salida voluntaria del euro no era la mejor opción, ni la menos mala. Sin una base industrial propia y con la necesidad de importar todo tipo de productos, incluido alimenticios o farmacéuticos, y con una gran deuda acumulada (en euros) y la debilidad fiscal y bancaria, la salida del euro podía provocar no solo un gran empeoramiento inmediato de las condiciones socioeconómicas de la población, sino imposibilitar su desarrollo, al menos, para toda una generación. Todo ello es responsabilidad de la incapacidad modernizadora de las élites económicas y políticas griegas, durante las décadas pasadas, pero es una realidad incuestionable. Además, una salida no pactada de euro, con impago de la deuda pública, acrecentaba el aislamiento internacional y la legitimidad del poder financiero e institucional para arrinconar al pueblo griego. No son asimilables otras experiencias históricas de otros países y épocas.  Por tanto, no había condiciones políticas y económicas para hacer viable la salida del euro y la capacidad de amenaza por las consecuencias negativas para la eurozona (que ya había construido cortafuegos) tenían poca credibilidad. Ese sacrificio cierto no era razonable adoptarlo.
La determinación de la mayoría de un pueblo expresada en las urnas ha asestado un duro golpe a la credibilidad social del Consejo Europeo pero, de forma inmediata, esa expresión democrática ha sido incapaz de impedir las medidas de austeridad. Es más, la deslegitimación social y política de su propuesta regresiva y el desafío cívico y democrático que ha supuesto al poder liberal-conservador y sus colaboradores socialdemócratas, han acrecentado la determinación del bloque de poder representado por Merkel de taponar ese agujero de disidencia y resistencia. Ha tratado de neutralizar el instrumento institucional de la mayoría social griega e infringirle un castigo, suficientemente duro y claro, para frenar el descontento popular con la austeridad y la prepotencia de la nueva troika. Su objetivo también ha sido disciplinar a los socios algo remisos como Francia e Italia, asimilar a la socialdemocracia –evidente en el caso del SPD como alumno aventajado-  y, sobre todo, impedir el desarrollo de las posibilidades de cambio político en España, como siguiente eslabón importante.
La mayoría del pueblo griego rechazó las duras condiciones exigidas por el Eurogrupo, a pesar de su campaña insidiosa y prepotente, la imposición del ‘corralito’ y la amenaza de colapso financiero. El referéndum ha sido un ejercicio democrático que ha soliviantado a las élites europeas, poco acostumbradas a tener en cuenta la voluntad popular frente a la austeridad. Ha permitido una mayor legitimidad del gobierno de Syriza y una mayor cohesión de la mayoría de la sociedad griega. Y ha hecho más difícil el cumplimiento del programa máximo del poder establecido comandado Merkel. Les ha irritado el no poder deslegitimar socialmente a Syriza y forzar su recambio en el poder institucional. Pero vuelven a intentarlo, y en condiciones de repliegue son fundamentales la lucidez y la cohesión social y política.
La peor opción para el pueblo griego era rendirse y dejarse arrastrar fuera del euro, sometiéndose a una reestructuración económica implacable y un aislamiento político total. Para la mayoría social queda un futuro duro e injusto. Frente a los voceros del establishment ni siquiera está garantizada la superación a medio plazo de la subordinación y la dependencia económica. El bloque de poder liberal conservador está imponiendo un diseño de gestión de la crisis autoritario y antisocial. La Europa alemana esconde la prepotencia y la voracidad de los poderosos respecto de las capas populares.
La alternativa emancipadora es la derrota de la austeridad, el desplazamiento de las derechas, la defensa de los derechos sociales y laborales y el reequilibrio institucional hacia las fuerzas alternativas y de izquierda. El horizonte es una Europa más social, democrática, solidaria e integrada. Las fuerzas progresistas europeas, particularmente del sur, tenemos una deuda con el pueblo griego y su gobierno. Las élites poderosas han escarmentado en su cabeza la venganza por la indignación y la resistencia que en distintos países se ha generado contra la austeridad y por la democracia. Particularmente, tratan de atemorizar al pueblo español sobre las expectativas de un gobierno de progreso donde Podemos y la dinámica de unidad popular tenga un peso o influencia significativo. España, sin tanta fragilidad económica y con un mayor peso social y político, supone un problema mucho más grave que Grecia para el bloque encabezado por Merkel. Junto con Rajoy, uno de los más duros contra Syriza y el pueblo griego, han demostrado su crueldad antipopular y su determinación en bloquear las expectativas de cambio político.
La pugna por los derechos sociales y la democracia va en serio. Es imprescindible la activación democrática de las capas populares del sur de Europa. Dentro de lo malo es mejor el acompañamiento y la solidaridad de los pueblos, también del griego, con un futuro incierto pero con una voluntad unitaria. No se podrán evitar situaciones trágicas y complejas, es necesario el realismo y la estrategia. Pero la opción transformadora también está definida por la cultura clásica griega: ética (igualdad, libertad, justicia), democracia (frente al autoritarismo de las oligarquías), razón (argumentos y convicciones) y épica (resistencia de los débiles frente a los poderosos). Todo ello construyendo un demos europeo solidario.


julio 14, 2015

Varoufakis: “El acuerdo con la UE culmina un golpe de Estado”

“Llevare la repugnancia de los acreedores con orgullo”


He aquí la traducción (quizás  con ciertos involuntarios errores) del artículo publicado este 14 de julio 2015, en su blog, por el ex ministro de finanzas griego Yanis Varoufakis.

