octubre 23, 2017

CONTROLADO, EN ESPERA DE MI EXTINCIÓN.


Esta mañana, repentinamente, tuve la sensación, de hecho, la total certeza, de que mi ser actual (no mi persona en tanto que cuerpo y mente viviendo mi presencia/ausencia al mundo, que hago o no mío, sino en tanto que ínfima partícula de la humanidad toda ocupando un cierto espacio/tiempo del universo) estaba sometido a un tan riguroso control, que este me condenaba a mi próxima desaparición.
La certeza de que el extremo control que, al igual que tantos otros, padezco en cada instante de mi vida, mediante la tecnología y la cultura desparramada por la Silicon Valley (*), hace de mi persona un ser que pertenece a una especie en vía de extinción.

Mientras esto suceda… unos antes otros más tarde, unos sabiéndolo, otros sospechándolo y la mayoría ignorándolo, todos -cada uno- dejaremos de ser (si es que alguna vez lo fuimos) un “electrón libre” para ser el electrón que gira y gira sin cesar, pero atrapado por la invencible fuerza que lo mantiene prisionero del núcleo atómico al cual pertenece.
Eso sí, convencido de que sigue siendo el centro de su universo, los demás gravitando a su alrededor. La totalidad del “mundo social” girando alrededor de el… cuando, sin saberlo, ya es parte de un mundo en el cual reina a sus anchas la máxima “a cada individuo su mercancía y a cada mercancía su individuo”.
Su existencia como mercancía… a la espera de su programada e ineludible extinción en tanto que ser humano.

La apariencia de lo opcional, la elección, la incitación… la realidad de la obligatoriedad, la normalización, la presion.
La real coerción detrás de la aparente persuasión.
La sustitución del orden disciplinario por el del control… en el cual todo está permitido, pero nada es posible. Todo puede ser refutado, nada subvertido.


(*) Lo que el filósofo francés Eric Sadin nombra como “la siliconisación del mundo” y “la vida algorítmica”, de una “humanidad aumentada” (títulos de tres de sus libros.)





octubre 15, 2017

Desconcertado, pasmado, abrumado… y todos los sinónimos posibles.


Como me siento todavía abrumado por el actual y provisional desenlace de las aspiraciones soberanistas de buena parte de la sociedad catalana… en este momento no me creo capaz de poder escribir texto alguno relacionado con estas situación y temática… quizás dentro de algunos días, cuando los principales actores institucionales (como se extraña la presencia y lamenta la ausencia de los ciudadanos de a pie) hayan definido con mayor claridad su posicionamiento… me permito “prestar” este espacio a dos textos que acabo de leer, y me parecen lo suficientemente inteligente (obviamente, porque se aproxima a mi propia opinión) para ameritar figurar en este blog.

Termino de leer otro artículo, que también me permito reproducir, dado que corresponde a mi indignación por la línea del periódico EL PAIS en relación al “proces catalán”, ya que lo “utilizo” descaradamente, para fomentar el más rancio nacionalismo español, instigando ya no solo el enfrentamiento entre españoles y catalanes, sino el odio entre las dos comunidades… además de apuntalar el statu quo heredado de la Transición y la constitución del 78.




 De vuelta al 78

La crisis catalana ha cerrado la “ventana de oportunidad” que “las fuerzas de cambio” no habían sabido mantener abierta en Madrid

Santiago Alba Rico

El mejor de los casos se ha dejado hace tiempo atrás y probablemente nunca se hubiera dado: me refiero a un referéndum pactado entre la Generalitat y el Estado español. En el peor de los escenarios, que es aquel en el que nos encontramos, lo mejor que podría pasar es que se produjera una desescalada “a la gallega”, a base de preguntas sincopadas, sin saber si hay o no independencia ni si se ha aplicado o no el 155, de ambigüedad en ambigüedad, hasta dejar lo sucedido en una nube mientras se negocia una mala solución --siempre mejor que una guerra-- a instancias de la UE y a espaldas, como siempre, de la voluntad de los ciudadanos, catalanes y españoles. No es seguro que ocurra ni siquiera esto. Hemos visto a Rajoy hacer con el “diálogo” lo mismo que a Puigdemont con la “independencia”, proclamarlo y suspenderlo al mismo tiempo, y los medios de comunicación con más audiencia, como serenamente denunciaba Aitor Esteban en el Parlamento, no dejan de empujar y empujar hacia el pasado: “Hasta la cabra de la Legión huele a libertad”, titulaba El Mundo una crónica sobre el desfile militar del 12 de octubre.

Rajoy ha ganado ya en España. Ha fertilizado la amnesia española con veneno patriotero en el único país de Europa en el que no hace falta ser antifascista para ser demócrata y en el que, aún más, el antifascismo se criminaliza como radicalismo antisistema. Rajoy está logrando construir una mayoría social “española” desde el --hasta ahora-- minoritario discurso ultraderechista, dejando a un lado, invisible e interrumpido, el proceso de cambio que se inició el 15-M. Ha recuperado al díscolo Pedro Sánchez y su PSOE “de izquierdas”, de vuelta al redil del régimen, para una previsible restauración consensuada y sin resistencias. Y hasta ha sacado al rey de su sombrerera para regañar y amenazar a la mitad de España. Es un genio. Apoyándose en la Catalunya justamente insurrecta, torpemente insurrecta, está volteando la situación a favor del PP, que estaba contra las cuerdas. La maniobra está siendo tan brutal --ha comprometido hasta tal punto todos los palillos ocultos del régimen del 78-- que en la próxima crisis caerán todos juntos y de golpe, incluida la monarquía. Pero para eso faltan --otra vez-- unos cuarenta años.

Es verdad que la aceleración que estamos viviendo es, además de política, tecnológica, de manera que ningún acontecimiento deja ya rastros demasiado duraderos ni es posible establecer cadenas estables de causas y efectos. Podríamos --sí-- olvidar todo lo ocurrido junto con los tuits de ayer y ver volar de nuevo la indeterminación cuántica en una dirección inesperada. Puedo, pues, equivocarme, pero me temo que, contemplado el mundo desde esta ventanita, hemos perdido una oportunidad histórica. La crisis catalana ha cerrado la “ventana de oportunidad” que “las fuerzas de cambio” no habían sabido mantener abierta en Madrid. La correosa versatilidad del bipartidismo, unida a los errores de Podemos en el Estado y de las CUP en Catalunya, han abortado dos procesos de “ruptura” que, concebidos en paralelo, se contrarrestaban recíprocamente. España no será refundada en las próximas décadas; Catalunya no será independiente en las próximas décadas.

Diré algo de Podemos al final. Permítaseme decir ahora dos palabras sobre las CUP. Colectivo muy plural y heterogéneo, nadie podrá negar que es la única fuerza que cree realmente en lo que hace, la más coherente, la que mejor se ciñe a sus principios y la que, incluso cuando se ha dejado llevar por un contradictorio tacticismo, nunca ha olvidado su objetivo. ¿Cuál es ese objetivo? Luis María Ansón, el perspicaz dinosaurio, se lo explicaba hace unos días a esos compañeros derechistas que, desde el nacionalismo español, proyectan su identitarismo sobre el independentismo catalán: para las CUP  “el nacionalismo es sólo una forma de acelerar la revolución”. El dolido, hermoso, sereno y combativo discurso de Anna Gabriel en el Parlament tras la independencia burlada de Puigdemont no se prestaba a ambigüedades: las CUP quieren restablecer en Catalunya --pues sólo lo ven posible en ese territorio-- la República que Franco robó a toda España. Quieren una revolución y no una patria; y ven en la idea de patria, tan movilizadora e inflamable, el vehículo para una gran transformación económica, social y cultural. Muchas risas ha suscitado la alusión de Gabriel a una “independencia sin fronteras”, una fórmula que, sin embargo, resume muy bien el programa, nada risible, de las CUP: a partir del territorio catalán aspiran a “independizar” (del capitalismo y sus miserias) todos los territorios del mundo.

Siento tanto respeto por este propósito y tanto cariño personal por muchos de sus componentes --me he equivocado tantas veces-- que sólo con cautela me atrevo a decir que las CUP han pecado de ingenuidad al creer que convenía, que la “coyuntura” exigía, que su propio poder les permitía dejar de ser “libertarios” para hacerse “leninistas”. Han pecado de ingenuidad --es decir-- al dejar de ser ingenuos. Tenían razón quizás en desconfiar de los procesos “rupturistas” abiertos en el Estado y nadie les puede reprochar que intentaran su propia andadura para quebrar el régimen herido desde Catalunya. Al mismo tiempo consiguieron tantas veces desde su minoría parlamentaria imponer su discurso al régimen del 78 catalán, ahora en pugna con su variante española, y doblaron tantas veces el pulso a los partidos “burgueses” catalanes que se convencieron con contagioso entusiasmo de que podían forzar la situación en el Parlament y movilizar más y más gente en la calle para forzar también una derrota del Estado. Creo que el presupuesto de partida --el de que sí es posible una “ruptura revolucionaria” desde Catalunya-- era ilusorio; y que esa ilusión fue engordando a medida que su “leninismo” contradictorio fue dando resultados, creciendo y autoalimentándose de su propia eficacia inmediata, en la política y en la calle, y ello hasta que el imposible referéndum, la violencia de todo tipo por parte del Estado y el pragmatismo obligado (y me atrevo a decir que honrado) de Puigdemont no sólo han dejado claro que ése no es el camino hacia la república catalana y la gran transformación social anhelada sino que por ese camino se cierra del todo también la posibilidad --incierta y ya muy rebajada-- de “ruptura” desde el Estado: el único fulcro desde el que, en esta Europa postrevolucionaria e insensatamente “estable”, se puede desplazar --si se puede-- la relación de fuerzas política (como sólo desde el municipalismo, matriz de las CUP, se puede alterar la relación de fuerzas social y cultural). España es hoy más España y menos Democracia; y Catalunya, polarizada, movilizada y frustrada, también amenazada, sigue entre sus redes.

Es verdad que el régimen está descomponiéndose; pero es verdad también que está recomponiéndose. Como ha demostrado Rajoy, no le importa tener un problema en Catalunya. Todo lo contrario. Puede ser muy funcional a la hora de terminar la segunda transición de forma muy parecida a como se terminó la primera. Se dan ya todas las condiciones para una restauración del bipartidismo casi clónica respecto del final del franquismo: en un ambiente de miedo, tensión y polarización, con brazos en alto en las calles y represión policial selectiva, con una mayoría social asustada y “españolizada” y una Catalunya “vasquizada”, con un PSOE una vez más claudicante y pantanoso, un rey partisano que defiende su patrimonio y unos medios de comunicación beligerantes, se ha establecido, sí, el marco perfecto para prolongar la constitución del 78 mediante una reforma de consenso que impida durante otros cuarenta años una verdadera reforma, la que desde el 15M mucha gente pedía y que en algún momento pareció no sólo imaginable sino también posible.

