septiembre 23, 2008

Georges Bataille LA NOCION DE GASTO

GEORGES BATAILLE (1897 - 1962)

En 1924 Bataille trabaja ya como archivista en el departamento de numismática de la Biblioteca de París, ocupación esta, la de bibliotecario y erudito bibliófilo, que realizará durante toda su vida. Este mismo año conoce a Michel Leiris y al pintor André Masson y con ellos a los surrealistas y, como no, al "papa" Breton con el que mantendrá una larga relación de disputas y desencuentros.
En 1931 conoce a Boris Souvarin y se incorpora al "Cercle Comuniste Démocratic", publicando varios artículos en su revista "La Critique Social", como "El problema del Estado" o "La estructura psiclológica del fascismo", es ahí donde en 1933 publica "La noción de gasto".
En 1935 formará Contre-Attaque, grupo definido como antifascista, antinacionalista y antidemócrata y que preconiza la revolución moral y sexual, reivindicando, entre otros, a Sade, Nietzsche y Fourier. El año siguiente, junto con André Masson e instalados en Tossa de Mar, coincidiendo con la Revolución en Catalunya, realizan la revista "Acéphale", de la que editaran 4 números. Posteriormente, junto a Roger Callois y Leiris, formara el "Colegio de Sociología sagrada". En 1946, funda la revista "Critique", aún vigente.
Durante 40 años, al mismo tiempo que frecuenta burdeles, tabernas y apasionadas relaciones amorosas, Bataille compone una obra tan lúcida como difícil de clasificar: relatos pornográficos, poemas, ensayos filosóficos, antropológicos y económicos, crítica política y literaria, e importantes escritos de arte.
Sin embargo, una idea común recorre su obra, la concepción de que la condición humana es esencialmente paradójica y que el ser humano es, ante todo, un animal contradictorio, hecho este que hace de la vida de cada individuo y de la humanidad entera una tragedia de difícil solución y que nos somete a una tensión constante entre, por ejemplo, el deseo de ganancia y el de perdida, entre la acumulación y la destrucción de energía, entre el trabajo y la fiesta o el juego, entre el cálculo y el derroche, entre la ley y su transgresión.
La humanidad afirma su condición, negando su animalidad, mediante el trabajo y el uso de útiles, lo que hace posible la aparición de la conciencia y la separación entre sujeto y objeto. Pero el trabajo, como formación de sociabilidad, exige la prohibición de la satisfacción inmediata del deseo por la ley. Trabajo y ley responden a una misma racionalidad, la de subordinar el presente al futuro y mediante ellos el humano intenta conjurar el temor a la muerte, negando la inmediatez animal para afirmar el cálculo racional que asegura la perduración de la vida. Y sin embargo lo que obtiene no es más que una vida reducida a la mera condición de subsistencia, una vida servil que se limita a reproducirse con la sola voluntad de perdurar.
Ante semejante perspectiva, la humanidad no puede dejar de negarse a sí misma, negando el mundo del trabajo y el de la ley y afirmando un retorno a lo reprimido, a esa inmediatez que mantiene al animal en una relación inmanente con el mundo. Bataille no pretende retroceder a la animalidad perdida, sino recobrar para el ser humano el valor de la animalidad negada, lo que el llama la "santidad del mal" y que reivindica como otra posible dimensión de la experiencia humana.
Por lo tanto, en el humano se da la paradoja que se define sometiéndose servilmente al trabajo y a la ley, pero al mismo tiempo solo es, cuando niega este orden de trabajo y ley. Solo cuando los humanos somos capaces de afirmar y mostrar una in-humanidad valerosa y soberana que no teme a la muerte y capaz de hacer del presente un fin, solo entonces descubrimos parte de nuestra verdadera humanidad y exploramos otra posible experiencia vital. Es esta afirmación de soberanía del ser humano y su permanente conflicto con la civilización de la humanidad servil, lo que hace posible fenómenos heterogéneos y soberanos como el juego, la fiesta, el sacrificio, el erotismo, el arte..., es decir, la manifestación de la inutilidad frente a la utilidad, la noción de gasto, de derroche, de pérdida frente a la ganancia.
Con "la noción de gasto" Bataille presentaba la nocividad que para la vida representa esta obsesión patológica por la racionalidad de la economía productiva y de la utilidad, a la que oponía la lógica de lo improductivo, del derroche y el gasto. Para ello se basó en el "Ensayo sobre el Don" en el que el sociólogo Marcel Mauss estudiaba las relaciones de sociabilidad e intercambio de los indios del noroeste americano, basado principalmente en la práctica de la "Potlatch".
Etimológicamente Potlatch era una palabra de la tribu Chinook, utilizada también por los Kawakiult de la Columbia Británica o los Tlingit de Alaska y que significa "consumido por el fuego", un regalo tenía que ser correspondido de tal manera que el que lo había recibido y aceptado, tenía que regalarlo todo hasta que no le quedase nada que dar, sólo así la deuda quedaba saldada. "Un jefe conocía a otro y le hacía un regalo y este tenía que responder con otro de más valor. El juego podía comenzar con un regalo de un collar y acabar con el incendio del poblado, aumentando la obligación del rival a limites casi imposibles". El Potlatch era parte de una gran fiesta, con comida abundante, canciones, bailes, en la que incluso se podían poner nuevos nombres a determinados lugares geográficos; podía consistir en un intercambio simbólico de cortesía y devociones, motivado por la celebración de un acto social cualquiera, un nacimiento, una boda o un funeral, e incluso podía ser considerada como una guerra simbólica, un intercambio de retos y humillaciones. Para una tribu, el rendirse y no poder superar la provocación de la otra, era admitir la humillación de que valoraba más la propiedad, los simples objetos, que el honor.
Según Mauss, "Lo ideal es dar un Potlatch y no obtener compensación". Para él el Potlatch era el eco de la Edad de Oro, la supervivencia de una forma de intercambio que una vez fue universal y que en su nivel más profundo se trataba de una forma de comunicación entre personas que no se guardaban nada.
A partir de Mauss, Bataille encontró algo muy diferente, la prueba de otra y escondida economía de pérdida y derroche, ocultada y negada por las históricas economías de la producción y acumulación. En "La noción de gasto" actualizó la noción de Potlatch, no como un pintoresco recuerdo de una época dorada, sino como una permanente idea de disolución. Al olvidar los valores absolutos de la Potlatch, en los que el valor se derivaba de la posibilidad de una perdida total de objetos y mercancías, la humanidad refundaba la civilización exclusivamente sobre el principio de utilidad encadenándose a un sistema de límites donde todo tiene su precio. Pero la civilización ya se reprodujera en el comercio mercantilista, en el capitalismo o en el comunismo de Estado, simplemente ocultaba, tapaba, el odio que la humanidad siente por la utilidad y los límites, disfrazando su lujuria por el "gasto incondicional" en actividades que "no tienen un fin en sí mismas".
Si en Mauss el Potlatch era una difusa representación de lo que en otro tiempo había sido la vida real, para Bataille una vez comprendido esto, era también una revelación de lo que podría ser la "verdadera vida". Aunque sea en estado latente la "verdadera vida" está presente en el hombre, aún en el caso de que, como ahora, esté soterrada por esta cultura masificada de consumismo que lo totaliza todo. Ocultando a esta otra cultura posible, que a su vez se muestra desfigurada en estas formas que se manifiestan dentro de la cultura burguesa y que constituyen la danza moderna de echar la propiedad por la ventana, como puede ser el adulterio, la prostitución, la mentira y el engaño, la estafa, el juego, el alcoholismo, la drogadicción...etc.
Todo lo que queda del Potlatch como acto social y público, según Bataille, es la continua humillación que la burguesía inflige a los pobres; una humillación que los pobres sólo pueden devolver a través de la Revolución, ofreciéndose así mismos a la destrucción y pidiendo a cambio más destrucción. Pero el triunfo de la burguesía esta sellado por su cultura, la cual garantiza que la "vida real" de gasto y pérdida sea sólo permitida "tras las puertas cerradas", en privado, pues en esto la burguesía se distingue de otras clases o castas "por el hecho de que se le consiente gastar sólo en sí misma y dentro de sí misma". El resultado, según Bataille, es la desaparición de "todo lo que era generoso, orgiástico, excesivo" y su sustitución por una "mezquindad universal", este es el "regalo" que debemos a esta clase tan segura de su hegemonía, tan triunfante al identificar su historia con la naturaleza, y que finalmente habiendo prescindido de la máscara y contra todo aquello que para ella está felizmente escondido y aparentemente olvidado, expone su "sórdido rostro, un rostro tan rapaz y tan carente de nobleza, tan aterradoramente pequeño y mezquino, que toda la vida humana, ante ello, aparece degradada".
Este es el ideal del Potlatch, la humillación que no puede ser devuelta. Los pobres atrapados en la promesa de que algún día podrán gastar sólo para sí mismos, se muestran incapaces de responder ante tan continuada humillación. Ni tampoco los a sí mismos llamados revolucionarios, díganse comunistas o anarquistas han podido sustraerse de la producción, prisioneros de la racionalidad y de la ficción del progreso y de la utilidad, permanecen ciegos y sordos ante la "pasión por el gasto cuyo único fin sea la perdida".