En las próximas horas y días, voy a estar sentado en el Parlamento para evaluar la legislación que es parte del reciente acuerdo de la Cumbre del Eurogrupo sobre Grecia. También estoy esperando oír en persona mis camaradas, Alexis Tsipras y Euclides Tsakalotos, que han pasado por momentos muy difíciles en estos últimos días. Hasta entonces, me reservare ni juicio respecto a la legislación que tenemos ante nosotros. Mientras tanto, les comparto algunos primeros pensamientos e impresiones suscitadas por la declaración de la Cumbre del Euro.

Un nuevo tratado de Versalles recorre Europa. Usé esa expresión anteriormente en la primavera de 2010 para describir el primer “rescate”  griego que se estaba preparando en ese momento. Si esa alegoría era pertinente entonces es, por desgracia, demasiada valida ahora.

Nunca antes la Unión Europea tomó una decisión que socava de manera tan fundamental el proyecto de integración europea. Los líderes de Europa, en la forma como trataron Alexis Tsipras y nuestro gobierno, asestaron un golpe decisivo contra el proyecto europeo.

El proyecto de integración europea ha resultado fatalmente herido en estos últimos días. Tal como le expreso con toda razón Paul Krugman, se piense lo que se piense de Syriza o Grecia, no fueron los griegos o Syriza que mataron el sueño de una sociedad europea democrática.

Ya en 1971 el economista de Cambridge Nick Kaldor, había advertido que forjar la unión monetaria antes de una unión política llevaría no sólo a una unión monetaria fallida sino también a la deconstrucción del proyecto político europeo. Más tarde, en 1999, el sociólogo alemán-británico Ralf Dahrendorf también advirtió que la unión económica y monetaria  dividiría Europa en lugar de unirla. Todos estos años espere que estuviesen equivocados. Ahora, los que mandan en Bruselas, Berlín y Frankfurt han conspirado para darles la razón.
La declaración de la Cumbre del Eurogrupo de ayer por la mañana se lee como un documento comprometiendo a Grecia bajo los términos de una rendición. Se entiende como una declaración confirmando que Grecia acepta convertirse en vasallo del Eurogrupo.

La declaración de ayer de la Cumbre del Eurogrupo no tiene nada que ver con la economía, ni con ninguna preocupación por un programa de reformas capaces de levantar a Grecia de su postración. Es simple y llanamente la manifestación de una activa política de humillación. Incluso si uno detesta nuestro gobierno puede darse cuenta que la lista de las demandas del Eurogrupo representa una importante negación de la decencia y la razón.

La declaración de la Cumbre del Eurogrupo de ayer por la mañana marca una total anulación de la soberanía nacional, sin poner en su lugar un supranacional y paneuropeo, cuerpo político soberano. Los europeos, incluso los que no les importa un comino la suerte de Grecia, deben tener cuidado.

Gran parte de los medios dedican sus espacios en preguntarse si los términos de la rendición serán aprobados por el Parlamento griego, y en particular si los diputados, como yo, se plegaran a la línea votando a favor de esta relevante legislación. No creo que esta sea la más interesante de las preguntas. La pregunta crucial es: ¿Tiene la economía griega alguna posibilidad de recuperarse bajo estas condiciones? Esta es la pregunta que me va a preocupar durante las sesiones parlamentarias que seguirán en las próximas horas y días. La mayor preocupación es que incluso una total sumisión de nuestra parte a este programa dará lugar a la profundización de una crisis que nunca terminara.


De hecho, la reciente Cumbre del Eurogrupo no es nada menos que la culminación de un golpe de Estado. En 1967 fueron los tanques que potencias extranjeras utilizaron para derrocar la democracia griega. En mi entrevista con Philip Adams, de ABC Radio Nacional, afirmé que en 2015 otro golpe de estado fue escenificado por potencias extranjeras utilizando, en lugar de tanques, los bancos de Grecia. Tal vez la principal diferencia económica es que, mientras que en 1967 las propiedades públicas de Grecia no fueron atacadas, en 2015 los poderes detrás del golpe de Estado exigieron la entrega de todos los bienes públicos que quedan, para ser puestos al servicio de nuestra insostenible e impagable deuda.



julio 13, 2015

DE PROFUNDIS... la sonrisa del verdugo.


A continuación, uno poco más adelante, un artículo del Premio Nobel de Economía Paul Krugman, publicado en la prensa después de la última ronda de negociaciones entre el Eurogrupo y las autoridades griegas, pero visiblemente redactado antes de conocerse el desastroso resultado de esta.

Según Krugman… desastroso para la Unión Europea… quizás (aunque tengo serias dudas al respecto)… pero con toda seguridad desastroso para Grecia y la inmensa mayoría de los griegos… que se ven impuestos unos “ajustes” muchísimo más severos que los que, apenas unos cuantos días antes, una gran mayoría de estos desaprobo en las urnas.