¿El 15M empezó en Madrid y ha acabado en Catalunya? ¿No hay ninguna posibilidad de recuperar la potencial mayoría quincemayista, felizmente desmemoriada, que hoy el PP y C’s, con la imprescindible complicidad del PSOE, rememoriza hacia la derecha o vuelve invisible e inaudible? Creo que, en medio de tantos naufragios de buenas intenciones y tantos disparates paralelos, la única que ha sabido mantener una posición sensata y además comunicarla ha sido Ada Colau. No estoy muy seguro de que no quede sumergida en el oleaje venidero, desprestigiada en España y ninguneada en Catalunya. Pero cabe también la posibilidad de que acabe catalizando todas las decepciones y todas las corduras: desde su posición institucional ha sabido moverse entre Scila y Caribdis con pie firme, voz serena y radical sensatez para proponer en positivo un proyecto para Catalunya. Eso es lo que le ha faltado en España a Podemos, cuyos portavoces han aparecido siempre a los ojos de la opinión pública más como defensores izquierdistas del procés que como portadores afirmativos de una propuesta programática dirigida a todos los españoles y erguida de manera simultánea frente a Rajoy y frente a Puigdemont. Lo tenía y lo tiene muy difícil, es verdad, pero la solidaridad sin pedagogía, la denuncia sin proyecto, la rememorización paralela sin “patriotismo” alternativo han hecho envejecer un poco más al partido de Pablo Iglesias, condenado --cuando más lo necesitamos-- a un papel regañón marginal en el nuevo viejo régimen en recomposición. 

Se está perdiendo todo tan rápidamente como se ganó. El ejemplo de Ada Colau debería servir para entender que la única vía que le queda al “bloque de cambio”, también incierta, es necesariamente conservadora: conservar las “plazas conquistadas” a nivel municipal, convertirlas en modelos o maquetas de buen gobierno y tratar de ampliar su radio --en sucesivos círculos concéntricos-- a la escala autonómica. Ojalá quede un intersticio por el que colar esa lucecita; ojalá no nos pongamos, como siempre, a soplar las velas. 

Santiago Alba Rico es filósofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos décadas en Túnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. El último de sus libros se titula.




Los problemas y errores del independentismo catalán

Vicenç Navarro

Catalunya está viviendo la mayor crisis social, política, y pronto veremos la económica, que haya existido en la época democrática. He mostrado con detalle en otro artículo las dimensiones de la gran crisis social en Catalunya, la mayor en este siglo y finales del anterior. Y a esta crisis social se le ha añadido la enorme crisis política en la que las instituciones de la Generalitat eran intervenidas por el Estado central, con la posibilidad (que tiene elevada probabilidad) de que se reduzcan todavía más las capacidades de decisión y gestión de las instituciones públicas de Catalunya por parte del Gobierno catalán. Por otra parte, el temor de que las grandes tensiones políticas que están ocurriendo en Catalunya afecten a las grandes empresas basadas en Catalunya ha determinado una huida masiva de muchas empresas, desplazándose a otras partes de España, creándose con ello la crisis económica.
Ni que decir tiene que la mayor responsabilidad de lo que ocurre en Catalunya se debe a las políticas desarrolladas, aplicadas e impuestas por el Estado central español, gobernado por el Partido Popular liderado por el Sr. Mariano Rajoy. Ahora bien, sin implicar una igualdad de responsabilidades o equidistancia de razones, el hecho es que el gobierno de Junts Pel Sí, es también, responsable de cada una de estas crisis, hecho que, aun cuando se acentúa (e incluso se exagera) en los medios basados en Madrid, se ignora en gran número de los medios basados en Barcelona, controlados (los públicos), y altamente influenciados (los privados debido a generosas subvenciones públicas) por el gobierno independentista de la Generalitat de Catalunya. Puesto que ya he analizado críticamente el Estado central y el gobierno Rajoy en otros artículos (ver “La necesaria movilización de las fuerzas democráticas frente a los herederos del franquismo” Público, 28 de Septiembre 2017), intento ahora centrarme en el comportamiento del gobierno Junts Pel Sí, mostrando que tiene su parte de responsabilidad en las enormes crisis que cito al inicio del artículo.

No me voy a extender en la crisis social, pues creo ya haber demostrado que las políticas de claro corte neoliberal (como la reforma laboral, que ha incrementado el desempleo y la precariedad y disminuido los salarios y la protección social) y los enormes recortes del gasto público social y las privatizaciones en los servicios públicos del Estado del Bienestar catalán realizadas por los gobiernos de Convergencia (con Unió Democrática hasta el año 2015 y con ERC después), han jugado un papel esencial en el gran deterioro de la calidad de vida y bienestar social de las clases populares en Catalunya. Estas políticas neoliberales fueron aprobadas en las Cortes Españolas (junto con el PP, otro partido neoliberal), por el partido Convergència (ahora llamado PDeCAT que ha gobernado Catalunya por la mayoría del periodo democrático).

La crisis política: consecuencia del llamado “procés”

 En cuanto a la crisis política, causa importante de tal crisis ha sido la estrategia diseñada para alcanzar la independencia “exprés” desarrollado, por Convergència que ha liderado la coalición Junts Pel Sí, en colaboración con el partido ERC y con la ayuda de la CUP, un partido muy minoritario pero con considerable influencia debido a que sin él, Junts Pel Sí no alcanzaría la mayoría en el Parlament. Es importante señalar que tal mayoría parlamentaria debe su estatus de mayoría a una ley electoral inicialmente diseñada en época predemocrática (con el objetivo de discriminar a la clase trabajadora) que, cuando el gobierno Pujol pudo cambiarla, la dejó tal como estaba, favoreciendo a las zonas rurales y pequeños centros urbanos a costa de las grandes ciudades donde vivía tal clase. Como consecuencia de ello, tal mayoría parlamentaria no se corresponde a una mayoría de votos. En realidad, los votos a los partidos independentistas, nunca han sumado una mayoría del electorado en Catalunya.

Tal estrategia, conocida como el “procés” ha incluido varios componentes. Uno de ellos ha sido el calendario de intervenciones en las que alcanzar la secesión era un objetivo inmediato y siempre prioritario, anteponiéndolo a todos los demás (en realdad, la actividad legislativa del Parlamento bajo esta mayoría ha sido muy limitada). El President Puigdemont aseguró que el Parlament aprobaría 45 leyes en los 18 meses de legislatura. En realidad, hasta ahora han visto la luz verde solo 23 (18 este año y 5 el año pasado). En el principio de la legislatura anterior, durante un período parecido fueron aprobadas 47 leyes. (La baja productividad se debe a la importancia otorgada a la función agitacional, en lugar de la legislativa).

Lo que el govern catalán deseaba era centrarse en conseguir la independencia “exprés”. Como parte de este proceso rápido se fue escalando el nivel de intervenciones, bien en la narrativa de su discurso, bien en el argumentario utilizado para justificar sus intervenciones, bien en las acciones tomadas por el govern catalán que produjeron un incremento de la tensión con el Estado central, tensión que tenía el intento de movilizar la opinión popular en apoyo del Govern. En realidad, algunos dirigentes de Junts Pel Sí así lo indicaron en varias ocasiones. Su meta era radicalizar el discurso para conseguir una mayor movilización.

La monopolización del soberanismo por el independentismo

 La otra característica de este proceso ha sido monopolizar el significado de soberanismo (el derecho a decidir) con el de independentismo (la secesión de Catalunya del resto de España) haciendo los dos conceptos y términos intercambiables e idénticos. La dicotomía presentada en su estrategia era, pues, el limitar las alternativas posibles a independentismo o a lo que los independentistas llamaban el unionismo, definiendo como tal a todas las opciones que no eran secesionistas. Esta estrategia limitaba enormemente las alternativas, reduciéndolas solo a dos posibles. Una era conseguir la independencia o la otra, la de continuar en el presente estatus quo, dicotomía que favorecía a la primera opción, pues el comportamiento represivo e insensible a la identidad catalana y al no reconocimiento de Cataluña como nación del gobierno Rajoy debilitaba cada vez más el atractivo de la segunda alternativa. En esta estrategia del independentismo, era esencial presentar a toda España como incambiable y hostil a Catalunya. En realidad en esta estrategia independentista el movimiento político social en Cataluña, conocido como En Comú Podem, liderado por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau y el movimiento político social en España, Unidos Podemos, eran percibidos como obstáculos para sus fines, pues presentaban una imagen amable y atractiva de España. La elección de En Comú Podem en las dos últimas elecciones legislativas en Cataluña creó gran desazón en los sectores más conservadores y liberales de Junts Pel Sí. En realidad, Convergència (PDeCAT), no votó la moción de censura al gobierno Rajoy presentada por Podemos.

Ambas formaciones políticas –En Comú Podem y Unidos Podemos–, apoyaban el derecho a decidir del pueblo catalán, derecho que incluye el derecho a escoger entre varias alternativas, una de las cuales sería la secesión, aun cuando no era la alternativa preferida por ninguno de estas dos coaliciones. La mayoría de la población catalana es soberanista (es decir, apoya el derecho a decidir) pero no es independentista. Todo independentista es soberanista pero no todo soberanista es independentista. Esta clarificación nunca la hicieron los independentistas, faltando a la verdad cuando indicaron que “el pueblo catalán desea la independencia”, a no ser que se limite el significado catalán, porque los datos muestran que la mayoría del electorado no es independentista.

El mal llamado referéndum como instrumento de movilización

 Otra característica del “procés”, relacionada con la anterior (la identificación del referéndum con independentismo), fue la exclusión de las organizaciones no independentistas en la gestión de la campaña del referéndum. En realidad, marginaron la organización del Pacto Nacional, que incluía, además de los partidos soberanistas (independentistas y no independentistas) a las mayores instituciones de la sociedad civil, tales como sindicatos, asociaciones de vecinos, de profesionales, de campesinos, de la pequeña empresa y un largo etcétera. Y la máxima expresión de esta monopolización apareció en la organización de las fiestas de la Diada de este año (cuando la población sale a la calle en una manifestación colectiva en homenaje de aquellos que murieron defendiendo los derechos de Cataluña en el año 1714 en su lucha contra el Monarca Borbón Felipe V), que fue un canto a la independencia, protestando la falta de libertad existente en España, ignorando a su vez la falta de libertad y pluralidad existente en los actos gestionados por el gobierno Junts Pel Sí y en sus medios de información (TV3 y Catalunya Ràdio) abusivamente instrumentalizados por Junts Pel Sí. La Diada, día nacional de Catalunya, fue un canto al SI en la campaña electoral de lo que erróneamente llamaron como referéndum. Ello explica que mucha gente, como yo, que cada año íbamos a celebrar el día nacional de Catalunya en las manifestaciones mutitudinarias, no fuéramos, ofendidos por el carácter tan partidista y sectario del acto. Como consecuencia de ello, el número de participantes este año bajó en comparación con años previos.