LA NOCION DE GASTO

1. INSUFICIENCIA DEL PRINCIPIO CLÁSICO DE LA UTILIDAD

En cada ocasión que el sentido de un debate depende del valor fundamental de la palabra útil, es decir, cada vez que se aborda un problema esencial referente a la vida de las sociedades humanas, cualesquiera que sean las personas que intervienen y las opiniones representadas, es posible afirmar que el debate está necesariamente falseado y que el problema fundamental queda eludido. No existe, en efecto, ningún medio correcto, dado el conjunto más o menos divergente de las concepciones actuales, que permita definir lo que es útil a los hombres. Esta laguna está suficientemente subrayada por el hecho de la constante necesidad de recurrir de la manera más injustificable a unos principios que se intentan situar más allá de lo útil y del placer: el honor y el deber son invocados hipócritamente en unas combinaciones de interés pecuniario y, sin hablar de Dios, el Espíritu sirve para disfrazar el desconcierto intelectual de algunas personas que se niegan a aceptar un sistema cerrado.

Sin embargo, la práctica habitual pasa por encima de estas dificultades elementales y parece de entrada que la conciencia común sólo puede oponer algunas reservas verbales al principio clásico de la utilidad, es decir, de la pretendida utilidad material. En teoría, ésta tiene por objetivo el placer - mas únicamente bajo una forma moderada, pues el placer violento se considera patológico - y se deja limitar en la adquisición (prácticamente en la producción) y en la conservación de. bienes por una parte, y en la reproducción y la conservación de vidas humanas por otra (hay que decir que a esto se añade la lucha contra el dolor cuya importancia basta por sí sola para denotar el carácter negativo del principio del placer introducido teóricamente en la base). En la serie de representaciones cuantitativas ligadas a esta concepción anodina e insostenible de la existencia, sólo el problema de la reproducción se presta seriamente a la controversia, por el hecho de que un aumento exagerado del número de los seres vivientes amenaza con disminuir la parte individual. Pero en su conjunto, cualquier juicio general sobre la actividad social supone el principio de que todo esfuerzo particular debe ser reducible, para ser válido, a las necesidades fundamentales de la producción y de la conservación. El placer, trátese de arte, de libertinaje admitido o de juego, queda reducido, en definitiva, dentro de las representaciones intelectuales corrientes, a una concesión, es decir, a un solaz cuya función no pasa de subsidiaria. La parte más apreciable de la vida es vista como la condición -a veces incluso como la condición deplorable- de la actividad social productiva.

Es cierto que la experiencia personal, si se trata de un hombre joven, capaz de malgastar y de destruir sin motivo aparente, desmiente en cada ocasión esta concepción miserable. Pero incluso cuando se prodiga y se destruye sin el menor reparo, el ser más lúcido ignora por qué, o bien se considera enfermo; es incapaz de justificar utilitariamente su conducta y no se le ocurre que una sociedad humana pueda tener interés, como él, en unas pérdidas considerables, en unas catástrofes que provoquen, de acuerdo con unas necesidades definidas, unas depresiones tumultuosas, unos gritos de angustia y, en último término, un cierto estado orgiástico.

La contradicción entre las concepciones sociales normales y las necesidades reales de la sociedad recuerda también, y de la manera más abrumadora, la consideración mezquina que opone el padre a la satisfacción de las necesidades del hijo que está a su cargo. Esta mezquindad impide al hijo expresar su voluntad. La solicitud parcialmente malintencionada de su padre se aplica al alojamiento, a las ropas, a la nutrición, en el mejor de los casos a unas cuantas distracciones anodinas. Pero ni siquiera tiene derecho a hablar de lo que le inquieta: está obligado a dejar creer que no siente ni percibe ningún horror. A este respecto, es triste decir que la humanidad consciente sigue siendo menor de edad: se reconoce el derecho de adquirir, de conservar o de consumir racionalmente, pero excluye por principio el gasto improductivo.

Es cierto que esta exclusión es superficial y que no modifica la actividad práctica, de la misma manera que tampoco las prohibiciones limitan al hijo, que se entrega a unas diversiones inconfesables en cuanto no está en presencia del padre. La humanidad podría o no expresar como propias unas concepciones teñidas de la insulsa suficiencia y de la ceguera paternas. En la práctica de la vida, sin embargo, se comporta de manera que satisface unas necesidades de un salvajismo atroz y ni siquiera parece capaz de subsistir si no es al borde del horror. Además, por poco incapaz que sea un hombre de doblegarse enteramente a unas consideraciones oficiales o susceptibles de serlo, por poco inclinado que se sienta a sufrir la atracción de quien consagra su vida a la destrucción de la autoridad establecida, es difícil creer que la imagen de un mundo apacible y conforme a sus cálculos pueda parecerle otra cosa que una cómoda ilusión.

Las dificultades que pueden encontrarse en el desarrollo de una concepción que no imite el modo servil de las relaciones del padre con el hijo no son, pues, insuperables. Es posible admitir la necesidad histórica de imágenes vagas y decepcionantes para uso de la mayoría que no actúa sin un mínimo de error (del que se sirve como una droga) y que, además, en todas las circunstancias, se niega a reconocerse en el laberinto resultante de las inconsecuencias humanas. Para los sectores incultos o poco cultos de la población, una simplificación extrema representa la única posibilidad de evitar una disminución de la fuerza agresiva. Pero sería una vileza aceptar como un límite para el conocimiento las condiciones de miseria, las condiciones menesterosas en las que se han formado tales imágenes simplificadas. Y si una concepción menos arbitraria está condenada a permanecer, de hecho, esotérica, si, en cuanto tal, se enfrenta en las circunstancias inmediatas a una repulsión enfermiza, hay que decir que esta repulsión es precisamente la vergüenza de una generación en la que son los rebeldes quienes temen el rumor de sus propias palabras. Por consiguiente, es imposible tenerla en cuenta.

II. EL PRINCIPIO DE LA PERDIDA

La actividad humana no es enteramente reductible a unos procesos de producción y de conservación y el consumo debe ser dividido en dos partes distintas. La primera, reductible, está representada para los individuos de una sociedad determinada, por el uso del mínimo necesario para la conservación de la vida y la continuación de la actividad productiva: es decir, se trata simplemente de la condición fundamental de esta última. La segunda parte está representada por los gastos llamados improductivos, el lujo, los lutos, las guerras, los cultos, las construcciones de monumentos suntuarios, los juegos, los espectáculos, las artes, la actividad sexual perversa (es decir, desviada de la finalidad genital) representan otras tantas actividades que, al menos en las condiciones primitivas, tienen su fin en sí mismas. Ahora bien, es necesario limitar el nombre de gasto a estas formas improductivas, con exclusión de todos los modos de consumo que sirven de salida a la producción, Aunque siempre sea posible oponer entre sí las diferentes formas enumeradas, constituyen un conjunto caracterizado por el hecho de que en cada caso se hace hincapié sobre la pérdida que debe ser lo mayor posible para que la actividad adquiera su auténtico sentido.

Este principio de la pérdida, es decir, del gasto incondicional, por contrario que sea al principio económico de la contabilidad (el gasto regularmente compensado por la adquisición), el único racional en el estricto sentido de la palabra, puede evidenciarse con ayuda de un pequeño número de ejemplos extraídos de la experiencia corriente:

1) No basta con que las joyas sean bellas y deslumbrantes, cosa que permitiría su sustitución por otras falsas: el sacrificio de una fortuna a la que se ha preferido una diadema de diamantes es necesario para la constitución del carácter fascinante de esta diadema. Este hecho debe ser relacionado con el valor simbólico de las joyas, general en psicoanálisis. Cuando un diamante tiene en un sueño una significación excremencial, no se trata únicamente de asociación por contraste: en el inconsciente, tanto las joyas como los excrementos son unas materias malditas que manan de una herida, partes de uno mismo destinadas a un ostensible sacrificio (sirven de hecho a unos regalos suntuosos cargados de amor sexual). El carácter funcional de las joyas exige su inmenso valor material y es lo único que explica la poca atención que se presta a las más bellas imitaciones, que son casi inutilizables.