Una vez más cabe preguntarse.
¿De qué sirven las votaciones, llamar al pueblo a expresarse supuestamente democraticamente… cuando se sabe de antemano que, sea cual sea el resultado expresado en las urnas… este no tendrá ningún valor, carecerá de más mínima fuerza… ante la voluntad de los poderes económicos y financieros multinacionales y multilaterales que de facto gobiernan?


Al ver, en la fotografía que ilustra el principio de esta entrada, la sonrisa del verdugo Merkel satisfecho de haber cercenado de un golpe, ni tan limpio pero finalmente certero, la cabeza de millones de griegos… me da una tremenda gana… no de llorar… sino de ajusticiarla… apretarle el cuello, hasta que, no solo desaparezca esta sonrisa de su rostro, sino que este se ponga violáceo… y deje para siempre este mundo… que cree ser suyo. 

Tsipras conversando con Krugman

Matar el proyecto europeo
Ser un miembro de la zona euro significa que los acreedores pueden destruir su economía si se sale del redil.



Supongamos que consideras a Tsipras un imbécil incompetente. Supongamos que quieres ver a Syriza fuera del poder a toda costa. Supongamos que, incluso, ves con buenos ojos la idea de empujar a esos griegos molestos fuera del euro.
Incluso si todo eso fuera cierto, esta lista de exigencias del Eurogrupoes una locura. La etiqueta de Twitter ThisIsACoup es exactamente correcta. Esto va más allá de la venganza pura, la destrucción completa de la soberanía nacional y la falta de esperanza de alivio. Probablemente pretende ser una oferta que Grecia no pueda aceptar; pero aun así, es una traición grotesca de todo lo que el proyecto europeo se suponía que representa.
¿Puede algo sacar a Europa del borde del abismo? Se dice que Mario Draghi está tratando de volver a introducir un poco de cordura, que Hollande está finalmente retrocediendo un poco frente a la economía de la moralidad alemana que fracasó tan rotundamente en el pasado. Pero gran parte del daño ya está hecho. ¿Quién va a volver a confiar en las buenas intenciones de Alemania después de esto?
En cierto modo, la economía casi se ha convertido en secundaria. Pero aun así, seamos claros: lo que hemos aprendido estas últimas semanas es que ser un miembro de la zona euro significa que los acreedores pueden destruir su economía si se sale del redil. Esto no tiene nada que ver con la economía subyacente de la austeridad. Es tan cierto como siempre que la imposición de duras medidas de austeridad y sin alivio de la deuda es una política condenada al fracaso sin importar lo dispuesto que esté el país a aceptar el sufrimiento. Y esto a su vez significa que incluso una capitulación completa de Grecia sería un callejón sin salida.
¿Puede Grecia lograr una salida exitosa? ¿Intentará Alemania bloquear una recuperación? (Lo siento, pero ese es el tipo de cosas que ahora debemos preguntar.)
El proyecto europeo (un proyecto que siempre he alabado y apoyado) simplemente ha sufrido un golpe terrible, tal vez fatal. Y piense lo que piense de Syriza, o Grecia, no fueron los griegos los que lo han dado.
Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton y Premio Nobel de Economía de 2008.


julio 12, 2015

GRECIA: una fotografía dice más que mil palabras.


Fíjense en la expresión corporal de los dos personajes principales de esta fotografía.

La señora Lagarde, directora del FMI…  de pie, la mirada severa, reprobatoria, inflexible, ¿sería exagerado decir, asesina? clavada sobre el señor sentado delante de ella.
                         
El señor Tsakalotos, ministro de finanzas del gobierno griego… sentado, la mirada perdida y profundamente triste, que se sabe engañado, vituperado, vencido… humillado por la señora cuya mirada siente sobre su nuca.

La vencedora... y el vencido. 
La que manda... y el que no puede hacer mas que obedecer. 
La que, segura de sí, sabe detener el poder, incondicionalmente apoyada por sus semejantes cuyos intereses defiende... y el que no puede hacer más que someterse y sabe estar traicionando a quienes supuestamente sirve y depositaron su confianza en él.



                                            

METÁFORA TAURINA GRIEGA


En el quinto encierro de las Fiestas de San Fermín de Pamplona, se produjo, por primera vez en la historia del evento este insólito hecho que reportan los medios de comunicación: “Solo cinco toros han completado el recorrido porque el sexto, de nombre Curioso I, un cárdeno oscuro, de 535 kilos y de cornamenta playera, se ha dado la vuelta nada más empezar el recorrido. Cien metros de después de iniciar la cuesta de Santo Domingo, ha abandonado a sus hermanos y ha hecho el camino de vuelta a los corrales en un gesto sin precedentes. Posteriormente, ha sido trasladado a los corrales del Gas y, de ahí, ha sido llevado en un camión a la plaza de toros.”
El toro de la foto que abre esta entrada es “Curioso I”, después de haberse dado la vuelta y regresado al corral.
                                           
Después de haberlo leído… se me ocurrió que este texto era una casi perfecta metáfora para describir lo que ha pasado en Grecia desde el referéndum hasta que el gobierno de Tsipras cedió vergonzosamente este viernes 10 de julio a las exigencias de la Troika.

Basta que sustituyan al toro “Curioso I” por "pueblo griego".