La causa movilizadora: del independentismo a la democracia

La carga policial en la mañana del 1 de Octubre cambió la naturaleza y objetivo de la movilización. La carga policial explica que mucha gente que no pensaba participar en el referéndum salió a la calle para votar, mostrando su rechazo a aquel acto y a la actitud claramente represiva y antidemocrática del Estado Central. Y lo que es de especial interés es que este aumento de participación en el referéndum fue más acentuado en los barrios obreros del cinturón rojo de Barcelona que en otras partes de Barcelona y Catalunya. La manifestación pasó de ser un movimiento pro independencia a un movimiento pro democracia, paso que quedó refrendado por lo ocurrido el día 3 de octubre cuando Catalunya (y muy en especial Barcelona) paró. Hubo un paro general organizado y gestionado por la Taula Demòcrata (la Mesa Demócrata), compuesta por las mayores asociaciones de la sociedad civil, desde los sindicatos mayoritarios a las asociaciones de campesinos, asociaciones de vecinos, asociaciones profesionales, de los pequeños empresarios, y un largo etcétera. Fue un paro generalizado en toda Catalunya. Esto cambió la orientación del movimiento, y a pesar del intento del gobierno Junts Pel Sí, y sus instrumentos como Omnium y ANC, la Mesa Demócrata adquirió un protagonismo que molestó a los partidos independentistas que consideraban el cambio como una dilución de su causa.

La clase trabajadora catalana no es independentista}
Otro gran error del independentismo fue la falta de atractivo del independentismo entre la clase trabajadora de Cataluña. La evidencia de ello, aunque constantemente negada por los partidos independentistas, es conocida. La clase trabajadora no es independentista en Cataluña, por varias razones. Una es que el movimiento independentista está liderado por una coalición dirigida por el partido del Sr. Mas, es decir, por la derecha catalana, cuyas políticas neoliberales son percibidas, con razón, por la clase trabajadora como dañinas a sus intereses. La proximidad del Presidente Puigdemont con Mas es conocida, y Mas nunca fue popular entre las clases trabajadoras catalanas. Y la otra causa de la falta de apoyo al independentismo por parte de las clases populares es que la mayoría son de procedencia de partes de España y emotivamente se consideran españoles y se oponen a la secesión. La mayoría de la clase trabajadora en Cataluña es de habla castellana. La evidencia en este fenómeno es clara, como por ejemplo muestran los datos provenientes de la Encuesta del CEO (CIS de la Generalitat) de Junio de 2017, donde se puede ver que a más ingresos por hogar más apoyo a la independencia, y a la inversa, mientras menos ingresos haya por hogar menos apoyo a la independencia. Además, en Cataluña las personas que se autoconsideran de clase popular (clases de renta media-baja y renta baja) claramente no apoyan la independencia: el 56,15% de las clases populares no apoyan la independencia mientras que solo un 33% sí la apoyan.

Ello explica porque el independentismo nunca ha sido mayoritario y continuará sin serlo, pues la independencia en sí no motiva a la mayoría de la población. Solo en caso de que este proyecto independentista tuviera un contenido fuertemente social, existiría tal posibilidad. Pero tal tema social estaba ausente en el proyecto independentista. Solo vagas generalizaciones, con escasa credibilidad, marcaron el discurso social del independentismo con promesas un tanto hiperbólicas, carentes de credibilidad. Un caso claro era la afirmación hecha por dirigentes de Junts Pel Sí y economistas afines, incluyendo el gurú económico de TV3 (la televisión pública de la Generalitat de Cataluña), el Sr. Xala i Marti, que las pensiones no sufrirían con la Transición a la independencia, lo cual es una obvia falsedad pues en el período de Transitoriedad Jurídica es necesaria la colaboración del Estado español, y de su Seguridad Social, que de no obtenerse se crearía un enorme problema para los pensionistas catalanes. En agosto de 2017, Cataluña tenía 1.704692 pensionistas con una prestación media de 957 euros, financiada en parte por 3.294.418 afiliados. Estas contribuciones no son suficientes creándose un déficit de 4.700 millones de euros (una cifra superior de la citada por los secesionistas). Tal dinero tendría que venir de la propia Generalitat, año tras año, acumulándose una deuda considerable, pues el Estado español, podría no pagar a los pensionistas catalanes. Los problemas de la transición que afectarían a tales pensionistas serían enormes y de varios años (y no solo seis meses, como algunos portavoces del independentismo han profetizado).

En este aspecto, tales partidos rozaron la irresponsabilidad, pues hicieron promesas claramente irrealizables, como que no habría sacrificios en la transición, el mantenimiento de las pensiones y otras transferencias y servicios públicos. Ahora bien, de todas las exageraciones, las más grandes eran las que asumían que se conseguiría la independencia en seis meses. Es difícil creerse que los que hacían tales declaraciones creyeran lo que decían.

La realidad es que en su campaña a favor de la independencia, Junts Pel Sí ha minimizado los costes de la independencia exprés, llegando a niveles de exageración e hipérbole, que pasaron como verdades en un contexto mediático carente de capacidad crítica. Constantemente enfatizaron el mensaje de que todo –desde las pensiones hasta la sanidad- sería mucho mejor en la Catalunya independiente, y todo ello en contra de la evidencia que señala un periodo largo de escasez que a la ciudadanía no se le ha indicado que ocurriría (y que la huida de las empresas refleja la génesis de la crisis económica que se avecina). La evidencia de tales falsedades es enorme.

 A qué nos lleva la situación actual

 Es imposible que los dirigentes del movimiento independentista liderado por el gobierno catalán no vieran que este procés llevara a la situación actual que está creando una enorme frustración y dolor. Muchas eran las razones para que tal estrategia no fuera posible. Una era el Estado español, heredero del Estado dictatorial y la fuerza del nacionalismo españolista que había calado (como consecuencia de cuarenta años de dictadura y cuarenta años de democracia supervisada e incompleta) entre grandes sectores de la población española. La correlación de fuerzas en España ha sido muy desfavorable a las fuerzas independentistas. Al enorme desequilibrio de fuerzas en España se suma la nulidad de apoyos en la Unión Europea. Es más, al considerar España como incambiable el independentismo no relacionó la transformación de Catalunya con la existente transformación que está ocurriendo en España. En realidad, su campaña anti España, dificultó que grandes sectores de la población española pudieran hacer suya la lucha por una nueva Cataluña.

Resultado de todo ello es que su estrategia está llevando a Catalunya a una situación donde veremos la pérdida total de la autonomía y pérdida de derechos. En realidad, la torpeza del independentismo ha sido hábilmente utilizada por el Estado español para hacer perder a Cataluña los derechos que había conseguido, facilitando a su vez una enorme involución a lo largo del territorio español, despertando, y envalentonando a la caverna. Y lo que es enormemente frustrante es que era fácilmente predecible ver que tal hecho ocurriría. La única razón que podría explicar el hecho de que, a pesar de la evidencia existente que hacía fácil prever lo que ocurriría, los dirigentes independentistas continuaran insistiendo en ello, era que, en realidad lo que querían era capitalizar electoralmente la enorme movilización en las elecciones que tendrán lugar en Cataluña próximamente.

Otra alternativa hubiera sido posible

 Otra alternativa hubiera sido desenfatizar la independencia y enfatizar, en su lugar, la creación de una nueva Catalunya en colaboración con las izquierdas españolas que están intentando cambiar España. La creación de la nueva Catalunya hubiera podido ser el punto de inicio del cambio en España, ayudando al pueblo español a que percibiera que la lucha por el derecho a decidir en Catalunya era también la lucha para transformar España. La estrategia a seguir hubiera sido la democratización de Catalunya y de España, en un proyecto de profunda transformación democrática, poniendo la resolución de la Gran Crisis Social en el centro de las luchas para conseguir la plurinacionalidad. El paro general del 3 de Octubre, liderado por fuerzas que pusieron como objetivo la propuesta democrática, era un indicador de que tal estrategia era posible. El hecho de que no se hiciera así ha hecho un daño irreparable a Cataluña y a España. El hecho de que se haya enfatizado tanto el tema nacional, polarizando la sociedad entre independentistas y defensores de la “unidad nacional”, está debilitando enormemente a las fuerzas progresistas democráticas y muy en particular a las izquierdas, facilitando con ello, la reproducción de las sensibilidades neoliberales que han estado liderando los dos polos en esta polarización.



 ‘El País’, diario anti-indepe de la mañana

Anibal Malvar

Sin complejos. Semana negra en El País para los lectores que aun atisbaban un tímido fulgor de izquierdismo entre sus páginas. A saber. Primero Juan Luis Cebrián anuncia que se va, pero deja un último cadáver en el camino: el de John Carlin. Después de 13 temporadas en el diario de Prisa, las concienzudas diatribas del periodista británico contra la catalanofobia y contra la estulticia que impera en los medios de comunicación españoles le han costado la patada.

No sé si os acordáis de que antes, bajo su cabecera, El País lucía una leyenda que lo calificaba de Diario independiente de la mañana. No estaría mal recuperar una versión actualizada del lema: Diario anti-indepe de la mañana. Porque eso, sobre todo eso, es lo que se ha cargado al bueno de Carlin a los 61 años. Desde hace años, los periódicos españoles confunden línea editorial con monolito ideológico, convirtiéndose en un aburrimiento donde todos opinan lo mismo sobre lo mismo. Precisamente fue en Gran Bretaña donde escuché hace muchos años a un periodista una frase que explica mucho a España: “En todos los países los periódicos tienen una ideología, menos en España, que lo que tienen es un partido político”. Versiones más o menos brillantes del mismo aserto he escuchado también en otros países de Europa. Esa es la cultura política de nuestros medios de comunicación que denunciaba Carlin. Y más ahora, que la caza al Puigdemontha sustituido a la del Pokemon.