2) Los cultos exigen un despilfarro sangriento de hombres y de animales sacrificados. En el sentido etimológico de la palabra, el sacrificio no es otra cosa que la producción de cosas sagradas.
Desde el primer momento, se descubre que las cosas sagradas están constituidas por una operación de pérdida: el éxito del cristianismo debe explicarse precisamente por el valor del tema de la crucifixión infamante del hijo de Dios que lleva la angustia humana a una ilimitada representación de la pérdida y de la ruina.

3) En los diferentes juegos de competición, la pérdida se produce, en general, en unas condiciones complejas. Se gastan considerables sumas de dinero para el mantenimiento de los locales, de los animales, de los instrumentos o de los hombres. En lo posible, la energía se prodiga de manera que provoque un sentimiento de estupefacción, en cualquier caso con una intensidad infinitamente mayor que en las empresas productivas. No se evita el peligro de muerte que constituye, al contrario, el objeto de una fuerte atracción inconsciente. Por otra parte, a veces las competiciones ofrecen la ocasión de primas ostensiblemente distribuidas. Asisten a ellas inmensas muchedumbres, que a menudo desencadenan sus pasiones sin ningún control y se arriesgan a la pérdida de increíbles cantidades de dinero bajo forma de apuestas. Es cierto que esta circulación de dinero aprovecha a un pequeño número de jugadores profesionales, pero esto no excluye que esta circulación pueda ser considerada como una carga real de las pasiones desencadenadas por la competición y que ocasione en un gran número de jugadores unas pérdidas desproporcionadas a sus medios; los jugadores no tienen otra solución que la prisión o la muerte. Además, según las circunstancias, diferentes modos de gasto improductivo pueden ir relacionados con los grandes espectáculos de competición: al igual que unos elementos animados por un movimiento propio son atraídos por un torbellino mayor. De esta manera, las carreras de caballos van asociadas a unos procesos de clasificación social de carácter suntuario (basta con mencionar la existencia de los jockey Clubs) y la producción ostentosa de las lujosas novedades de la moda. Hay que tener en cuenta, además, que el gasto total representado por las carreras actuales es insignificante comparado con las extravagancias de los bizantinos que relacionaban con las competiciones hípicas el conjunto de la actividad pública.

4) Desde el punto de vista del gasto, las producciones artísticas deben ser divididas en dos grandes categorías: la primera de las cuales está integrada por la construcción arquitectónica, la música y la danza. Esta categoría implica unos gastos reales. De todas maneras, la escultura y la pintura, sin mencionar la utilización de unos lugares para ceremonias o espectáculos, introducen en la propia arquitectura el principio de la segunda categoría, el del gasto simbólico. Por su parte, la música y la danza pueden cargarse fácilmente de significaciones exteriores.

Bajo su forma mayor, la literatura y el teatro, que constituyen la segunda categoría, provocan la angustia y el horror mediante unas representaciones simbólicas de la pérdida trágica (ruina o muerte); bajo su forma menor, provocan la risa a través de unas representaciones cuya estructura es análoga, pero que excluyen algunos elementos de seducción. El término de poesía, que se aplica a las formas menos degradadas y menos intelectualizadas de la expresión de un estado de pérdida, puede considerarse como sinónimo de gasto. significa, en efecto, de la manera más precisa, creación por medio de la pérdida. Por consiguiente, su sentido es próximo al de sacrificio. Es cierto que el nombre de poesía sólo puede aplicarse de manera apropiada a un residuo extremadamente raro de lo que suele designar vulgarmente y que, a falta de una previa reducción, pueden introducirse las peores confusiones; ahora bien, es imposible en una primera y rápida exposición hablar de los límites infinitamente variables entre unas formaciones subsidiarias y el elemento residual de la poesía. Es más fácil indicar que para los escasos seres humanos que disponen de este elemento, el gasto poético deja de ser simbólico en sus consecuencias. es decir, en una cierta medida, la función de representación compromete la propia vida del que la asume. Le aboca a las más decepcionantes formas de actividad, a la miseria, a la desesperación, a la búsqueda de sombras inconsistentes que sólo, pueden ofrecer el vértigo o la rabia. Es frecuente no poder disponer de las palabras más que para su propia pérdida. verse obligado a elegir entre un destino que convierte al hombre en un réprobo, tan profundamente separado de la sociedad como las deyecciones lo están de la vida aparente, y una renuncia cuyo precio es una actividad mediocre, subordinada a unas necesidades vulgares y superficiales.

III. PRODUCCION, INTERCAMBIO Y GASTO IMPRODUCTIVO

Una vez indicada la existencia del gasto como una función social, es preciso determinar las relaciones de esta función con las de producción y adquisición que se le oponen. Estas relaciones se presentan inmediatamente como las de un fin con la utilidad. Y si bien es cierto que la producción y la adquisición cambian de forma al desarrollarse e introducen una variable cuyo conocimiento es fundamental para la comprensión de los procesos históricos, no son, sin embargo, más que medios subordinados al gasto. Por muy atroz que resulte, la miseria humana nunca ha tenido un dominio suficiente sobre las sociedades como para que la preocupación de la conservación, que confiere a la producción la apariencia de un fin, domine sobre la del gasto improductivo. Para mantener esta preeminencia, como el poder es ejercido por las clases que gastan, la miseria ha sido excluida de cualquier actividad social: y los miserables no tienen otro modo de penetrar en el círculo del poder que la destrucción revolucionaria de las clases que lo ocupan, es decir, un gasto social sangriento e ilimitado.

El carácter secundario de la producción y de la adquisición en relación al gasto aparece de la manera más clara en las instituciones económicas primitivas, por el hecho de que el intercambio sigue siendo considerado como una pérdida suntuaria de los objetos cedidos: se presenta así, en la base, como un proceso de gasto sobre el cual se ha desarrollado un proceso de adquisición. La economía clásica ha imaginado que el intercambio primitivo se producía bajo forma de trueque: no tenía, en efecto, ningún motivo para suponer que un medio de adquisición como el intercambio pudiera haber tenido por origen, no la necesidad de adquirir que satisface actualmente, sino la necesidad contraria de la destrucción y de la pérdida. La concepción tradicional de los orígenes de la economía no ha sido derribada hasta hace muy poco tiempo, tan poco como para que un gran número de economistas siga representando arbitrariamente el trueque como el antepasado del comercio.

Oponiéndose a la noción artificial de trueque, la forma arcaica del intercambio ha sido identificada por Mauss bajo el nombre de Potlatch, tomado de los indios del noroeste americano que ofrecieron su tipo más notable. En muchas partes han aparecido instituciones análogas al potlatch indio, o huellas de él.

El potlatch de los tlingit, de los haida, de los tsimshian, de los kwakiutl de la costa noroeste fue estudiado con precisión desde fines del siglo XIX (pero sin ser comparado entonces con las formas arcaicas de intercambio de los demás países). Algunas de estas tribus americanas menos avanzadas practican el potlatch con motivo de los cambios en la situación de las personas - iniciaciones, matrimonios, funerales -, e, incluso bajo una forma más evolucionada, jamás puede ir separado de una fiesta, que ocasiona, o que se celebra con motivo de ella. Excluye cualquier regateo y, en general, está constituido por un don considerable de riquezas ostensiblemente ofrecidas con el fin de humillar, desafiar y obligar a un rival. El valor de intercambio del don resulta del hecho de que el donatario, para borrar la humillación y recoger el desafío, debe satisfacer la obligación, contraída por él en el momento de la aceptación, de contestar ulteriormente con un don más importante, es decir, de devolver con usura.

Pero el don no es la única forma del potlatch; es igualmente posible desafiar a unos rivales mediante espectaculares destrucciones de riqueza. A través de esta última forma, el potlatch se identifica con el sacrificio religioso, puesto que las destrucciones son ofrecidas teóricamente a los antepasados míticos de los donatarios. En una época relativamente reciente, seguía sucediendo que un jefe tlingit se presentara ante su rival y degollara alguno de sus propios esclavos ante él. Esta destrucción era devuelta en un plazo determinado por el degollamiento de un número de esclavos mayor. Los chukchi del extremo nordeste siberiano, que conocen unas instituciones análogas al potlatch, degüellan jaurías de perros de un valor considerable a fin de avergonzar y humillar a otro grupo. En el noroeste americano, las destrucciones llegan hasta los incendios de aldeas y el destrozo de flotillas de canoas. Unos lingotes de cobre sellados, especie de monedas a las que a veces se atribuye un valor ficticio que llega a constituir una inmensa fortuna, son rotos o lanzados al mar. El delirio propio de la fiesta se asocia indistintamente con las hecatombes de propiedad y con los dones acumulados con la intención de asombrar y de anonadar.