El día del referéndum, tal como lo hizo Curioso I, el pueblo griego se rehusó a seguir por el camino trazado por los acreedores y se regreso al corral con un estruendoso OXI.
Pero… si en un caso, los organizadores de la “fiesta” no se dieron por aludidos, y  subieron al toro… con engaño y a la fuerza…  a un camión para trasladarlo de nuevo hasta la plaza donde se le lidiara y matara… en el otro, contra su voluntad, el pueblo griego, por obra de sus líderes, fue trasladado a las mesas de negociación donde, cualquiera que sea el resultado de las mismas, se le condenara a muerte… no sin antes, castigarlo, hundiéndole la pica y clavándole las banderillas.

Con la enorme diferencia, que si el toro fue llevado a la arena mediante el engaño y el uso de la fuerza… para el pueblo griego no se requirió de la fuerza… basto el engaño de sus pretendidos “representantes”… que lo llamaron a pronunciar un rotundo OXI contra una política de austeridad… para unas cuantas horas después, aceptar mensamente esta misma política a la cual el pueblo se había rotundamente opuesto unas cuantas horas antes.


Decididamente… como siempre ocurre… el “pueblo” puede contar con la traición de sus “lideres” para ser llevado a la arena donde lo sacrificaran… a los intereses  de quienes ejercen la real dominación… es decir detentan el poder… de alabar…  satisfacer… premiar… engañar… castigar… humillar… mortificar… silenciar… matar.


Al toro “Curioso I” lo llevaron a su muerte, sin que este lo supiera, vendiendo sin embargo su vida luchando hasta su último aliento… al pueblo griego lo llevaron a la arena… a pesar de haberse rotundamente negado, engañado, traicionado, por quienes le habían pedido expresar su oposición a una política mortífera… inerme, condenado de antemano, sin posibilidad alguna de dar la pelea.

Posdata: lástima que no encontré ninguna foto de la señora Merkel y compañía vestida y vestidos de matadores… y del señor Tsipras y sus ayudantes, vestidos de “mozos de espada.”

« Pierre Joseph Proudhon et Ses Enfants » pintado en 1853 por Gustave Courbet


Creo que además esta metáfora nos lleva (por lo menos a mí) a recordar la célebre… y siempre vigente… diatriba del anarquista PIERRE JOSEPH PROUDHON (1809/1895)… que dice:

“Ser gobernado significa ser observado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, regulado, inscrito, adoctrinado, sermoneado, controlado, medido, sopesado, censurado e instruido por hombres que no tienen el derecho, los conocimientos, ni la virtud necesarios para ello. Ser gobernado significa, con motivo de cada operación, transacción o movimiento, ser anotado, registrado, controlado, grabado, sellado, medido, evaluado, sopesado, apuntado, patentado, autorizado, licenciado, aprobado, aumentado, obstaculizado, reformado, reprendido y detenido.
Es, con el pretexto del interés general, ser abrumado, disciplinado, puesto en rescate, explotado, monopolizado, extorsionado, oprimido, falseado y desvalijado, para ser luego, al menor movimiento de resistencia, a la menor palabra de protesta: reprimido, multado, objeto de abusos, hostigado, seguido, intimidado a voces, golpeado, desarmado, estrangulado por el garrote, encarcelado, fusilado, juzgado, condenado, deportado, flagelado, vendido, traicionado y por último, sometido a escarnio, ridiculizado, insultado y deshonrado.
¡Eso es el gobierno, esa es su justicia, esa es su moral!”      


     

julio 06, 2015

EL EFECTO OXI


¡¡Que semblante!!


Siempre pretendí que la palabra NO era de las más bellas… difícil de atreverse a pronunciar… y mas difícil aun, sostener.

Este, para siempre imborrable OXI griego (pase lo que pase, sean cuales sean las consecuencias) fue una lección de  democracia y dignidad frente al terrorismo (atinadamente calificado como tal por el dimitido ministro de finanzas griego Varoufakis) de los indignos políticos y la desalmada burocracia de instituciones supranacionales ilegitimas (¿elegidas por quien?), representantes de los intereses de la alta finanza que pretendía (y seguirá pretendiendo) deshacerse de la piedra en su zapato que era (y espero que seguirá siendo… a la vez que cunda el ejemplo) el gobierno griego de Syriza encabezado por Tsipras.



julio 02, 2015

NO RESCATAR GRECIA... sino doblegarla... castigarla... aplastarla... IMPEDIR QUE SE PROPAGUE LA HEREJÍA.


Por mi deficiente estado de salud y “malestar existencial”, me resulta difícil concentrarme para llevar a cabo una reflexión personal, que valga la pena, sobre lo que está realmente pasando en Grecia… su fingido intento de rescate por parte de la Troika… que no es más que el instrumento de su sometimiento incondicional a las políticas neoliberales de austeridad ideadas por esta misma Troika… tratándose de imponer un severo y definitivo castigo al gobierno griego, con el objetivo de desalentar todo intento, por inicuo que parezca, de cualquier futuro enfrentamiento de otros posibles gobiernos (o cualquier organización institucional o civil) contra esta política.

Simplemente se trata de matar a la serpiente en el huevo mismo, impedir que se propague la herejía.