El círculo se le ha cerrado a John Carlin. Empezar más o menos tu carrera alcanzando la fama como cantor de Nelson Mandela y acabar despedido de El País por no escribir suficientes exabruptos sobre el procés no deja de tener su carga simbólica. Han pasado casi 25 años desde que el libertador sudafricano alabara en público a este cronista vagabundo (Buenos Aires, EEUU, Canadá, Nicaragua, El Salvador…). El propio diario de Prisa le otorgó en 2000 su máxima distinción: el premio Ortega y Gasset. En uno de sus libros se basa la película de Clint EastwoodInvictus. Podría abrumaros durante un buen rato enumerando todas las medallas que cuelgan del pecho del inglés. Ahora Cebrián le acaba de pinchar la roja insignia del valor, por hiperbolizar un poco. Sin complejos: marca España.
Nuestro afamado académico Cebrián no limitó su actividad hebdomadaria a arrojar a un inglés por el balcón. Otra noticia saltaba el martes: Cebrián abandona la presidencia ejecutiva de Prisa y deja el puesto a Javier Monzón. Para quién no conozca a este madrileño de 61 años, señalar que fue presidente de Indra y mantiene muy estrecha amistad con nuestro emérito Juan Carlos I y con la alta dama Ana Patricia Botín. Nada que ver con el periodismo.

Con esta incorporación, hoy frustrada, la sede del prestigioso periódico respiraba cada vez más tufillo zarzuelero. No hay que olvidar que Javier Ayuso, ex dircom de la Casa Real, se perfila según algunos como posible sucesor de Antonio Caño en la dirección y según muchos es, de facto, el jefe de opinión de El País. Entre otros méritos, Ayuso puede presumir de haber sido marcado por el turbio comisario Villarejo como topo del CNI en el periódico de Cebrián. Yo no sé por qué lo niega, con lo que lucen algunas sombras en los currícula.

Ahora hemos sabido que el final Javier Monzón le ha dicho no a Cebrián, con lo que renunciamos a un staff en Miguel Yuste muy simpáticamente borbónico: el periódico campechano de la mañana. Según se dice, Monzón rechazó una suculenta oferta porque enseguida advirtió que Cebrián se iba pero no se iba, que la suya era otra dimisión en diferido, que no se retiraba a escribir La rusa IIpara que le dieran otro sillón en la RAE. Una pena. El aterrizaje de Monzón había dado muchas alas a los graciosillos de twitter. Un amigo de reyes y banqueros en la presidencia de un diario independiente y progresista daba para mucha risa insana. Ahí se queda Cebrián, 73 años y una deuda en su grupo que alcanza los 1.500 millones de euros. Hablamos de quiebra técnica, pero no importa. Al periódico y a Cebrián se les puede colgar el mismo epitafio en vida: “Too big to fail”.




octubre 10, 2017

De SIMULACION y FARSA.





He aquí, en caliente, el “sainete” en dos actos… a la espera del tercero.

Acto uno.
Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat, se dirije al Parlament de Catalunya anunciando que asume el mandato del referéndum del pasado 1 de octubre para que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república.

Acto dos.
Apenas pasan unos cuantos (muy pocos) segundos, y el mismo Puigdemont anuncia que, de inmediato, se suspenden los efectos de la misma DUI (Declaración Unilateral de Independencia), para llegar a una solución acordada para avanzar en las demandas del pueblo de Cataluña. 

Acto tres… todavía por llegar, pero desde ya puesto a andar.
Ni tarde ni perezoso, Rajoy asume de inmediato que el presidente de la Generalitat ha proclamado la independencia en forma unilateral, y convoca para este mismo miércoles, un Consejo de Ministros para ultimar su respuesta.

Puigdemont y sus apoyos institucionales, simplemente, han pasado la soga al cuello del anhelo independentista, mediante una vergonzosa simulación.

Han despertado y alentado el odio anti catalán, junto a la llegada sobre la escena. y a descubierto, de la extrema derecha.

Han roto toda posible aproximación con los potenciales apoyos externos e internos, de buena fe o interesados. Así como han echado por la borda, buena parte de las simpatías que había sabido ganarse Catalunya, los catalanes, y quizás, en cierta medida, la causa independentista.

Han traicionado a quienes, ingenuos, se habían creído que era posible proclamar unilateralmente una Catalunya republicana, por parte de la élite política catalana más reaccionaria… sin que se diera una respuesta contundente (amparada legalmente por el poder judicial e instrumentada, en la sombra, por el poder político) de las élites españolas que detentan y ejercen el Poder con el apoyo (explicito o implícito) de sus representantes políticos institucionales que son los dos grandes partidos defensores de sus intereses y el estatuó quo… azuzados por el partido catalán más anti catalán y “españolista” que cualquier otro.

Antes de que baje el telón… puede ser que esta representación dada por los primeros actores catalanes y españoles hermanados en sus estrategias destinadas a la conservación del Poder, sea una tragedia para algunos (o muchos), pero por lo pronto… y duele reconocerlo… ha sido una inmensa farsa.

Posdata: claro que muchos españoles y catalanes se alegraran de que así sea… quizás hasta yo mismo podría alegrarme de que finalmente la sangre no llegue al rio… pero me apena profundamente constatar que todo resultó ser una representación, en forma de farsa, bien puesta en escena y dirigida de mano de maestro por los “Directores” de siempre, valiéndose de la ingenuidad de unos actores que se creyeron serlo cuando no eran más que comparsas, así como de unos espectadores que durante unos días creyeron ser actores.





octubre 07, 2017

DE BANDERAS... Y SU AUSENCIA.

ESTA

PERO TAMBIÉN ESTA

Y SOBRE TODO ESTA


Plaça San Jaume en Barcelona

Frente al ayuntamiento de Madrid


HACEN IMPOSIBLE Y UTÓPICO ESTO




octubre 06, 2017

De secuela en secuela.... esperando que sea la ultima.

Tomado prestado (sin la anuencia del autor) de la excelsa columna PRINCIPIA MARSUPIA que Alberto Sicilia (doctor en física teórica y reportero freelance) publica en el diario digital PUBLICO, siendo está fechada del 5 de octubre de 2017.

Columna que tiene por lema: "Descifrar lo que está delante de nuestros ojos requiere una lucha constante" Orwell


He pasado la mayor parte de este año en Irak, pero empiezo a estar muy preocupado por lo que está sucediendo en casa.

No sé cómo lo veréis desde allí, yo desde aquí veo señales que me asustan.

Veo cada vez más la caricatura grotesca del que piensa diferente.

Veo a gente a la que respeto y quiero despreciándose mutuamente en las redes sociales.

Evidentemente que el debate, por duro que sea, es sano y necesario. Hay pocas cosas tan interesantes en la vida como seguir un debate argumentado y riguroso. El mundo sería un lugar horroroso si todos estuviésemos de acuerdo en todo.

Pero una cosa es debatir ideas y otra el uso del lenguaje con el único fin de caricaturizar, humillar, hacer daño al otro.

Sería disparatado trazar comparación alguna entre lo que sucede en Irak y lo que ocurre en España y Cataluña. Pero veo comportamientos que resuenan con algunas de las cosas que he visto durante estos meses aquí.

Quizás desde lejos el mayor problema de Irak parecen las ciudades destrozadas por los combates. Y eso evidentemente es un gran problema. Pero es un problema que tiene solución: basta dinero para arreglarlas. (Y sí, ojalá llegase ese dinero).

Hay un problema mucho más grave: el odio. Y cuando ha habido invasiones, genocidios, una sucesión de guerras civiles, cuando al resto del mundo le importan una mierda los muertos aquí, cuando todas las personas han perdido a alguien querido, la deshumanización del otro se convierte en un virus que se transmite de generación en generación. Y eso no hay dinero que lo arregle.

Tenemos que debatir y discutir de política, del futuro de España y Cataluña. Pero no podemos olvidarnos nunca de que “el otro” es un humano, con sus miedos y obsesiones, sus grandezas, alegrías y miserias.

Como olvidemos eso, nos vamos al precipicio. Nos vamos al puto precipicio.

Cuando acabe de escribir esto, voy a hacer la mochila. Por un tiempo voy a cambiar Irak por Barcelona. Quiero sentarme con vosotros y escucharos: me da igual que seáis pro-independencia, anti-independencia, pro-referéndum, anti-referéndum, de la CUP o de Ciudadanos.

Quiero conoceros, quiero escucharos, quiero entender qué está sucediendo.

Así que, si en los próximos días alguno de vosotros está por Barcelona y le apetece tomarse un café conmigo, yo estaría encantado.


Aclaración: la foto que ilustra esta entrada es la que ilustra el texto original.




octubre 05, 2017

EMOCIÓN vs RAZÓN.



No dudo de que a algunos allegados españoles (así como catalanes, incluso independentistas), les habrá disgustado mi última entrada de ayer, no por mi posicionamiento propiamente dicho, sino por la primacía de la emoción sobre la razón.

Es cierto que el “manejo” de las emociones (inducir, exacerbar, etcétera) es un recurso larga y eficazmente utilizado por los regímenes dictatoriales. Los ejemplos más siniestros abundan en la historia, sea cual sea el espectro político, de Hitler a Stalin, pasando por Franco. Pensándolo un poco más, incluso por parte de cualquier respetable Jefe de gobierno de cualquier respetable democracia… obviamente cambiando las formas, a modo de que no sea tan obvio, y sin embargo igual o mas eficaz.
Pero también es cierto que TODOS los movimientos sociales, de la índole o color político que sean, en una importante medida, se construyen y desarrollan sobre un relato que apela a las emociones y sentimientos.

Es cierto, que, para casi todas ellas, las rebeliones, insurrecciones y revoluciones, germinan sobre un suelo previamente abonado por una multitud de “intervenciones y exposiciones intelectuales” forjadas en y por la utilización de la razón.
Que en su proceso de crecimiento interviene (a veces para bien, sin embargo, lo más a menudo, para su desgracia) la constitución de unas dirigencias que las “encauzan” mediante el uso de instrumentos verticales cuya legitimidad proviene, casi siempre, de la apelación a la razón.

Pero también es cierto que, en casi todas ellas, este brote primigenio, se nutre de un espontaneo relato fincado sobre la vivencia de las emociones y los sentimientos de quienes son los actores plebeyos de estos movimientos emancipadores. Este relato vivencial, que, en una cierta medida, se podría emparentar con el “impulso vital” de Bergson, es el que dota al movimiento del nutriente que le permite crecer.
Como también es el secuestro de esta espontanea vivencia emocional por la razón de las dirigencias omnisapientes y omnipotentes, que termina ahogando y matando el movimiento.