La usura, que interviene regularmente en estas operaciones bajo forma de excedente obligatorio con motivo de los potlatch de desquite, ha llevado a decir que el préstamo con interés debía sustituir al trueque en la historia de los orígenes del intercambio. Hay que reconocer, en efecto, que en las civilizaciones de potlatch la riqueza se multiplica de una manera que recuerda la inflación crediticia de la civilización bancaria: es decir, sería imposible realizar a un tiempo todas las riquezas poseídas por el conjunto de los donadores por el hecho de las obligaciones contraídas por el conjunto de los donatarios. Pero esta similitud se refiere a una característica secundaria del potlatch.

Lo que confiere a esta institución su valor significativo es la constitución de un atributo positivo de la pérdida, de la que se desprenden la nobleza, el honor y el rango en la jerarquía. El don debe ser considerado a un tiempo como una pérdida y como una destrucción parcial, ya que el deseo de destruir es trasladado en parte al donatario. En sus formas inconscientes, tal como las describe el psicoanálisis, simboliza la excreción, relacionada en sí misma con la muerte según la conexión fundamental del erotismo anal y el sadismo. El simbolismo excremencial de los cobres blasonados, que constituyen en la costa noroeste los objetivos de don por excelencia, está basado en una mitología muy rica. En Melanesia, el donador designa como si fueran sus residuos los magníficos regalos que deposita a los pies del jefe rival.

Las consecuencias en el orden de la adquisición no son más que el resultado involuntario -al menos en la medida en que los impulsos que dirigen la operación sigan siendo primitivos- de un proceso dirigido en sentido contrario. «Lo ideal, señala Mauss, sería dar un potlatch y que éste no fuera devuelto.» Este ideal se realiza a través de algunas destrucciones a las que la costumbre no conoce ninguna contrapartida posible. Por otra parte, al estar, en cierto modo, comprometidos de antemano los frutos del potlatch en un nuevo potlatch, el principio arcaico de riqueza se pone en evidencia sin ninguna de los atenuantes que resultan de la avaricia desarrollada en estadios posteriores: la riqueza aparece como adquisición en tanto que es el hombre rico quien adquiere un poder, pero está enteramente dirigida hacia la pérdida en el sentido de que este poder se caracteriza como poder de perder. Sólo se relaciona con la gloria y el honor a través de la pérdida.

Visto como juego, el potlatch es lo contrario de un principio de conservación: acaba con la estabilidad de las fortunas tal como existía en el interior de la economía totémica, donde la posesión era hereditaria. Una actividad de intercambio excesivo ha sustituido por una especie de póker ritual, de forma delirante, a la herencia como fuente de la posesión. Pero los jugadores no pueden retirarse con la fortuna a salvo: quedan a merced de la provocación. Por consiguiente, la fortuna no tiene en absoluto la función de situar a quien la posee al abrigo de la necesidad. Al contrario, permanece funcionalmente, y con ella su posesor, a merced de una necesidad de pérdida desmesurada que existe en estado endémico en un grupo social.

La producción y el consumo no suntuario que condicionan la riqueza aparecen de esta manera como utilidad relativa.

IV. EL GASTO FUNCIONAL DE LAS CLASES RICAS

La noción de potlatch en sentido estricto debe reservarse a los gastos de tipo agonístico realizados por desafío, que provocan unas contrapartidas, y más precisamente aún a unas formas que en las sociedades arcaicas no se diferencian del intercambio.

Es importante saber que, en su origen, el intercambio estuvo inmediatamente subordinado a un fin humano, pero resulta evidente que su desarrollo unido al progreso de los modos de producción sólo ha comenzado en el estadio en que esta subordinación dejó de ser inmediata. El mismo principio de la función de producción exige que los productos escapen a la pérdida, al menos provisionalmente.

En la economía mercantil, los procesos de intercambio tienen un sentido adquisitivo. Las fortunas ya no están puestas sobre una mesa de juego y se han hecho relativamente estables. Solamente en la medida en que se asegure la estabilidad y que ni siquiera unas pérdidas considerables puedan comprometerla, se someten al régimen del gasto improductivo. Los componentes elementales del potlatch reaparecen en estas nuevas condiciones bajo unas formas que ya no son tan directamente agonísticas: el gasto sigue destinado a adquirir o a mantener el rango, pero, en principio, ya no tiene como objetivo el hacérselo perder a otro.
Cualesquiera que sean estas atenuaciones, la pérdida ostentatoria sigue universalmente unida a la riqueza como su función última.

El rango social va unido, más o menos estrechamente, a la posesión de una fortuna, pero siempre a condición de que la fortuna sea parcialmente sacrificada a unos gastos sociales improductivos tales como fiestas, espectáculos y juegos. En las sociedades salvajes, donde la explotación del hombre por el hombre es todavía débil, se observa que los productos de la actividad humana no afluyen hacia los hombres ricos únicamente a causa de los servicios de protección o de dirección social que se supone que prestan, sino también a causa de los gastos espectaculares de la colectividad que deben sufragar. En las sociedades llamadas civilizadas, la obligación funcional de la riqueza sólo ha desaparecido en una época relativamente reciente. La decadencia del paganismo ha provocado la de los juegos y los cultos que estaban obligados a sufragar los romanos opulentos: por tal motivo pudo decirse que el cristianismo privatizó la propiedad, confiriendo a su posesor una disposición total de sus productos y aboliendo su función social. Aboliéndola, al menos, en tanto que obligatoria, pues el cristianismo sustituyó el gasto pagano prescrito por la costumbre por la limosna libre, bien bajo forma de distribución de los ricos a los pobres, bien, especialmente, bajo forma de donaciones extremadamente importantes a las iglesias y después a los monasterios: y fueron precisamente estas iglesias y estos monasterios los que asumieron, en la Edad Media, la mayor parte de la función espectacular.

Actualmente, han desaparecido las formas sociales, grandes y libres, del gasto improductivo. Sin embargo, esto no excluye que el mismo principio del gasto esté situado al término de la actividad económica.

Una determinada evolución de la riqueza, cuyos síntomas tienen el signo de la enfermedad y del agotamiento, lleva a una vergüenza de sí misma al tiempo que a una mezquina hipocresía. Todo lo que era generoso, orgiástico y desmesurado ha desaparecido: los temas de rivalidad que siguen condicionando la actividad individual se desarrollan en la oscuridad como si fueran vergonzosos eructos. Los representantes de la burguesía han adoptado un aspecto apagado: la exhibición de riquezas se efectúa entre cuatro paredes, de acuerdo con unas deprimentes y aburridas convenciones. Además, el acceder a una fortuna mediocre o ínfima los burgueses de la clase media, los empleados y los pequeños comerciantes, han acabado de envilecer el gasto ostentatorio, que ha experimentado una especie de parcelación y del que ya sólo queda una multitud de esfuerzos vanidosos unidos a unos fastidiosos rencores.

Con escasas excepciones, remilgos parecidos se han convertido en la principal razón de vivir, de trabajar y de sufrir de quienquiera que carezca del valor de entregar su enmohecida sociedad a una destrucción revolucionaria. En torno a los bancos modernos al igual que en torno a los mástiles totémicos de los kwakiutl, el mismo deseo de deslumbrar anima a los individuos y les arrastra a un sistema de pequeños alardes que les ciega a unos contra otros como si estuvieran ante una luz demasiado fuerte. A pocos pasos del banco, las joyas, los trajes, los coches aguardan en los escaparates el día en que servirán para establecer el creciente esplendor de un siniestro industrial y de su anciana esposa, más siniestra aún. Un peldaño más abajo, unos relojes dorados, unos aparadores de comedor, unas flores artificiales prestan unos servicios no menos inconfesables a unas parejas de tenderos. Entre un ser humano y otro la envidia se libera como en los salvajes, con una brutalidad equivalente: sólo han desaparecido la generosidad y la nobleza, y con ellas, la espectacular contrapartida que los ricos ofrecían a los pobres.

Como clase poseedora de la riqueza, y que con ella ha recibido la obligación del gasto funcional, la burguesía moderna se caracteriza por la negativa de principio que opone a esta obligación. Se ha distinguido de la aristocracia en que sólo ha consentido en gastar para sí, en el interior de sí misma, es decir, disimulando sus gastos, en la medida de lo posible, a los ojos de las demás clases. Esta forma particular se debe originariamente al desarrollo de su riqueza a la sombra de una clase noble más poderosa que ella. A estas concepciones humillantes de gasto restringido correspondieron las concepciones Nacionalistas que desarrolló a partir del siglo XVII y que no tienen otro sentido que una representación del mundo estrictamente económica, en el sentido vulgar y burgués de la palabra. El odio hacia el gasto es la razón de ser y la justificación de la burguesía, al mismo tiempo que el principio de su horrible hipocresía. Los burgueses utilizaron las prodigalidades de la sociedad feudal como una acusación fundamental y, después de haberse apoderado del poder, se creyeron obligados a practicar, gracias a sus hábitos de disimulo, una dominación aceptable para las clases pobres. Y es justo reconocer que el pueblo es incapaz de odiarles tanto como a sus antiguos señores: en la medida en que, precisamente, es incapaz de amarles, pues les resulta imposible disimular, al menos, una faz tan sórdida, tan rapaz, tan innoble y tan horriblemente mezquina que toda la vida humana, al verles, diríase degradada.