Por lo que, de momento, me contentare de reproducir cuatro artículos… que se asemejan mucho a mi propia opinión al respecto.


Ahí les van:



Juan Torres Lopez
Después de contemplar lo que viene ocurriendo entre Grecia y la Troika en los últimos años, y especialmente desde que gobierna Syriza, hay que ser muy ingenuo para pensar que el desacuerdo actual es una fase de un debate económico honesto, es decir, de una negociación sobre la conveniencia de tomar unas medidas u otras para mejorar la situación de la economía griega y de la europea en general. Y, por supuesto, para creer, como nos dicen, que lo que se plantea es que un país, en este caso Grecia, haga efectivos sus compromisos y pague sus deudas. Si esa fuese la cuestión, Alemania (que es la potencia europea que más deudas ha dejado de pagar en el último siglo y a quien más se le han perdonado) comenzaría a saldar las muy cuantiosas que tiene con Grecia desde la última guerra mundial, por ejemplo.
Los hechos son elocuentes:                                                             
– La quiebra de Grecia vino producida por la aplicación de políticas neoliberales en los últimos decenios y por la complicidad de las autoridades europeas y de los grandes bancos internacionales con sus gobiernos corruptos y con las élites que se beneficiaron del expolio de lo público y de una fiscalidad poco progresiva. Sin embargo, estas mismas autoridades y estos bancos se empeñan en resolver el daño de esas políticas reforzando su aplicación. Un contrasentido que solo puede tener los efectos desastrosos que ha tenido hasta que llegó al gobierno Syriza y que son bien conocidos.
– Es una barbaridad que se preste dinero a alguien que está quebrado. Sin embargo, cuando Grecia estaba quebrada como consecuencia de lo que acabo de señalar, la Troika le obligó a solicitar préstamos que se sabía que, lógicamente, no iba a poder pagar. Otro contrasentido que solo puede explicarse porque dar crédito es el negocio de la banca internacional y porque esa era la manera de salvar a los bancos europeos que irresponsablemente habían financiado las políticas corruptas de los anteriores gobiernos griegos en connivencia con la banca internacional que auditaba y respaldaba el engaño.
– Cuando se reconoció la quiebra de Grecia el problema podría haber tenido una solución relativamente poco costosa y apenas incruenta socialmente. Su deuda era, por ejemplo, unas tres veces menor al dinero que los gobiernos francés y alemán dieron generosamente para salvar a sus bancos. Sin embargo, como he dicho, se aprovechó la situación para obligarla a suscribir nuevos préstamos con tipos de interés cada vez más altos gracias a la manipulación de los mercados por los propios prestamistas.
– Las políticas de austeridad (de falsa austeridad, como señalaré enseguida) han fracasado completamente. No han permitido alcanzar ni uno solo de los objetivos que la Troika decía que iban a cumplir. Han provocado una caída de casi el 30% en la actividad económica y en los ingresos, y la deuda (que se supone que era lo que iban a resolver) ha aumentado considerablemente. Ninguna, exactamente ninguna de las previsiones de la Troika al imponer estas políticas se ha cumplido.
– También son evidentes las pruebas de que esas políticas no han buscado la austeridad y soportar menos gastos sustanciales, como decían:
Se podría haber financiado a Grecia sin intereses (o con intereses irrelevantes), tal y como se viene haciendo con la banca privada para salvarla de su irresponsabilidad. Actualmente, Grecia paga alrededor del 12% de su deuda pública en intereses frente al 0,56% de Alemania y eso no se debe, como también se quiere hacer creer, a la mala situación económica griega, sino a que se renunció a que el banco central financie a los gobiernos para que hagan negocio con ello los bancos comerciales creando dinero de la nada (han llegado a cobrar a Grecia un 35% de interés por un dinero que obtenían prácticamente sin coste alguno).
Se podrían haber paralizado los gastos militares griegos pero no se ha hecho porque son una fuente de ingresos para Alemania y Francia.
Ningún acreedor en su sano juicio impone a su deudor una estrategia que le impida generar más ingresos sino que procura que los genere en la mayor cuantía posible para que así pueda ir pagándole la deuda. La Troika, sin embargo, se empeña día tras día en imponer políticas que destruyen la capacidad de crear ingresos en la economía griega (las medidas recesivas que ha vuelto a imponer para llegar a acuerdos y que el gobierno griego ha rechazado con toda razón y sensatez). Como diré enseguida, no se busca en realidad que Grecia genere ingresos y pague (como quiere el gobierno de Syriza), sino que se someta y que se traspasen cada vez más recursos y poder al sector privado ya de por sí más poderoso, lo que en lugar de salvar a la economía griega la empeorará aún más, como antaño cuando se hizo exactamente eso.
– No se puede aportar evidencia empírica y científica alguna para probar que las políticas de privatizaciones, de recortes y de destrucción de instituciones que impone la Troika sean eficaces para generar eficiencia, más ingresos y mejor condición económica. En ningún país en donde se han aplicado las medidas de austeridad que propone la Troika se han conseguido los efectos que dicen que van a conseguir para tratar de convencer a la población. Así lo demuestra claramente el libro de Mark Blyth Austeridad. Historia de una idea peligrosa.
– Las políticas impuestas por la Troika solo se han dirigido a facilitar que los grupos económicos y la población de mayor renta se apropien de cada vez más ingreso y patrimonio. Un reciente informe (Greece: solidarity and adjustment in times of crisis) lo deja bien claro: los ingresos salariales han caído un 27% entre 2009 y 2014, los impuestos han subido en un 337% para los grupos de menor ingreso y menos del 10% para los más elevados, y el 10% de la población más pobre ha perdido el 82% de sus ingreso desde 2008. Otros muchos estudios han mostrado que las políticas de la Troika han hecho que Grecia sea el país europeo en donde más han aumentado el riesgo de pobreza y la exclusión social y que el traspaso patrimonial desde los más pobres y desde el Estado a los más ricos ha sido ingente.
– Como han dicho reiteradamente, las autoridades griegas no se oponen a pagar las deudas sino a que se cierren las fuentes de ingresos que permiten pagarlas y mantener condiciones de vida digna de su población. Y tampoco se han negado, ni siquiera, a realizar reformas en la línea impuesta por sus acreedores, a pesar de estar en contra de sus deseos y compromisos electorales.
– La única mejora que se ha producido en la economía griega fue tras la reestructuración de la deuda, que es lo que principalmente reclama el gobierno griego. Y diversos informes han mostrado que hay otras vías distintas para generar ingresos que permitan que Grecia salga adelante, a diferencia de lo que viene ocurriendo con las que ha impuesto hasta ahora la Troika (ver mi artículo Grecia y Syriza frente a una Europa en evidencia).
Es indiscutible que la Troika no ha logrado mejorar la economía griega con sus medidas y ni siquiera que los acreedores tengan más oportunidades de cobrar (en realidad, éstos han prestado con tantos intereses que tienen casi seguridad total de cobrar el principal por muy mal que se pongan las cosas).
¿Por qué, entonces, las autoridades europeas se empeñan en cerrar cualquier salida al gobierno griego?
La razón es sencilla: no se trata de huevo sino del fuero. Es decir, lo que persigue la Troika, con la señora Merkel a la cabeza rememorando lo que los aliados hicieron en el siglo pasado a su país, es mantener la primacía de sus políticas y de los intereses que defienden. Lo que buscan es evitar cualquier disidencia porque no pueden permitir que se manifieste ningún tipo de hendidura, por pequeña que sea, por donde entre una nueva manera de poner en marcha el proyecto europeo o de salvar a los pueblos.
Por eso, la única manera de luchar contra la dictadura de la Troika y de las autoridades europeas es con democracia (a la que temen como al diablo) y poner en frente de sus designios la voz nítida e indiscutible de los pueblos. El gobierno griego ha hecho bien convocando el referéndum. Ahora, las autoridades europeas deben retratarse: o están con los pueblos o contra ellos.