La espontanea vivencia emocional de los “Sans-Culottes” fue la que permitió a la Revolución francesa vencer a la aristocracia y la burguesía (es cierto que con su correspondiente violencia revolucionaria), hasta que, después de la dictadura revolucionaria de Robespierre, en 1794, la pausada razón de los “Termidorianos” instituyo el Directorio, para dejar libre el camino a un tal Napoleón Bonaparte.
De la misma manera que, en la España de medianos de 1936, la espontanea vivencia emocional de los anarquistas permitió, en Cataluña y Aragón, la concreción de los ideales libertarios (la única de la historia), hasta que la fría y pausada razón del partido comunista, la sofoco, dejando la mesa puesta para la victoria militar de un tal Francisco Franco, 36 años de dictadura franquista, la tan cacareada “Transición española”  que alumbro la también tan cacareada Constitución dicha ”del 78”, secuestrada por los grandes partidos institucionales y que hace imposible hoy resolver mediante el dialogo el “conflicto catalán” (*)


(*) No está de más recordar que, hace una decena de años, la gran mayoría de los catalanes no eran independentistas, que en 2006 el gobierno Zapatero accedió a una ampliación de la autonomía reclamada por los catalanes, que esta les fue acordada, que en una elección la mayoría de los catalanes la aprobó, pero que cuatro años más tarde el PP con el señor Rajoy a la cabeza, se inconformo y presento un recurso de nulidad en el Tribunal Constitucional, el cual le dio la razón… a partir de entonces, muchos catalanes se fueron decantando por el independentismo.
Resulta difícil (o quizás demasiado fácil) entender porque el gobierno central, y con el apoyo de todos los grandes partidos institucionales (PP y PSOE), no acepto nunca que se llevara a cabo un referéndum LEGAL en el cual los catalanes (al igual que los escoses) pudiesen contestar por un SI o un NO la pregunta de si querían o no un Estado catalán independiente en forma de Republica.
Sobre todo, que, ante tal posibilidad, con la cabeza fría, la respuesta es casi siempre guiada por la razón pecuniaria, el cálculo de los intereses “peseteros”, y no la sentimental emoción, por muy catalanes que se sientan. Estoy convencido que el No hubiese ganado… y el problema resuelto, por lo menos por un buen numero de años.

Obviamente que hoy en día, o mañana, con lo que está sucediendo, la respuesta sería otra.

No se lo digan a nadie, pero sospecho que el maquiavélico cálculo del señor Rajoy, consiste en llevar el enfrentamiento a un punto de máxima violencia posible, exacerbar los ánimos nacionalistas españoles y anticatalanes, hasta donde le sea posible (lo cual es relativamente fácil), y ante tal situación de violencia y encendido amor por la Patria española, disolver el parlamento, llamar a nuevas elecciones generales y ganarlas con una muy confortable mayoría.


No conozco con la requerida profundidad la Constitución española, pero estoy casi seguro de que la disolución de las Cortes por el jefe de gobierno si es posible, con la salvedad de que es el mismísimo Rey quien tiene que promulgarla. Pero después del mensaje televisivo al pueblo español todo, de su serenísima alteza Felipe VI la noche del 3 de octubre, no creo que este tuviese reparo alguno en hacerlo.



octubre 04, 2017

Cataluña, razón y emoción. Catalunya, raó i emoció.


Como decía mi madre “Tinc sang catalana pels quatre costats” (tengo sangre catalana por los cuatro costados).
Si, en ciertos momentos necesito sentirme de una tierra y un pueblo, esta y este son, sin duda alguna, Cataluña.
Antes que francés por mi nacionalidad y bagaje cultural, antes que mexicano por el lugar en el cual escogí vivir, me siento catalán.

Por mi herencia paterna y formación ideológica, ambas anarquistas, no me siento parte de ningún Estado nacional (como tampoco organización supranacional) o trozo de tierra delimitada por alguna frontera.
Formo parte de la humanidad toda, sin distinción alguna.

Frente al movimiento independentista catalán, esta dualidad me mantiene en la indefinición, esta contradicción me impide escoger nítidamente un bando u otro.
Desde la racionalidad, no puedo apoyar (de la manera que sea) el independentismo catalán.
Desde la emotividad, simpatizo con este movimiento y anhelo.

Hasta ahora, en esta indefinición me había mantenido.

Sin embargo, a medida que escala el enfrentamiento entre catalanes y españoles (tanto ciudadanos como autoridades) las emociones van carcomiendo la razón.

Todavía puedo designar responsables o culpables, tanto Puigdemont como Rajoy, quienes piensan esencialmente en términos de política, elecciones y poder, aunque me parezca que la agenda política de Rajoy es mucho más peligrosa que la de Puigdemont.
Consciente que los dos no son los representantes de los “pueblos” españoles y catalanes, sino de los intereses de ambas elites detentoras del Poder.

Pero, a medida que se perfila con mayor precisión la represión, y consiguiente opresión, del Poder español sobre el Pueblo catalán, ya no hay “análisis político” y racionalidad que valgan… las emociones se imponen. Si tengo que tomar partido, defender una causa y condenar una actuación… defenderé las aspiraciones de los catalanistas y condenare el actuar del gobierno central y todos los que lo apoyen, sean quienes sean, por las razones que sean.

Desgraciadamente así es.
En momentos de crisis que requieren definirse y tomar partido, la razón no pesa lo suficiente ante la emoción.
Cuando los sentidos, presencian ciertas situaciones intolerables, no es el neocórtex él que se pone al mando, sino la parte más primitiva del cerebro.

Así es… a tal punto que ya no sé si alegrarme o lamentarme, que así sea.


septiembre 30, 2017

EL ESTADO ESPAÑOL... ESTADO CANALLA.



 Ante la deriva autoritaria y la escalada represiva, contarías a muchos de los valores más básicos de cualquier sistema que se jacta de ser “democrático”, tomadas por el ejecutivo español (todo el mundo sabe que la judicialización del actuar del gobierno es solo una máscara), renombrados “intelectuales” de varios ámbitos (ciencias políticas, sociología, filosofía, literatura, historia, cine, el arte, etcétera) y países (de los cinco continentes), han emitido el manifiesto que transcribo a continuación.
Manifiesto al cual se puede adherir, en este enlace: https://referendumnotwar.com/adhere/



Cataluña: Referéndum, no guerra.

La representación dominante del conflicto catalán a escala internacional ha sido hasta hace unos días la de un conflicto de tipo nacionalista, ligado al pasado más funesto de la historia de la Europa del siglo XX. Los fantasmas de nuestras guerras han operado como una pantalla para no pensar lo que realmente estaba en juego. Los acontecimientos de estos últimos días empiezan a quebrar este marco interpretativo y urgen a revisar esta lectura precipitada que podría explicar la reticencia inquietante de buena parte de la opinión pública internacional a considerarlo algo más que un asunto doméstico. Lo que hoy aparece con toda claridad, más allá de los posicionamientos a favor o en contra de la independencia de Cataluña, es la tensión entre las inercias autoritarias de una determinada configuración del poder estatal y los intentos precarios, pero determinados, de construir estrategias políticas orientadas hacia el horizonte normativo de nuestras democracias.

En los últimos años se ha venido expresando una reiterada demanda por parte de una mayoría de la sociedad catalana de decidir democráticamente su estatuto político. Ante esta demanda, el Estado español, que en ningún caso entendemos como representante de las diferentes sensibilidades y aspiraciones políticas de la sociedad española en su conjunto, ha desatendido doblemente sus funciones políticas.

Por un lado, no ha accedido a acordar la propuesta de una celebración legal, pactada y con garantías de un referéndum de autodeterminación, negando así la realidad de este conflicto en Cataluña. Por otro lado, ante la convocatoria del referéndum del 1 de octubre por parte del Parlamento de Cataluña, el poder ejecutivo español, habida cuenta de la imposibilidad parlamentaria de declarar legalmente el estado de excepción recogido en la Constitución Española de 1978, ha desbordado su propio estado de derecho aplicando de facto los efectos de dicho estado de excepción, convirtiendo al Estado español en lo que algunos pensadores contemporáneos han llamado estado canalla o autoritario:

  • El derecho de reunión y manifestación ha sido limitado tanto en Cataluña como en España y organizaciones políticas han sido acusadas de sedición.
  • Funcionarios públicos y altos cargos electos han sido detenidos por el hecho de coordinar la logística del referéndum.
  • Más de 700 alcaldes sobre un total de 948 han sido citados a declarar judicialmente bajo pena de inhabilitación y sanción.
  • Medios de información públicos han sido inspeccionados policialmente y periodistas e intelectuales son amenazados por el Estado español por haber informado sobre el referéndum.
  • Partidos políticos parlamentarios como la CUP (Candidaturas de Unidad Popular) se encuentran bajo vigilancia policial.
  • Material para el voto (papeletas, propaganda electoral, etc.) ha sido requisado y empresas privadas han sido inspeccionadas sin orden judicial.
  • Se ha censurado el acceso público a webs relacionadas con el referéndum.
  • Se ha vulnerado la libertad de opinión política.
Este desbordamiento del estado de derecho por parte del poder estatal contradice los principios fundacionales del estado democrático de derecho europeo, consecuencia de dos procesos: primero, satisfacer las aspiraciones democráticas de las sociedades europeas modernas y, segundo, limitar constitucionalmente la arbitrariedad del poder constituido.

Por todo ello, consideramos el referéndum como un medio concreto para superar la lógica autoritaria que ha destruido tan a menudo la vida de las sociedades políticas modernas, así como para avanzar hacia una cultura política post-nacional en clave europea en la cual dichos conflictos puedan decidirse mediante protocolos no violentos.

La lista de los primeros firmantes se puede consultar en este enlace https://referendumnotwar.com/supports/.


septiembre 27, 2017

¿CORRERÁ LA SANGRE CATALANA ESTE PRIMERO DE OCTUBRE?


El 15 de septiembre pasado subí a este blog una entrada titulada EL CHOQUE DE TRENES, en referencia al grave “conflicto” entre el gobierno español y el de la Generalidad de Catalunya, a raíz de la decisión tomada por el gobierno catalán de organizar un referéndum, el día 1 de octubre, preguntando a los ciudadanos catalanes: VOLEU QUE CATALUNYA SIGUI UN ESTAT INDEPENDENT EN FORMA DE REPUBLICA? ¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?

Lo cual implicaba la declaración de independencia de Catalunya en caso de victoria del SI. Posibilidad, obviamente inaceptable para el poder central. Mas si tomamos en consideración que este se encuentra en las manos del Partido Popular. Partido que cobija en su seno los herederos de facto del franquismo y representa los intereses de la élite económica.