En contra de ellos, la conciencia popular se ha limitado a conservar profundamente el principio del gasto representando la existencia burguesa como la vergüenza del hombre y como una siniestra anulación.

V. LA LUCHA DE CLASES

Al esforzarse a la esterilidad en lo que se refiere al gasto, de acuerdo con una razón que lleva cuentas, la sociedad burguesa sólo ha conseguido desarrollar la mezquindad universal. La vida humana sólo halla una agitación capaz de satisfacer unas necesidades irreductibles en el esfuerzo de quienes llevan al extremo las consecuencias de las habituales concepciones racionalistas. Los restos de los modos de gasto tradicionales han tomado el sentido de una atrofia y el viviente tumulto suntuario se ha perdido en el increíble desencadenamiento de la lucha de clases.

Los componentes de la lucha de clases existen en el proceso del gasto a partir del período arcaico. En el potlatch, el hombre rico distribuye unos productos que le proporcionan otros hombres miserables. Intenta elevarse por encima de un rival rico como él, pero el último grado de elevación buscado no tiene otro objeto necesario que el de alejarle más de la naturaleza de los hombres miserables. De este manera, el gasto, aunque sea una función social, se convierte inmediatamente en un acto agonista de separación, de apariencia antisocial. El hombre rico consume la pérdida del hombre pobre creando para él una categoría de ruina y abyección que abre las puertas a la esclavitud. Ahora bien, es evidente que, de la herencia indefinidamente trasmitida del mundo suntuario antiguo, al mundo moderno le ha tocado en suerte esta categoría, reservada actualmente a los proletarios. Es indudable que la sociedad burguesa, que pretende gobernarse de acuerdo con unos principios racionales y que tiende, además, por su propia dinámica, a realizar una cierta homogeneidad humana, no acepta sin protestas una división que parece destructiva del hombre en sí, pero es incapaz de llevar la resistencia más allá de la negación teórica. Concede a los obreros unos derechos iguales a los de los patrones, y escribe ostentosamente esta igualdad en las paredes: pese a ello, los patronos, que actúan como si fueran la expresión de la sociedad, se preocupan -más gravemente que de cualquier otra cosa - en señalar que son completamente ajenos a la abyección de los hombres empleados por ellos. El fin de la actividad obrera es producir para vivir, pero el de la actividad patronal es producir para entregar a los productores obreros a una espantosa ruina: pues no existe disyunción posible entre la calificación buscada en los modos de gasto propios del patrono, que tienden a elevarla muy por encima de la bajeza humana, y la misma bajeza de la que es función dicha calificación.

El oponer a esta concepción del gasto social agonista la representación de los cuantiosos esfuerzos burgueses que tienden al mejoramiento de la suerte de los obreros no es más que una expresión de la cobardía de las modernas clases superiores, que ya no tienen la fuerza de reconocer sus destrucciones. Los gastos emprendidos por los capitalistas para socorrer a los proletarios y darles ocasión de ascender en la escala humana sólo demuestran la impotencia - por agotamiento - de llevar hasta el fondo un proceso suntuario. Una vez realizada la pérdida del hombre pobre, el placer del hombre rico se ve Poco a poco vaciado de su contenido y neutralizado: es reemplazado por una especie de indiferencia apática. En tales condiciones, a fin de mantener, pese a unos elementos (sadismo, piedad) que tienden a turbarlo, un estado neutro que la misma apatía llega a hacer relativamente agradable, puede resultar útil compensar una parte del gasto que engendra la abyección por un nuevo gasto que tienda a atenuar los resultados del primero. El sentido político de los patronos, sumado a determinados períodos parciales de prosperidad, ha permitido en ocasiones conceder una amplitud notable a este proceso de compensación. Es así como en los países anglosajones, especialmente en los Estados Unidos de América, el proceso primario sólo se produce a expensas de una parte relativamente débil de la población y como, en cierta medida, la propia clase obrera ha sido llevada a participar en él (sobre todo cuando la cosa era facilitada por la existencia previa de una clase considerada como abyecta de común acuerdo, como la de los negros). Pero estas escapatorias, cuya importancia queda, por otra parte, estrictamente limitada, no modifican en nada la división fundamental de las clases de hombres en nobles e innobles. El cruel juego de la vida social no varía a través de los diferentes países civilizados donde el esplendor insultante de los ricos pierde y degrada a la naturaleza humana de la clase inferior.

Es preciso añadir que la atenuación de la brutalidad de los amos - que no se refiere tanto a la destrucción en sí misma como a las tendencias psicológicas a la destrucción - corresponde a la general atrofia de los antiguos procesos suntuarios que caracteriza la época moderna.
Inversamente, la lucha de clases se convierte en la forma más grandiosa del gasto social cuando es asumida y desarrollada, en esta ocasión por cuenta de los obreros, con una amplitud que amenaza la misma existencia de los amos.

VI. EL CRISTIANISMO Y LA REVOLUCIÓN

Al margen de la revuelta, ha sido posible a los miserables provocados rechazar cualquier participación moral en un sistema de opresión de unos hombres sobre otros: en determinadas circunstancias históricas, han conseguido, en especial a través de unos símbolos aún más contundentes que la realidad, rebajar toda la «naturaleza humana» hasta una ignominia tan horrible que el placer de los ricos en medir la miseria de los demás se hacía repentinamente demasiado agudo para ser soportado sin caer en el vértigo. De esta manera se instituía, independientemente de todas las formas rituales, un intercambio de desafíos exasperados, sobre todo por parte de los pobres, un potlatch en el que la basura real y la inmundicia moral desvelada rivalizaban en una igualdad horrible con todo lo que el mundo contiene de riqueza, de pureza y de resplandor: y a este modo de convulsiones espasmódicas se le abrió una salida excepcional mediante la desesperación religiosa que constituía su explotación sin ambages.

Con el cristianismo, la alternancia de exaltación y de angustia, de suplicios y de orgías, que constituye la vida religiosa, fue llevada a conjugarse con un tema más trágico, a confundirse con una estructura social enferma, desgarrándose a sí misma con la más inmunda crueldad. El canto de triunfo de los cristianos glorifica a Dios porque ha entrado en el juego sangriento de la guerra social, porque ha «derribado a los poderosos de lo alto de su grandeza y ha enaltecido a los miserables». Sus mitos asocian la ignominia social y la ruina cadavérica del ajusticiado al esplendor divino. Así es, como el culto asume la función total de oposición de fuerzas de sentido contrario repartidas hasta entonces entre los ricos y los pobres, con la cual unos consuman la perdición de los otros. Se relaciona estrechamente con la desesperación terrestre, el no ser en sí más que un epifenómeno del inconmensurable odio que divide a los hombres, pero un epifenómeno que tiende a sustituir al conjunto de los procesos divergentes que resume. De acuerdo con las palabras atribuidas a Cristo, en las que dice que él ha venido para dividir, no para reinar, la religión no intenta, pues, en absoluto hacer desaparecer lo que algunos consideran como la lacra humana: al contrario, bajo su forma inmediata, en la medida en que su movimiento ha permanecido libre, se complace en una inmundicia indispensable para sus tormentos extáticos.

El sentido del cristianismo aparece en el desarrollo de las consecuencias en verdad delirantes del gasto de clases, o lo que es lo mismo en una orgía agonista mental practicada a expensas de la lucha real.

Sin embargo, por mucha importancia que haya adquirido en la actividad humana, la humillación cristiana sólo es un episodio en la lucha histórica de los innobles contra los nobles, de los impuros contra los puros. Es como si la sociedad, consciente de su intolerable desgarramiento, se sumiera durante un tiempo en una embriaguez total, a fin de gozarla sádicamente: la embriaguez más completa no ha agotado las consecuencias de la miseria humana y, como las clases explotadas se oponen a las clases superiores con una lucidez creciente, no se puede asignar ningún límite concebible al odio. Unica en la agitación histórica, la palabra Revolución domina la confusión habitual y lleva consigo unas promesas que responden a las exigencias ilimitadas de las masas: una simple ley de reciprocidad exige la esperanza de ver abocados al miedo a los amos, a los explotadores cuya función es crear unas formas despreciables que excluyen la naturaleza humana - tal como esta naturaleza existe en el límite de la tierra, es decir, como barro-, en la gran noche en que sus bellas frases serán ahogadas por los gritos homicidas, de las masas amotinadas. Ahí reside la sangrienta esperanza que se confunde cotidianamente con la existencia popular y que resume el contenido insubordinado de la lucha de clases.