Vicente Clavero
Los poderes financieros, con sus monaguillos de la Troika a la cabeza, estaban empeñados en poner de rodillas a Grecia, aprovechando que la tienen cogida por los huevos. Y a ello se han entregado los representantes del FMI, del BCE y de la Unión Europea en las negociaciones celebradas durante la última semana en Bruselas. Con independencia del resultado final, el espectáculo ha sido tan bochornoso que sólo se entiende si obedece a un implacable guión urdido con el único fin de recordar a todo el mundo quién tiene por el mango la sartén del dinero.
Les voy a dar un dato que refleja a las claras la crueldad de las posturas mantenidas por los dirigentes políticos y económicos que han hecho alarde de fuerza en la capital belga. Hay once millones de griegos, de los que una cuarta parte aproximadamente son jubilados y en muchos casos sostienen con su pensión a toda la familia, como por cierto ocurre también en España. De ellos, la mitad (un millón y pico) cobran menos de 665 euros mensuales, después de las rebajas introducidas a lo largo de la crisis por los sucesivos gobiernos, so pretexto de hacer frente a los pagos derivados de su elevada deuda.
Pues bien, aunque esos 665 euros colocan a sus perceptores por debajo del umbral de la pobreza, la Troika (que sigue existiendo, aunque no se la llame así) ha exigido al presidente griego nuevos recortes en las pensiones. Ni siquiera ha aceptado en su lugar una subida de impuestos que habría permitido repartir los esfuerzos de una forma más equitativa. La Troika quería meter la tijera en uno de los componentes más sensibles del gasto social (como si el hachazo del 45% que se han llevado ya las pensiones no fuera suficiente) y, de paso, cargarse una de las grandes promesas electorales de Alexis Tsipras.
Socavar al líder de Syriza ha sido objetivo prioritario de los poderes financieros internacionales y de sus acólitos desde la victoria electoral que cosechó en las urnas el pasado mes de enero con un programa que nada tenía que ver con la resignación de los anteriores gobiernos griegos. Unos gobiernos, dicho sea de paso, que, precisamente por ello, nunca fueron víctimas del impertinente desdén con que ha sido tratado otro igual de legítimo como el que preside Tsipras, al que no le perdonan su deseo de que se respete la pisoteada dignidad nacional de Grecia, ni la actitud desafiante de la que hizo gala desde el primer momento Yanis Varoufakis, su desacomplejado ministro de Hacienda.
¿Y tan crucial es para esos poderes financieros que un país pequeño y maltrecho doble la rodilla? Pues claro que lo es, pero no en sí mismo, sino por el efecto contagio que un exitoso cambio de política podría tener en otros con mayor peso, como España, donde ha emergido una fuerza con el potencial de Podemos. De ahí que la Troika haya hecho todo lo posible para que Tsipras  sude sangre en las negociaciones parar evitar su bancarrota. Al fin y al cabo (no nos engañemos) esto no es más que la historia de un escarmiento.