Desde esta fecha, no hay día en que el encontronazo entre el gobierno central, apoyado por el poder económico y mediático (la campaña montada por el periódico El País es simplemente asquerosa), con la judicatura por delante, y el gobierno catalán apoyado por unas vigorosas organizaciones civiles independentistas, escale de manera cada vez más peligrosa y violenta, si bien esta violencia es, de momento, solo declarativa.
¿Que pasara el día primero de octubre, cuando los votantes se presenten en los centros de votación, resguardados por la guardia civil y las fuerzas policíacas antimotines, para impedirles depositar su papeleta en la urna?

Los dos trenes colisionaran… quizás con heridos… e incluso uno que otro muerto.

Lo cual, estoy convencido, es lo que quiere el gobierno central que suceda, para implementar así el artículo 155 de la Constitución española, que lo habilita para declarar nula la autonomía catalana y disolver los gobierno y parlamento catalanes.
Ante tal hecho ¿cómo reaccionaran las fuerzas políticas, organizaciones civiles y ciudadanos catalanes independentistas?

Ante tan negro panorama, posiblemente teñido de sangre, me pareció, más que pertinente, necesario, retranscribir un artículo aparecido hoy 27 de septiembre en el periódico digital PUBLICO.


Ahí les va:


Guerracivilismo en Catalunya; o ganar en las urnas lo que se perdió en la guerra.

Javier de Rivera
Profesor coordinador del Máster CCCD, miembro del grupo de investigación Cibersomosaguas y editor en Teknokultura

“Los independentistas quieren ganar en las urnas lo que perdieron en la guerra civil”. Con esta frase cerraban una noticia sobre el referéndum catalán en una cadena privada de ámbito nacional. Es una de esas frases de cierre que se te quedan resonando en la cabeza durante los segundos de silencio que pasan hasta que entra la siguiente noticia. Posiblemente, el redactor de turno pensaría que era un cierre elocuente e ingenioso, pero yo creo que su significado es profundamente turbador, y lo que es peor, que resume bastante bien un tipo de opinión sobre esta cuestión.

La frase es una paráfrasis, o cita modificada, del famoso “quieren ganar en las calles lo que perdieron en las urnas” con el que los políticos de derechas critican las movilizaciones de izquierdas. En este caso, el argumento es que los descontentos intentan imponerse a través de la protesta sobre la “mayoría silenciosa” que pacífica y democráticamente expresó su voluntad en las urnas. Se critica así la falta de legitimidad de la protesta social en una democracia donde la gente puede votar.

Este argumento no tiene en cuenta que se puede obtener mayoría absoluta con tan solo un tercio del electorado y que casi el 30% de la población no vota por lo que resulta un poco engañoso. Aunque hay que reconocer que algo de razón tiene: es más fácil protestar por una mala solución a un problema que hacerse cargo de solucionarlo, y si la izquierda y la clase obrera quiere mejorar su situación podría empezar por mejorar el funcionamiento de sus partidos y ganar las elecciones.

Sin embargo, el problema viene de lejos: las posiciones de izquierda tienen más problemas para representarse políticamente que las de derechas. Históricamente, las izquierdas se fragmentan y se pierden en debates internos, mientras que las derechas se concentran con mayor facilidad. La explicación tiene que ver con la lógica detrás de cada tendencia: los valores conservadores se refuerzan en el liderazgo fuerte, el respeto a la autoridad y la conformidad con las reglas impuestas; mientras que los progresistas tienden a cuestionar la autoridad, desconfían del liderazgo carismático, rechazan lo impuesto y no se pueden contener en discutir quien es más de izquierdas. Por eso existe un problema de agregación del voto en la izquierda, ante el que tampoco faltan propuestas para aceptar liderazgos fuertes y posiciones conformistas, e incluso autoritarias, con lo que se erosiona su identidad crítica, derivando hacia el centro; pero ese es un problema diferente al que nos ocupa.

La frase inquietante del cierre de la noticia nos recuerda a esta crítica a la movilización social porque mantiene el mismo tono, pero invierte los términos. La estructura de la frase indica que alguien quiere lograr de forma ilegítima lo que perdió de forma legítima. En el original lo legítimo es el voto y lo ilegítimo la protesta. En ésta, lo ilegítimo son las urnas y lo legítimo resultado de la guerra civil.

En definitiva, esta frase—aunque quizás fuera pensada como una inocente ocurrencia—sostiene la idea de que la violencia puede imponer un estado de las cosas que debe ser respetado. Contra ella, deberíamos sostener que todo lo que se logra por la imposición de la violencia es ilegítimo y que sus resultados deben ser reparados. Más bien, lo que buscan los catalanes que quieren votar (independentistas o no) es reparar con las urnas el daño que se les hizo en la guerra civil y la dictadura. La convocatoria de un referéndum es el único modo de recuperar la dignidad que se les quitó desde la violencia, ya fuera la ejercida por los generales de Franco o por los dictadores antes conocidos como reyes, como Fernando VI.

En otras palabras, la única forma de legitimar tanto la permanencia de Cataluña en España como su independencia pasa por la convocatoria de un referéndum. Si ya se hubiera convocado, lo más probable es que hubiera ganado el NO y los independentistas tendrían que aceptar estar en España contra su voluntad. Pero la derecha tiene sus propios motivos para oponerse: la unidad de España les resulta tan sagrada como el derecho divino de la monarquía. Esta es, a todas luces, una postura retrógrada, autoritaria y antidemocrática. En democracia solo es legítimo lo que se logra por medio del voto. Es un sistema imperfecto que puede llegar a legitimar abusos y grandes errores, pero es lo mejor a lo que hemos podido llegar. La democracia es una forma de exorcizar la violencia, de expulsarla—aunque sea de forma precaria—de los medios legítimos para lograr nuestros objetivos. Votamos para evitar pegarnos a ver quién tiene razón.

“La revolución es la paz, la reacción es la guerra”, es el tema de un libro de Pi i Margall, un político de la I República que abogaba por la República Federal. Este modelo podría habernos permitido construir un país más progresista e inclusivo, pero nadie se atrevió a seguir por esa línea. Pi i Margall era un idealista, en todo el sentido de la palabra, era un hegeliano de izquierdas que creía en el progreso social conforme a los ideales de justicia, igualdad y libertad. La revolución es la paz porque expresa el deseo de los pueblos a realizar estos ideales, a materializarlos para mejorar su situación vital. La reacción es la guerra, porque es la respuesta violenta de quienes tienen el poder ante la posibilidad de perderlo. Quien se beneficia de una situación injusta solo puede defenderla desde la violencia y la manipulación ideológica, que es otra forma de violencia.

Todo nacionalismo—empezando por el español—tiene componentes conservadores y reaccionarios, y el independentismo catalán no está libre de ellos. Sin embargo, eso no es excusa para cuestionar el derecho de un pueblo a votar sobre su destino y decidir democráticamente sobre su condición nacional. Los territorios pertenecen a quienes los habitan, no a quienes sienten que son suyos, aunque nunca hayan vivido en ellos, ya sea por la fuerza de la tradición o por la gracia de Dios. Por eso, cuando existe una reclamación multitudinaria para realizar un referéndum de autodeterminación, éste debe realizarse, porque nada es más legítimo que el derecho de un pueblo a decidir su destino.



Hoy, por la importancia y pertinencia de su análisis, agrego a esta entrada, el siguiente articulo:

La necesaria movilización de las fuerzas democráticas frente a los herederos del franquismo

Vicenç Navarro


El coste de la desmemoria histórica

La escasa recuperación de la Memoria Histórica en los círculos políticos, mediáticos e incluso académicos españoles explica que no se haya corregido la tergiversada historia de este país, tergiversación que continúa dominando el relato del pasado y del presente. No hay plena conciencia ni hay pleno reconocimiento, por ejemplo, de que la Guerra Civil fue un golpe militar contra un sistema democrático gobernado por unas fuerzas políticas promotoras de reformas urgentes y necesarias que estaban afectando los intereses de las clases privilegiadas y dominantes que, siendo una minoría de la población, necesitaron de una enorme y cruel represión frente a la mayoría de la población, que eran las clases populares. De no ser por la enorme resistencia popular en la mayor parte de los territorios españoles, aquel golpe militar se hubiera impuesto en cuestión de dos o tres meses. Pero a pesar de la ayuda de las tropas nazis alemanas y fascistas italianas, y de la escasa ayuda militar que el gobierno republicano recibió de los supuestamente democráticos gobiernos occidentales (temerosos estos de que las reformas altamente populares del Frente Popular contaminaran a sus propias clases populares), no pudieron conseguir someter a la mayoría de la población hasta tres años más tarde, estableciendo uno de los regímenes más represivos, crueles y terroristas (es decir, que el terror era una política del Estado) que hayan existido en Europa durante el siglo XX. Nunca hay que olvidar que por cada asesinato que cometió Mussolini, el régimen de Franco cometió diez mil.

La Guerra Civil fue una lucha de clases. Pero también fue una lucha de dos visiones de lo que es España

No hay duda de que la Guerra Civil fue una lucha de clases, de las oligarquías y de las burguesías en contra de la clase trabajadora de los distintos pueblos y naciones de España. Los vencedores de aquella lucha de clases establecieron el Estado dictatorial, y, cuarenta años más tarde, fueron las fuerzas dominantes en la transición de la dictadura a la democracia, definida erróneamente como modélica. Y digo erróneamente porque el desequilibrio de fuerzas en aquel proceso fue tan grande a favor de los vencedores de la Guerra Civil y en contra de los vencidos (las izquierdas que lideraban las fuerzas democráticas) que era imposible que el resultado de aquella transición fuera modélico. Su producto, la democracia española, era y continúa siendo enormemente limitada y el Estado del Bienestar fue y continúa siendo muy insuficiente. Los datos que avalan tal observación están ahí para el que quiera verlos. Los muestro en mis libros (ver Bienestar insuficiente, democracia incompleta. De lo que no se habla en nuestro país. Anagrama, 2002; y El subdesarrollo social de España: causas y consecuencias. Anagrama, 2006).