La lucha de clases sólo tiene un final posible. la pérdida de aquellos que se han esforzado en perder la «naturaleza humana»
Pero sea cual fuere la forma de desarrollo emprendida, revolucionaria o servil, las convulsiones generales constituidas, dieciocho siglos atrás por el éxtasis religioso, y actualmente por el movimiento obrero, deben representarse igualmente como un impulso decisivo que obliga a la sociedad a utilizar la exclusión de unas clases por otras para realizar un modo de gasto tan trágico y tan libre como sea posible, al mismo tiempo que para introducir unas formas sagradas tan humanas que las formas tradicionales pasan a ser, comparativamente, despreciables. El carácter trópico de dichos movimientos es lo que confiere el valor humano total de la Revolución obrera, susceptible de operar una atracción tan irresistible como la que dirige los organismos simples hacia el sol.

VII. LA INSUBORDINACION DE LOS HECHOS MATERIALES

La vida humana,. diferenciada de la existencia jurídica y tal como se ha desarrollado realmente en un globo aislado en el espacio celeste, del día a la noche, de una región a otra, no puede en absoluto permanecer limitada a los sistemas cerrados que le han asignado unas concepciones razonables. El inmenso trabajo de abandono, de sangría y de tempestad que la constituye podría expresarse diciendo que sólo comienza con el déficit de esos sistemas: cuanto orden y reserva admite sólo adquiero sentido, al menos, a partir del momento en que las fuerzas ordenadas y reservadas se liberan y se pierden para unos fines que no pueden sujetarse a nada capaz de ser contabilizado. Es únicamente mediante dicha insubordinación, incluso miserable, que la especie humana deja de estar aislada en el esplendor incondicional de las cosas materiales.

De hecho, y de la manera más universal, aisladamente o en grupos, los hombres se hallan constantemente implicados en unos procesos de gasto. La variación de las formas no provoca ninguna alteración de los caracteres fundamentales de estos procesos cuyo principio es la pérdida. Una cierta excitación, cuya cantidad se mantiene en el curso de las alternativas en un estiaje sensiblemente constante, anima las colectividades y las personas. Bajo su forma acentuada, los estados de excitación, asimilables a unos estados tóxicos, pueden definirse como unos impulsos ilógicos e irresistibles al rechazo de unos bienes materiales o morales que habría sido posible utilizar racionalmente (de acuerdo con el principio del balance de cuentas). A dichas pérdidas se halla relacionada -tanto en el caso de la «mujer perdida» como en el del gasto militar- la creación de valores improductivos, el más absurdo de los cuales y al mismo tiempo el que provoca mayor avidez es la gloria. Completadas por la ruina, la gloria, tanto bajo formas más bien siniestras como particularmente admirables, no ha dejado de dominar la existencia social y sigue siendo imposible emprender nada sin ella cuando está condicionada por la práctica ciega de la pérdida personal o social.

Asi es como el despilfarro inmenso de la actividad arrastra las intenciones humanas -incluidas aquellas que van asociadas a las operaciones económicas - al juego calificativo de la materia universal: en efecto, la materia sólo puede definirse mediante la diferencia no lógica que representa en relación a la economía del universo lo mismo que el crimen representa en relación a la ley. De igual manera que la ley jamás puede excluir el crimen, la gloria que resume o simboliza (no enteramente) el objeto del gasto libre no puede diferenciarse de la calificación, siempre que nos refiramos a la única calificación que tiene un valor comparable al de la materia, a la calificación insubordinada, que sólo es condición de sí misma.

Si imaginamos por otra parte el interés, coincidente con el de la gloria (tanto como con el de la ruina), que la colectividad humana relaciona necesariamente con el cambio cualificativo realizado con perseverancia por el movimiento de la historia, si suponemos finalmente que dicho movimiento es incapaz de contenerse o de dirigirse hacia un objetivo limitado, es posible, abandonando cualquier reserva, atribuir a la utilidad un valor relativo. Los hombres aseguran su subsistencia o evitan el sufrimiento no porque esas funciones representen por sí mismas un resultado suficiente, sino para acceder a la función insubordinada del gasto libre.

septiembre 21, 2008

"FOBAPROA" GRINGO


Con tal de poner fin (¿o solo un freno temporal?) a la crisis financiera que se desato estos últimos días el Departamento del Tesoro gringo saco un plan de rescate por cerca de 700 mil millones de dólares. Por lo visto este mega rescate se asemeja mucho al Fobaproa mexicano, nada mas que a la medida de gringolandia.
Aunque hace falta todavía que sea aprobado por el legislativo, al igual que su hermano mexicano estamos ante la puesta en practica de la famosa regla:

Privatización de las ganancias
Socialización de las perdidas.

O como dice un cuñado mío: Capitalismo para los pobres y socialismo para los ricos.

Algunos “analistas” (hasta de los mas izquierdozos) piensan que con esta mega crisis financiera nos encontramos ante el fin del “ignominioso capitalismo financierista” (sic)… francamente no lo creo… después de este “historico rescate” (por la suma de los recursos involucrados) los Estados legislaran en el sentido de un mayor control sobre las reglas del juego económico y especialmente financiero (cambiando incluso algunas de estas)… pero no dejarán de ser los Estados de siempre, es decir las “administraciones políticas” cuya finalidad es asegurar la reproducción de las elites que ejercen la dominación así como la de la riqueza… no de las naciones… sino del capital… por lo que en la próxima crisis los veremos nuevamente aplicar la inamovible regla: privatización de las ganancias y socialización de las perdidas.

¡Pobres gringos…pobre de nosotros!

septiembre 18, 2008

LOS MERCADOS... "EL" MERCADO


De la plaza del mercado

a la plaza comercial


Al buscar la definición de “mercado” en diversos diccionarios me encontré con estas tres:

1.- Lugar público en el que los productores (campesinos, artesanos, etc.) se reúnen para proponer en forma directa sus productos a los consumidores.

2.- Lugar público con tiendas o puestos de venta donde se comercia con alimentos y otros productos para la subsistencia y diversas necesidades primarias de la vida.

3.- Lugar teórico donde se encuentran la oferta y la demanda de productos y servicios y en el cual se determinan los precios.

Como casi siempre (supongo que en parte así trabaja la mente) lo primero que me vino a la mente fueron imágenes. Una “iluminación” de la edad media (estas magnificas ilustraciones sin perspectiva y de intensos colores que acompañaban muchos manuscritos), una foto borrosa de mis padres llevándome de la mano a recorrer los puestos del mercado que todos los jueves se ponía en la plaza del pueblo, una muchedumbre ausente caminando por los pasillos de un “centro comercial”… y algo indefinido, invisible, que resulta imposible visualizar, de no ser la imagen televisiva de unos jóvenes encorbatados (todos hombres) que en el piso de remates de la bolsa de valores (¿cuál bolsa para cuáles valores?) gritan y gesticulan con un frenesí… no menos incomprensible que la letanía de los números y las cifras que el locutor “especializado en asuntos financieros” va salmodiando.

La primera definición con sus imágenes corresponde a la idea que me hago (no se si realmente avalada por la verdad histórica) de los mercados en la Edad Media, así como también de los que he podido ver en pueblos y ciudades indígenas de un cierto México que se niega a morir (aunque en alguna medida revistan cierta apariencia de tarjetas postales, por la presencia de los inevitables turistas en busca de una añorada “autenticidad” perdida).

La segunda definición con sus imágenes que son recuerdos, remiten al final de los años cincuentas y principios de los sesentas. Un mundo que en aquel entonces me parecía imperecedero y que sin embargo, unos cuantos lustros después, ya dejo de existir. Ya no eran los productores quienes montaban sus puestos para comerciar con los productos por ellos fabricados o cultivados, eran unos intermediarios, comerciantes que se dedicaban a comprar para revender. Sin embargo, tratándose de productos manufacturados estos eran todavía casi artesanales sin mucha sofisticación tecnológica y tratándose de productos agrícolas estos eran todavía naturales, traídos de los alrededores de la comarca. Lo cual era cierto no solo en los puestos al aire libre del mercado semanal, sino también en las pocas y pequeñas tiendas del pueblo… solo los electrodomésticos, que eran todavía un lujo y para la compran de los cuales teníamos que tomar de los ahorros duramente ganados a base de horas extras, tenían nombres que denotaban una procedencia desconocida y quizás incluso extranjera.