Obligar a Grecia a ceder
Joseph E Stiglitz

Las rencillas actuales en Europa pueden parecer el desenlace inevitable del amargo enfrentamiento entre Grecia y sus acreedores. En realidad, los dirigentes europeos están empezando a mostrar verdaderamente por qué se pelean: por el poder y la democracia, mucho más que por el dinero y la economía. Los resultados económicos del programa que la troika impuso a Grecia hace cinco años han sido terribles, con un descenso del 25% del PIB nacional. La tasa de desempleo juvenil alcanza ya el 60%. No se me ocurre ninguna otra depresión en la historia que haya sido tan deliberada y haya tenido consecuencias tan catastróficas.
Sorprende que la troika se niegue a asumir la responsabilidad de todo eso y no reconozca que sus previsiones y modelos estaban equivocados. Pero todavía sorprende ver más que los líderes europeos no han aprendido nada. La troika sigue exigiendo a Grecia que alcance un superávit presupuestario primario del 3,5% del PIB en 2018. Economistas de todo el mundo han dicho que ese objetivo es punitivo, porque los esfuerzos para lograrlo producirán sin remedio una crisis aún más profunda. Es más, aunque se reestructure la deuda griega hasta extremos inimaginables, el país seguirá sumido en la depresión si sus ciudadanos votan a favor de las propuestas de la troika en el referéndum convocado para este fin de semana.
En la tarea de transformar un déficit primario inmenso en un superávit, pocos países han conseguido tanto como Grecia en estos últimos cinco años. Y aunque los sacrificios han sido inmensos, la última oferta del Gobierno era un gran paso hacia el cumplimiento de las demandas de los acreedores. Hay que aclarar que casi nada de la enorme cantidad de dinero prestada a Grecia ha ido a parar allí. Ha servido para pagar a los acreedores privados, incluidos los bancos alemanes y franceses. Grecia no ha recibido más que una miseria, y se ha sacrificado para proteger los sistemas bancarios de esos países. El FMI y los demás acreedores no necesitan el dinero que reclaman. En circunstancias normales, lo más probable es que volvieran a prestar ese dinero recibido a Grecia.
Pero repito que lo importante no es el dinero, sino obligar a Grecia a ceder y aceptar lo inaceptable: no solo las medidas de austeridad, sino otras políticas regresivas y punitivas. ¿Por qué hace eso Europa? ¿Por qué los líderes de la UE se oponen al referéndum y se niegan a prorrogar unos días el plazo para que Grecia pague al FMI? ¿Acaso la base de Europa no es la democracia?
En enero, los griegos eligieron un Gobierno que se compremetió a terminar con la austeridad. Si Tsipras se limitara a cumplir sus promesas, ya habría rechazado la propuesta. Pero quería dar a los griegos la posibilidad de opinar sobre una cuestión tan crucial para el futuro bienestar del país. Esa preocupación por la legitimidad popular es incompatible con la política de la eurozona, que nunca ha sido un proyecto muy democrático. Los Gobiernos miembros no pidieron permiso a sus ciudadanos para entregar su soberanía monetaria al BCE; solo lo hizo Suecia, y los suecos dijeron no. Comprendieron que, si la política monetaria estaba en manos de un banco central obsesionado con la inflación, el desempleo aumentaría.
Lo que estamos presenciando ahora es la antítesis de la democracia. Muchos dirigentes europeos desean que caiga el gabinete de izquierdas de Alexis Tsipras, porque resulta muy incómodo que en Grecia haya un Gobierno contrario a las políticas que han contribuido al aumento de las desigualdades en los países avanzados y decidido a controlar el poder de la riqueza. Y creen que pueden acabar con él obligándole a aceptar un acuerdo contradictorio con su mandato.
Es difícil aconsejar a los griegos qué votar. Ninguna alternativa será fácil, y ambas son arriesgadas. Un  significaría una depresión casi interminable. Quizá un país agotado y empobrecido pueda obtener, por fin, el perdón de la deuda; quizá entonces pueda recibir ayuda del Banco Mundial, en esta década o la siguiente. En cambio, el nopodría permitir que Grecia, con su sólida tradición democrática, se haga cargo de su destino. Entonces los griegos podrían tener la oportunidad de construir un futuro, aunque no tan próspero como el pasado, sí mucho más esperanzador que el inadmisible tormento actual.
Yo sé lo que yo votaría.
Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía, es profesor universitario en la Universidad de Columbia.