Ahora bien, hay otra parte de la desmemoria histórica que está incluso más ocultada. Es poco conocido hoy en España que además de la lucha de clases que apareció en la mayoría de los pueblos y naciones de España, hubo otra lucha que se sintió con especial énfasis en las naciones “periféricas”, como Catalunya y el País Vasco (y también en Galicia). La represión en contra de la cultura e identidad nacional en Catalunya fue una característica de aquel golpe militar y del régimen que estableció. Puedo dar constancia de ello, como catalán que soy. No soy muy dado a referirme a experiencias personales, pero me permito hacer una excepción en este artículo en mi intento de explicar una dimensión poco conocida del pasado de nuestro país a mis amigos al sur del Ebro, a quien está dirigido predominantemente este artículo. Cuando yo era un niño, alrededor de los 10-11 años, un gris (la policía franquista) en Barcelona se molestó por dirigirme a él, en la calle, en catalán –mi lengua materna- diciéndome “no hables como un perro, habla como un cristiano”. Recuerdo bien la frase, a la que respondí escupiéndole en la cara. Además de la paliza y el bofetón que me dio, me llevó al cuartelillo de la policía, desde donde llamaron a mis padres, maestros republicanos que fueron brutalmente represaliados por su apoyo a las reformas educativas de la República y a la Generalitat de Catalunya (ver Una breve historia personal de nuestro país. biografía de Vicenç Navarro, en www.vnavarro.org). Mi padre me acarició la cabeza, y hablando para sí mismo dijo “Tan jove, ja” (tan joven, ya), y mi madre, delante de los grises, me dio uno de los besos más grandes y más políticos que una madre haya dado a su hijo en Catalunya, mostrando lo enormemente orgullosa que estaba de mí.

En muchas partes de España parece no conocerse que siempre ha habido en Catalunya un sentimiento de identidad que no tiene por qué ser excluyente o insolidario. Es cierto que este sentimiento puede lamentablemente traducirse en un nacionalismo excluyente. Así pasó con Jordi Pujol, el mayor punto de referencia político del nacionalismo catalanista conservador, cuando escribía que los “inmigrantes” murcianos y andaluces que venía a trabajar a Catalunya (a los que la burguesía catalana y los nacionalistas pujolianos llamaban “charnegos”) tenían una capacidad intelectual inferior a la de los catalanes. Ahora bien, siempre hubo otro sentimiento identitario solidario característico de las izquierdas catalanas, opuesto al anterior. En el mismo periodo que Jordi Pujol promovía aquel nacionalismo, yo escogí ser médico de los “charnegos” en el barrio más pobre de Barcelona, el Somorrostro. La resistencia antifascista que se había infiltrado en el sindicato fascista, el SEU, fundó el SUT (el Servicio Universitario del Trabajo), que había establecido el único centro sanitario en aquel barrio y cuyos habitantes representaban la clase trabajadora venida de otras parte de España que estaba construyendo el país y luchando, muchos de ellos, en la resistencia antifascista. Las izquierdas catalanas siempre vimos que la lucha social y la lucha por la recuperación de la identidad catalana estaban unidas, pues la causa de su opresión era la misma: el Estado fascista. Y esta diversidad de identidades regionales y nacionales era la riqueza del país. Nuestro deseo era que tal diversidad quedara reflejada en la configuración del Estado cuando se estableciera la democracia.

La España plurinacional fue siempre la visión preferente dentro de las izquierdas catalanas y españolas

La tergiversada historia de España, heredada de la dictadura, ha ocultado que siempre ha habido dos versiones de España. Una, la uninacional, de las derechas españolas, cuya máxima expresión se dio durante el fascismo. Esta visión de España es la visión de los vencedores de la Guerra Civil. Pero la de los vencidos era la visión plurinacional y pluri-identitaria, característica de las izquierdas. No se conoce en España que tanto el PSOE como el PCE, durante la resistencia antifascista, tenían en su programa el reconocimiento de dicha plurinacionalidad, garantizada por el derecho de decisión o autodeterminación, que aseguraba que la deseada unión de España estuviera basada en la voluntad de las distintas regiones y naciones de España, en lugar de estar unidas por la fuerza, tal como exige la actual Constitución Española, que asigna nada menos que al Ejercito la función de asegurar tal unión (cláusula impuesta por el Monarca y el Ejército en el redactado de la Constitución). En esta última versión, la uninacional, se consideraba a la visión plurinacional como la anti-España, siendo brutalmente reprimida por el régimen dictatorial, y todavía ocultada o discriminada durante el régimen del 78 iniciado en la inmodélica transición, como resultado de la pervivencia de la cultura franquista, todavía muy extendida en los aparatos del Estado español, incluyendo su judicatura y sus órganos de seguridad.

La represión fascista contra los que la dictadura definió como rojos y separatistas

La mayor represión fruto del golpe militar fascista y del régimen que le siguió fue dirigida a los que fueron definidos como rojos y separatistas, categorías que incluían en Catalunya a aquellas personas que habían luchado por una España justa, libre y democrática (a las que definían como rojos), y a aquellas personas que luchaban por una España plurinacional (a las que definían como separatistas). Y lo peor de esta represión era que a uno se le definiera como rojo y separatista, como lo fue gran parte de mi familia, incluyendo mi padre, al que se le supuso separatista por haber sido secretario de la Asociación en Defensa de la República Catalana en la Federación Española. Mi padre era federalista, no secesionista. Y amaba profundamente a España y a Catalunya. Era valenciano de origen y maestro ilusionado, junto con mi madre, también maestra ilusionada, con las reformas docentes realizadas por la Generalitat de Catalunya y por la II República. Que los considerasen a ellos, mis padres (y mis tíos y tías que tuvieron que dejar España y más tarde luchar contra el nazismo en la Francia ocupada) como anti-España, es absurdo y ofensivo en extremo, pues lucharon y dieron lo mejor de su vida por otra España diferente a la España monárquica borbónica, centrada en la capital del Reino, Madrid (que no tenía nada que ver con el Madrid popular), radial, jerárquica, corrupta e injusta. Su España era republicana, democrática, justa y plurinacional. Pero para los “nacionales” (así se definían a sí mismas las fuerzas fascistas), los que apoyaban la otra visión de España eran antiespañoles. Para ellos, separatistas eran todos aquellos que no compartían su visión uninacional. El president Companys (al que los fascistas fusilaron), que había sido director de una revista titulada Nueva España, y que fue Ministro del gobierno español republicano, era un federalista, no un secesionista. Y sorprenderá también a muchos lectores saber que los mártires y héroes cuya vida y muerte se homenajea el día nacional de Catalunya, el 11 de septiembre, por defender los derechos de Catalunya frente a Felipe V, de la realeza borbónica, también luchaban por el bien de España, dato que las derechas nacionalistas españolistas y los independentistas siempre ocultan en su historia tergiversada de España. Cito textualmente las palabras del General Villarroel, que dirigió a los luchadores que se enfrentaron a las fuerzas borbónicas que los derrotaron, eliminando los derechos de la nación catalana: “Señores, hijos y hermanos: hoy es el día en que se han de acordar del valor y gloriosas acciones que en todos tiempos ha ejecutado nuestra nación. No diga la malicia o la envidia que no somos dignos de ser catalanes e hijos legítimos de nuestros mayores. ¡Por nosotros y POR LA NACIÓN ESPAÑOLA PELEAMOS! Hoy es el día de morir o vencer” (el original no está en mayúsculas, las añado para que se pueda leer bien). Queda claro que los héroes masacrados por las tropas borbónicas luchaban por otra visión de España, claramente plurinacional, cuya memoria es recordada el 11 de septiembre, la Fiesta Nacional de Catalunya. El Día Nacional en la primera versión de España –la uninacional borbónica- es el día de la Raza (tal como se llamaba) en el que se celebra la victoria y conquista de un nuevo continente. En Catalunya, sin embargo, el Día Nacional es un homenaje a los derrotados defendiendo otra visión de Catalunya y de España.

El renacer del plurinacionalismo

Esta visión plurinacional ha continuado viva en las izquierdas catalanas durante la época democrática. Fue precisamente un gobierno de izquierdas -el gobierno tripartito del socialista Pasqual Maragall- el que preparó el Estatut de Catalunya que fue vetado, después de ser aprobado por el Parlament de Catalunya, por las Cortes Españolas y refrendado por la población en Catalunya, por el Tribunal Constitucional (TC), controlado por el PP. Tal veto (de partes esenciales de aquel Estatut, como considerar a Catalunya como una nación) y la pasividad del PSOE han creado la situación actual. La derecha española en general, y el PP en particular, han sido una fábrica de independentistas. El nacionalismo españolista y su versión y expresión uninacional son la mayor causa del crecimiento del independentismo.
Dicho esto, me niego a creer que el gobierno Rajoy esté aplicando claras políticas represivas que están incrementando el independentismo como resultado de su incompetencia, como algunas voces de izquierdas están indicando. El Sr. Rajoy encaja perfectamente en el molde extremista del nacionalismo uninacional heredado del franquismo. Cree, como también creen muchas personas de derechas, e incluso de izquierdas, que los partidos independentistas son los responsables de haber creado este enorme movimiento en Catalunya, sin querer darse cuenta de que la realidad es precisamente lo contrario. Ha sido el hecho de ver desoídas las justas demandas de redefinición de España lo que ha convertido el deseo de reconocimiento en un deseo de separación. Y el hecho de que la visión uninacional sea todavía la dominante en España, en parte debido a la renuncia por parte de las izquierdas tradicionales de su visión plurinacional, explica el comportamiento electoralista de Rajoy, totalmente comprensible desde el punto de vista electoral, pues lo beneficia a nivel de votos.

La demanda por un referéndum

En Catalunya, según las encuestas, la mayoría favorece una consulta o un referéndum sobre si Catalunya debería separarse o  no de España. Tal apoyo va (según la encuesta) de un 70 a un 80%. Sin embargo, la mayoría no es favorable a la independencia. La prohibición del “referéndum” por parte del Estado y del gobierno Rajoy, consecuente con su historia de falta de sensibilidad hacia las peticiones provenientes de Catalunya, ha generado una gran protesta, claramente instrumentalizada por los partidos independentistas que gobiernan Catalunya, que han utilizado a su vez métodos sectarios y antidemocráticos en su instrumentalización del referéndum, el cual se ha transformado más en un plebiscito de apoyo a la independencia que en un auténtico proceso de debate democrático sobre los méritos o deméritos de tal opción, libremente expresados en los medios públicos de la Generalitat. En realidad, tales medios han sido meros instrumentos independentistas.
Esto ha dado pie a desarrollar una enorme represión contra las instituciones de la Generalitat de Catalunya que está siendo llevada a cabo por los aparatos del Estado uninacional (el judicial y el policial) bajo el gobierno Rajoy, represión que están afectando los derechos políticos y civiles de toda la población mediante medidas que, como han  indicado varios juristas y constitucionalistas de conocido prestigio (como el Sr. José Antonio Martín Pallín, fiscal y magistrado emérito del Tribunal Supremo, el Sr. Baltasar Garzón o el profesor Javier Pérez Royo), son ilegales.