Que se trate de la lejana Europa de seis siglos o seis decenios atrás o del México indígena de hoy, el mercado era (es) perfectamente delimitado tanto en el espacio (en tal plaza o tal calle) como en el tiempo (tal día de tal hora a tal hora). Era (es) algo sensible, aprensible para los ojos, el oído, el olfato, el tacto… eran (son) gritos, colores, olores, texturas.
Quienes vendían y quienes compraban, intercambiaban, se relacionaban. Quien vendía sabia el esfuerzo que le había significado el hacer o cultivar el producto que ponía a la venta, incluso si lo había comprado para revenderlo, quien lo compraba sabia el esfuerzo, el trabajo, que le había costado hacerse de las monedas o los billetes que tenia que sacar de su bolsillo para hacerse con el producto necesitado, a veces deseado.
El precio no era una verdad abstracta, objetiva e indiscutible, sino el resultado de una negociación. Todavía hoy en día en ciertos mercados, quien no regatea es considerado como un “estúpido” que se merece que le cobren mas de la cuenta. La razón de regatear no es solo el saber que si no se hace le cobraran un precio mayor, sino participar de la fijación del “justo” valor de la mercancía, tanto para quien la fabrico y/o vende como para quien la compra. Me acuerdo perfectamente que en mi pueblo ciertos comerciantes (no todos, mas bien pocos) si bien tenían un precio “oficial” escrito con gis en una pequeña pizarra, estos vendían el producto a un precio mas asequible a quienes consideraban como mas necesitados (me acuerdo porque éramos de estos).

En los mercados, la transacción no se resume únicamente a una impersonal operación de compra venta, se establece una relación social que muchas veces la rebasa, con el tiempo se llega a desarrollar una relación de tipo personal (aunque solo dure el tiempo de la transacción). Es lo que en el idioma francés la antigua acepción del verbo comerciar significaba “tener relaciones sociales con una o varias personas”. Al tiempo que se compra se platica del tiempo, de la familia, de la salud, etc., etc. Con frecuencia se entabla alguna conversación sin real interés, casi de pura “cortesía”, mas sin embrago también ocurre con cierta frecuencia que se debata de la vida, de política. Las plazas o calles donde se montan los mercados eran (siguen siendo donde esto se da) el agora de la antigüedad. Si no me equivoco en la Grecia de la antigüedad el agora albergaba primero el mercado antes de constituirse en el centro político de la ciudad.
En suma la circulación de las mercancías y el dinero era parte de una circulación mas amplia de informaciones y decisiones. Incluso durante mucho tiempo, los comerciantes ambulantes, que iban de pueblo en pueblo o de ciudad en ciudad montando sus escaparates, eran quienes difundían las noticias, propagaban las ideas nuevas, las herejías.



Hoy EL mercado no solo ya no tiene nada que ver con “los” mercados anteriormente mencionados, sino que en casi todos los aspectos “EL” mercado de hoy es lo opuesto a dichos mercados.

EL mercado ya no tiene limites ni espaciales ni temporales. Las operaciones de compra venta ya no tienen lugar en un espacio definido en un tiempo definido, las transacciones son globales y permanentes.
Tampoco se da la limitante cualitativa y cuantitativa. En los mercados, que podemos calificar de tradicionales, las operaciones tenían que ver con unos productos bien definidos, “reales”, “palpables” tanto para el cuerpo como para la mente. Las transacciones que involucraban se daban por un monto relativamente reducido, a “escala humana”, para la satisfacción de necesidades o deseos bien identificados, ellas o ellos también a “escala humana”, ya sea de un individuo, de una familia o cuando mucho de una comunidad. En EL mercado siguen dándose operaciones de compra venta de carácter “particular” por montos “reducidos”, pero los mayores volúmenes de las transacciones tienen un carácter virtual. La relación directa entre productor y/o vendedor y comprador se ha desvanecido en provecho de una serie de reglas abstractas que nos son presentadas como sometidas a leyes intangibles, inamovibles, incuestionables, las famosísimas “leyes del mercado”, cuyo enunciado casi todos conocemos, casi nadie “vive” (en el sentido de poner en practica de forma reflexiva) pero que todos (eso si, todos) padecemos.
Estas transacciones son procesos abstractos, imposibles de concebir (percibir y entender en tanto que totalidad) a partir de una experiencia directa. Si bien siguen existiendo mercancías o servicios que se siguen vendiendo y comprando en todas partes y en todos tiempos, no es posible tener acceso al conjunto de estos actos de no ser a través de un modelo de interpretación… de preferencia matemático. Modelo que en su complejidad conjunta un sin numero de variables y factores exógenos al núcleo económico de todo orden, político, psicológico, etc., los cuales se pretende reducir a un simple mecanismo en el cual se encontrarían una oferta y una demanda que determinarían un precio. Esto es particularmente patente en el mercado financiero y el mercado del trabajo, de lejos los dos mas importante para cualquier economía (aunque el del trabajo aparenta encontrarse en franca recesión, que no es mas que su transformación, cuando el financiero adquiere cada día mayor importancia, relevancia y preponderancia a pesar de sus altas y bajas). En lo tocante al mercado financiero basta recordar que este es el reino de la especulación y en cuanto al mercado del trabajo basta tratar de contestar la pregunta ¿quien oferta y quien demanda?
Si el mercado “tradicional” era limitado al mundo de los productos de la naturaleza y los objetos manufacturados, EL mercado virtual no tiene limite alguno, todo se vende y se compra… absolutamente todo… todos los aspectos de la existencia humana son (pueden ser) objeto de alguna transacción comercial… desde el nacimiento hasta la muerte... el cuerpo como la mente… el ente per se como la totalidad de sus relaciones con la globalidad del entorno.

EL mercado no es una construcción de la cual podamos libremente participar o que podamos rechazar, no es la materialización de unas leyes racionalmente concebidas por el hombre, es un hecho institucional, hegemónico, incuestionable, inmaterial, inasequible tanto para el cuerpo como para la mente, fuera del alcance de toda intervención humana… es un Dios… al que hay que servir, obedecer, someterse… ciegamente… con la debida fe y humildad.
Un Dios con su religión, sus templos sus sacerdotes y sus fieles.

Durante mucho tiempo su religión fue el Trabajo, hoy todavía vigente pero poco a poco e inexorablemente suplantada por el Consumismo. Claro que el Trabajo sigue siendo sino insustituible si necesario, pero lo que posibilita la creencia en este Dios, lo que le insufla vida es el Consumo. No hay día que no nos arrodillemos ante el Mercado con tal de poder saciar nuestro irrefrenable necesidad de consumir, lo que sea, cuando sea, como sea… pero consumir… para consumir vivimos… vivimos para consumir… y el Dios Mercado es quien nos da vida. Como toda dialéctica entre la divinidad y la religiosidad se requiere de un Dios que nos de vida y de una religión que no proporcione una razón para vivir.

Como toda creencia en un Dios y toda religión que exprese y materialice dicha creencia, se requiere de unos sacerdotes o seres privilegiados que son los únicos en poseer el necesario conocimiento de este Dios para poder ser los intermediarios, los guías entre dicho Dios y nosotros sus adoradores y fieles creyentes. Hoy en día estos sacerdotes son los economistas, los portavoces de los grandes grupos financieros, los intelectuales que presentándose como expertos en todo y nada (pretenden ser sociólogos, filósofos, psicólogos, economistas, etc., todo al mismo tiempo… los nuevos Leonardo Da Vinci del siglo XXI) y valiéndose de su “carisma telegénico” hacen la función (como los califico el sociólogo Pierre Bourdieu) de “perros guardianes” del nuevo orden planetario nacido de la incestuosa copulación del mercado y la democracia.