Grecia, al borde
Paul Krugman
                                                                                                 
Es evidente, desde hace tiempo, que la creación del euro fue un terrible error. Europa nunca tuvo las condiciones previas para una moneda única de éxito, por encima de todo, el tipo de unión fiscal y bancaria que, por ejemplo, asegura que cuando la burbuja inmobiliaria estalla en Florida, Washington protege automáticamente a la tercera edad de cualquier amenaza sobre su atención sanitaria o sobre sus depósitos bancarios.
Abandonar una unión monetaria es, sin embargo, una decisión mucho más difícil y más aterradora que nunca; hasta ahora las economías con más problemas del Continente han dado un paso atrás cuando se encontraban al borde del abismo. Una y otra vez, los Gobiernos se han sometido a las exigencias de dura austeridad de los acreedores, mientras que el Banco Central Europeo ha logrado contener el pánico en los mercados.
Lo que hemos oído sobre el despilfarro y la irresponsabilidad griega es falso
Pero la situación en Grecia ha alcanzado lo que parece ser un punto de no retorno. Los bancos están cerrados temporalmente y el Gobierno ha impuesto controles de capital (límites al movimiento de fondos al extranjero). Parece altamente probable que el Ejecutivo pronto tendrá que empezar a pagar las pensiones y los salarios en papel, lo que, en la práctica, crearía una moneda paralela. Y la semana que viene el país va a celebrar un referéndum sobre la conveniencia de aceptar las exigencias de la troika —las instituciones que representan los intereses de los acreedores— de redoblar, aún más, la austeridad.
Grecia debe votar "no", y su Gobierno debe estar listo para, si es necesario, abandonar el euro.
Para entender por qué digo esto, debemos primero ser conscientes de que la mayoría de cosas —no todas, pero sí la mayoría— que hemos oído sobre el despilfarro y la irresponsabilidad griega son falsas. Sí, el gobierno griego estaba gastando más allá de sus posibilidades a finales de la década de los 2000. Pero, desde entonces ha recortado repetidamente el gasto público y ha aumentado la recaudación fiscal. El empleo público ha caído más de un 25 por ciento, y las pensiones (que eran, ciertamente, demasiado generosas) se han reducido drásticamente. Todas las medidas han sido, en suma, más que suficientes para eliminar el déficit original y convertirlo en un amplio superávit.
¿Por qué no ha ocurrido esto? Porque la economía griega se ha desplomado, en gran parte, como consecuencia directa de estas importantes medidas de austeridad, que han hundido la recaudación.
Y este colapso, a su vez, tuvo mucho que ver con el euro, que atrapó a la economía griega en una camisa de fuerza. Por lo general, los casos de éxito de las políticas austeridad —aquellos en los que los países logran frenar su déficit fiscal sin caer en la depresión—, llevan aparejadas importantes devaluaciones monetarias que hacen que sus exportaciones sean más competitivas. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, en Canadá en la década de los noventa, y más recientemente en Islandia. Pero Grecia, sin divisa propia, no tenía esa opción.
¿Quiero decir con esto que sería conveniente el Grexit —la salida de Grecia del euro—? No necesariamente. El problema del Grexit ha sido siempre el riesgo de caos financiero, de un sistema bancario bloqueado por las retiradas presa del pánico y de un sector privado obstaculizado tanto por los problemas bancarios como por la incertidumbre sobre el estatus legal de las deudas. Es por eso que los sucesivos gobiernos griegos se han adherido a las exigencias de austeridad, y por lo que incluso Syriza , la coalición de izquierda en el poder, estaba dispuesta a aceptar una austeridad que ya había sido impuesta. Lo único que pedía era evitar una dosis mayor de austeridad.
Pero la troika ha rechazado esta opción. Es fácil perderse en los detalles, pero ahora el punto clave es que los acreedores han ofrecido a Grecia un "tómalo o déjalo", una oferta indistinguible de las políticas de los últimos cinco años.
Esta oferta estaba y está destinada a ser rechazada por el primer ministro griego, Alexis Tsipras: no puede aceptarla porque supondría la destrucción de su razón política de ser. Por tanto, su objetivo debe ser llevarle a abandonar su cargo, algo que probablemente sucederá si los votantes griegos tanto la confrontación con la troika como para votar sí la semana que viene.
Pero no deben hacerlo por tres razones. En primer lugar, ahora sabemos que la austeridad cada vez más dura es un callejón sin salida: tras cinco años, Grecia está en peor situación que nunca. En segundo lugar, prácticamente todo el caos temido sobre Grexit ya ha sucedido. Con los bancos cerrados y los controles de capital impuestos, no hay mucho más daño que hacer.
Por último, la adhesión al ultimátum de la troika conllevaría el abandono definitivo de cualquier pretensión de independencia de Grecia. No nos dejemos engañar por aquellos que afirman que los funcionarios de la troika son sólo técnicos que explican a los griegos ignorantes lo que debe hacerse. Estos supuestos tecnócratas son, en realidad, fantaseadores que han hecho caso omiso de todos los principios de la macroeconomía, y que se han equivocado en cada paso dado. No es una cuestión de análisis; es una cuestión de poder: el poder de los acreedores para tirar del enchufe de la economía griega, que persistirá mientras salida del euro se considere impensable.
Así que es hora de poner fin a este inimaginable. De lo contrario Grecia se enfrentará a la austeridad infinita y a una depresión de la que no hay pistas sobre su final.
Paul Krugman recibió el premio Nobel de Economía en 2008.