Crítica a algunas respuestas de sectores de izquierdas

Ante esta situación es sorprendente el silencio de la intelectualidad española. Me parece bien que unas personas de izquierdas publicaran en El País (hoy uno de los diarios más hostiles a la transformación social y nacional de España) una carta indicando que el referéndum no es un referéndum. Debo ser una de las personas en Catalunya que ha sido más crítica con Junts Pel Sí y su mal llamado referéndum. Ahora bien, me parece muy mal que no critiquen la continua y agresiva intervención del Estado, tanto por parte del gobierno como por parte de los aparatos del Estado, dirigidos por un coronel de la Guardia Civil, procedente de una familia de Fuerza Nueva y hermano de un ex miembro del TC, hecho ampliamente conocido en Catalunya. El sistema judicial y constitucional español dista mucho de ser el sistema democrático que el país tendría si hubiera habido una ruptura con el Estado anterior. Y lo mismo ocurre con las fuerzas de seguridad. Es preocupante que miembros de la Guardia Civil saludaran a miembros de la ultraderecha que los vitoreaban cuando estaban reprimiendo manifestaciones totalmente pacíficas y no violentas. Hemos visto estos días la llegada a Barcelona de grupos civiles fascistas que están intentando agredir a la población, que se está manifestando pacíficamente. Estos mismos grupos fascistas rodearon el centro de Zaragoza, donde fuerzas democráticas estaban reunidas para realizar un acto político que pudiera contribuir a resolver uno de los mayores problemas que hoy existen en España. No ha habido ninguna detención de miembros de dichos grupos. Y los políticos que acudieron al acto tuvieron que encerrarse en el lugar donde éste se realizaba.

La llamada a la movilización democrática

Cualquier persona democrática, sea o no catalana, consciente de la historia real y no tergiversada del país, necesita movilizarse y decir NO a esta ocupación de Catalunya por los aparatos del Estado central, dirigidos por un gobierno corrupto que utiliza el Estado y sus aparatos de represión para fines partidistas y personales. Escribir ahora diciendo que el referéndum propuesto por la Generalitat de Catalunya no es legal me parece insuficiente. Lo que estamos viendo hoy es la movilización de las fuerzas herederas del fascismo, los súper patriotas de siempre, que están, como también hicieron en el 36, recurriendo a una represión que (por desgracia y como resultado de la insuficiente recuperación de la memoria histórica está contando con la simpatía de amplios sectores de la población española), reforzando así su dominio sobre España y su Estado. La victoria de Rajoy en su enfrentamiento con la Generalitat de Catalunya (conseguida, una vez más, con la pasividad del PSOE) debilitará enormemente a las fuerzas democráticas en España. De ahí la importancia de las fuerzas españolas que se reunieron en Zaragoza representando esa otra España, la plurinacional, sin la cual será también imposible resolver el gran problema social creado a su vez por el mismo Estado uninacional (también con la pasividad del PSOE). La democracia en España está en peligro y el máximo responsable de ello es la persistencia de la cultura franquista en el Estado español.

El movimiento democrático iniciado en Catalunya que debería extenderse al resto de España

La represión ha movilizado a la mayoría de las asociaciones progresistas de la sociedad civil, desde los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT, hasta los movimientos vecinales, asociaciones de pequeños empresarios, clubs de fútbol, etc. que se están organizando para oponerse a tanta represión. La gran mayoría de dichas asociaciones no son independentistas, pero se sienten ofendidas por la brutal represión que está hoy teniendo lugar en Catalunya. Y un elemento muy importante es que se ha diluido el protagonismo que los partidos independentistas y los movimientos afines como la ANC y OMNIUM CULTURAL han tenido hasta ahora, dirigiendo las movilizaciones. Los sindicatos son las asociaciones civiles más grandes de Catalunya, y junto con la clase trabajadora, que no es independentista y no se movilizó en las campañas independentistas, se están ahora movilizando para defender las instituciones catalanas y la democracia. Es significativo que los trabajadores del puerto no estén abasteciendo a los barcos que han utilizado las tropas enviadas a Catalunya para ocuparla. El movimiento pro-independentista grande, pero no mayoritario, se está ampliando en un movimiento más grande a favor de la democracia, de las instituciones catalanas y de la plurinacionalidad de España. Hoy, significativamente reunidos en el Museo de Historia de Catalunya, han aprobado un manifiesto en el que se convoca a la sociedad civil catalana a defender la democracia en Catalunya, violada ahora por el intervencionismo judicial y político del Estado español. Por el bien de Catalunya y de España es importante que se haga esta movilización de todas las fuerzas democráticas en contra de las políticas antidemocráticas y represoras que están siguiendo los herederos de la dictadura que oprimió tanto a las clases populares de los distintos pueblos y naciones de España.





Sigo con la “subida”, a destiempo, de los artículos cuyo contenido analítico me parece hacerlos candidatos a tal suerte.
Aquí les va el del día de hoy.

La lógica de la ocupación

Javier Pérez Royo

Sin negociación no hay salida. Y la negociación de la integración de Cataluña en España exige la exclusión del poder judicial y la participación de las Cortes, el Parlament y el cuerpo electoral de esta nacionalidad

“No me pregunte cómo empezó la Primera Guerra Mundial”, responde escuetamente la historiadora Margaret MacMillan al periodista que la estaba entrevistando, reafirmando con ello lo que se ha convertido en una suerte de lugar común en la historiografía reciente sobre la Primera Guerra Mundial. Nadie quería la guerra, ningún gobierno de ningún país tomó decisiones conscientemente en esa dirección, pero todos dieron pasos que acabaron conduciendo a ella de manera inexorable.

Ningún país está libre de avanzar inadvertidamente hacia la catástrofe. La mayor parte de los conflictos de una cierta entidad empiezan porque nadie piensa que se van a desarrollar de la forma en que lo acaban haciendo y que van a tener las consecuencias que acaban teniendo. ¿Se habría iniciado la invasión de Irak si el presidente Bush hubiera sabido que la invasión iba a ser lo que ha sido? ¿Habría convocado Camerón el referéndum del Brexit?

Obviamente, no se pueden comparar las relaciones entre Cataluña y el Estado español con ninguna de las situaciones a las que acabo de hacer referencia. Pero, a nuestra escala, la catástrofe que puede producirse es formidable. Y también hemos avanzado hacia ella inadvertidamente. Cuando José Luis Rodríguez Zapatero dijo en un mitin que aprobaría cualquier Estatuto que hubiera validado el Parlament, cuando se firmó el “Pacto del Tinell”, cuando el PP decidió no participar en el debate sobre la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña, descabalgando a Josep Piqué, cuando el Parlament aprobó un Proyecto de Estatuto de Autonomía que era una “carta a los Reyes Magos”, cuando tras ser corregido profundamente dicho Proyecto de Estatuto por el Congreso de los Diputados y ser aprobado en referéndum, el PP decidió recurrirlo ante el Tribunal Constitucional y maniobró de manera torticera para conseguir su objetivo, cuando el Tribunal Constitucional se dejó arrastrar por el PP adonde nunca debería haberse dejado arrastrar y dictó la sentencia que dictó...

La enumeración no es exhaustiva, sino simplemente ejemplificativa. A nadie se le ocurrió que haciendo lo que estaban haciendo podíamos acabar en el 1-0. Estoy seguro de que, si no todos, casi todos los que participaron en los actos que he enumerado no harían lo que hicieron si pudieran dar marcha atrás. Pero lo hicieron y aquí estamos. Como decía Kierkegaard, la historia se entiende hacia atrás, pero hay que hacerla hacia delante. Esa es la gran dificultad.
Ahora estamos donde estamos. Hay cosas que ya no podemos evitar, pero hay otras en las que todavía estamos a tiempo.

LA LÓGICA DE LA OCUPACIÓN SE ESTÁ IMPONIENDO DE UNA MANERA INSIDIOSA. NADIE HABLA EXPRESAMENTE DE ELLA, PERO SE ESTÁN DANDO PASOS EN ESA DIRECCIÓN

La más importante, en mi opinión, es evitar la “ocupación de Cataluña”. Con una Cataluña ocupada no puede haber democracia en España. Todavía estamos a tiempo de evitar que se produzca dicho disparate, que sería suicida. Pero no disponemos de mucho, porque la lógica de la ocupación se está imponiendo de una manera insidiosa. Nadie habla expresamente de ella, pero se están dando pasos en esa dirección. Desde los ministerios del Interior, Justicia y Economía y desde la Fiscalía General se están adoptando decisiones, que están siendo avaladas por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y la Audiencia Nacional, que, si no se corrigen, van a conducir inevitablemente a la ocupación de Cataluña y a dirigir políticamente la comunidad sin la legitimación democrática de los ciudadanos de dicha “nacionalidad”, si utilizamos el término del artículo 2 de la Constitución, o de dicha “Nación”, si atendemos a lo que se consideran a sí mismos los ciudadanos de Cataluña.

Los procesos judiciales, una vez que se ponen en marcha, son muy difíciles, cuando no imposibles de detener. Inhabilitar políticamente al nacionalismo catalán, que es lo que supondrían los procesos contra los alcaldes, que inevitablemente se tendrían que extender a todos los concejales, que se reafirmarían en la postura de sus alcaldes, a los miembros del Govern y altos cargos de la Generalitat, iniciar procesos por sedición y rebelión contra los presidentes de la ANC y ÒMNIUM, únicamente puede conducir a la ocupación de Cataluña con un alto grado de coacción física.

En la lógica de la ocupación se sabe cómo se entra, pero no cómo se sale. Exactamente igual que ocurre en la lógica del golpe de Estado. Ya nos ha pasado con el recurso contra el Estatuto de Autonomía. Se dio un golpe de Estado, quebrando la Constitución Territorial de 1978, como si lo que el Tribunal Constitucional estuviera haciendo es dictar una sentencia más de las miles que ha dictado. Desde ese momento Cataluña está sin Constitución y ahora no sabemos cómo podemos salir del laberinto en que nos hemos metido.

Si nos seguimos deslizando por el camino por el que vamos, acabaremos con Cataluña “ocupada” y con una España en la que será imposible la democracia.


Sin negociación no hay salida. Y la negociación de la integración de Cataluña en España exige la exclusión del poder judicial. Los jueces están constitucionalmente inhabilitados para participar en una negociación. No pueden hacerlo por mandato constitucional. Únicamente órganos legitimados democráticamente de manera directa pueden negociar. Y una negociación genuina no puede tener lugar con la espada de Damocles de un eventual recurso al juez, sea constitucional u ordinario. Son las Cortes Generales, el Parlament de Cataluña y el cuerpo electoral de esta nacionalidad los únicos que pueden participar en la negociación y decisión acerca de la integración de Cataluña en España.