En cuanto a los templos de esta nueva religión del consumo, estos crecen como hongos después de la lluvia. Los hay parecidos a las iglesias donde va uno para cumplir con los rituales y las obligaciones que impone la religión. Son los supermercados en los cuales las compras sustituyen los rezos. Si cuanto mas se reza mas se acerca uno al Dios creador y mas se le sirve, cuanto mas se compra mas se acerca uno al Dios mercado y mas se le sirve.
El comprar en un supermercado se asemeja mucho al ritual de la misa y el rezo… un automatismo… la interminable letanía de un unos textos aprendidos de memoria y sin el mas mínimo intento de cuestionamiento (o por lo menos de comprensión de su sentido profundo, si es que lo hay) desde la mas tierna infancia. Si terminada la misa, se retira uno con la satisfacción y el sentimiento de paz que lo embarga al haber dado gracias a su Dios (¿de que?... ¡de todo!), lo mismo sucede después de haber llenado su carrito con todo lo necesario y mucho mas… sobre todo por la “parte maldita”(*) del gasto superfluo e innecesario que reafirma nuestra humanidad al sabernos capaces de satisfacer algo mas que nuestras meras necesidades primarias… animales.
Antaño lugares de culto, las catedrales no son hoy mas que imponentes monumentos que los turistas visitan deambulando por sus pasillos, extasiados de tanta maravilla expuesta a sus ojos, pero “inalcanzable”, tanto al tacto como para su entendimiento… al igual que los centros (o plazas) comerciales, estas catedrales del consumo a las que vamos a practicar nuestra religión de consumidores. Siempre hay mucha mas gente en los pasillos viendo las vitrinas que en las tiendas… evidentemente que de vez en cuando alguien va de compras pero no hay duda de que una gran parte de quienes se pasean por estos centros esta ahí para pasar el rato, porque fuera de su horario de trabajo no sabe como emplear su tiempo. Que mayor placer que el de “perderse” en estos espacios que nos muestran todo lo que quisiéramos poder comprar… no importa si no podemos hacerlo, lo importante (iba a decir vital) es que podamos reafirmar nuestra pertenencia, no a la elite que si puede hacerlo, sino a la “especie humana” y el “sistema” que son capaces de ofrecernos “tantas cosas tan bellas”.
Catedrales del consumo virtual, estos espacios cerrados, confortables, seguros (verdaderos capullos o vientres maternales), nos permiten, a nosotros eternos ausentes, materializar nuestra ausencia soñando y entreteniéndonos… incapaces que somos de vivir la realidad mas allá del trabajo y el consumo.
Se dice que estos centros comerciales tienden a suplir la función social de la plaza central de los pueblos y ciudades, cuando mas bien son el contrario de toda cultura ciudadana, la negación del espacio publico donde se mezclaban los ciudadanos departiendo sobre los asuntos privados y debatiendo los de la polis.

Como dijo el escritor y cineasta norteamericano David Mamet, solo nos queda desear que “reaparezcan la Calle Mayor y la Plaza del Mercado con sus cafés, y podamos recuperar los placeres de la lectura, la escritura, el cotilleo, la observación mutua y todas las demás cosas que hacen girar al mundo, si es que gira”.



(*) Es un verdadero placer leer la obra del inclasificable “pensador y escritor” francés Georges Bataille, “La part maudite”. Publicada en 1949, esta obra prácticamente desconocida, es el único libro en el cual Georges Bataille haya intentado sistematizar su visión del mundo: filosofía de la naturaleza, del hombre, la economía, la historia. A leer sin falta… ¡y a gozar!

agosto 10, 2008

CASO FERNANDO MARTI: DE SECUESTRADORES Y ASESINOS.


NOSOTROS TAMBIEN
CONDENAMOS LA IMPUNIDAD Y LA VIOLENCIA...
PERO DE LOS HARP HELU
QUE A DIARIO ASESINAN Y SECUESTRAN NUESTRAS VIDAS.

Hace algunos días nos amanecimos todos con la noticia de que un joven de 14 años había sido encontrado muerto (en avanzado estado de descomposición) en la cajuela de un automóvil. Que se trataba de Fernando Marti, hijo del dueño de las tiendas de deportes Marti, quien había sido secuestrado y asesinado por sus captores.
Como cualquier persona (iba a escribir ciudadano de a pie, pero me percate a tiempo de que, al igual que todos, no soy ciudadano ni de a pie ni de ninguna especie) me pareció una barbaridad que se secuestre y asesine una persona, y mas si se trata de un joven de 14 años.


Sin embargo (no me acuerdo si este mismo día o al siguiente) otro hecho, ligado al anterior, me hizo (y no tengo empacho en decirlo) arrepentirme de esta primera reacción en caliente… y es que me “reventó” que, en todos los periódicos de circulación nacional (y quizás también en los regionales), se le diera tanta importancia a la carta publicada por el señor Alfredo Harp Helú.


Para mi esta carta abierta era y es ¡¡el colmo de la hipocresía!!.


Mezclado en el cuerpo de la misma una frase en particular me revolvió el estomago: “Dinero. ¡Qué poco valor puede tener el dinero si la vida de un ser humano está en juego!”… y si esta frase me revolvió el estomago la que cerraba la carta me hizo vomitar (aclaro que en sentido figurado): “Condenamos la impunidad y la violencia”.


El colmo de la hipocresía y el fariseísmo.


Porque en fin… ¿Quien es el señor Alfredo Harp Helú?.


Nada menos que el ex dueño de Banamex, el mayor banco mexicano antes de su compra por el Citigroup (venta por la cual, sea dicho de paso, parece que no pago ni un solo centavo de impuestos en prejuicio de la hacienda nacional). En el año 2005, en la famosa lista de Forbes de los hombres mas ricos del mundo ocupaba el rango 413, con la nada despreciable suma de 1.6 billones de dólares (cuando en México se estima que 18 millones de personas viven en situación de extrema pobreza, definida esta como el vivir con menos de un dólar diario). También es el dueño de Avantel la segunda empresa mexicana de telecomunicaciones después de Telmex, empresa cuyo dueño es su primo Carlos Slim Helú, quien ocupa hoy en día el primer lugar de dicha lista de Forbes. Podemos agregar que como todo buen “ricachón” que se respeta, cuida su buena consciencia encabezando su propia fundación filantrópica (lo cual como todos sabemos, además de su aspecto caritativo tiene una finalidad eminentemente fiscal).


Pues bien… resulta que el señor Harp Helú, con los de su misma calaña, secuestran y matan diariamente con la mas total impunidad. No solo con la mas total impunidad, sino que se les considera como los verdaderos héroes de estos tiempos modernos en los cuales las mayores virtudes y los mayores valores son los que se desarrollan en el campo de la economía, en el cual se compite para ser el que tiene las mayores aptitudes y obtiene los mejores resultados para “triunfar” aplastando y aniquilando a los rivales, sean empresas o naciones con todo y sus empleados o habitantes.


En su conjunto, estos señores, magnates que se enriquecen sobre la miseria de los demás, matan a diario, no decenas, no centenas, sino miles de personas… por desnutrición crónica (dicho mas claramente y sin tapujos, de hambre), por enfermedades (que en otras latitudes se consideran como benignas e inofensivas) y en conflictos armados que se libran (con la sangre de los demás) con el único propósito de defender sus intereses e incrementar su poderío.


En su conjunto, estos señores, secuestran a diario, no decenas, no centenas, no miles, sino millones de seres humanos… a quienes, no solo en el trabajo sino en a lo largo de toda su vida, les roban su existencia, su humanidad, para rebajarlos a simples seres cuyo único propósito viable es el de la sobrevivencia física y el deambular en este mundo sin “alma” desde su nacimiento hasta su muerte en una espantosa miseria “espiritual” (obviamente no en el sentido religioso sino en lo que hace precisamente que un ser sea humano y no animal, el uso y disfrute de las capacidades del intelecto así como de los valores de vida tales como la libertad, la justicia, la armonía).


Así que, por favor, el señor Alfredo Harp Helú no nos venga con que condena la impunidad, de la cual el y sus semejantes disfrutan a perpetuidad, ni la violencia que el y sus similares ejercen diariamente… cuando la única razón de su llanto no es la desgracia y el dolor sufridos por algunos de sus iguales, sino aportar su granito de arena a la “política de defensa y salvaguarda de la seguridad” brutalmente amplificada desde el 2001 en México y a nivel mundial, con el único y verdadero objetivo de proteger sus intereses de los posibles ataques de quienes podrían ya no estar dispuestos (algunos ya no lo están) a aguantar sus criminales fechorías.

agosto 05, 2008

ENALTECIENDO AL TERRORISMO


Iñaki de Juana Chaos es un miembro de ETA que en su momento fue condenado a 3,000 años de cárcel por 25 asesinatos que se le imputaron. De estos 3,000 años cumplió 18 al término de los cuales, de acuerdo con las leyes españolas de aquel entonces, se le puso en libertad.
A su salida del centro penitenciario, fue juzgado por otro delito -enaltecimiento del terrorismo y amenazas- por unas cartas suyas publicadas en el diario Gara. El Supremo le impuso una pena de tres años. Al haber purgado esta pena, se le acaba de dejar nuevamente en libertad.
Apenas con un pie en la calle al tal Iñaki se le ocurrió mandar, al diario Gara, una nueva carta dirigida a los asistentes al homenaje que se le tributó el sábado a su salida de prisión. Carta en la cual aseguraba que el fallecido Txomin Iturbe, número uno de ETA en los años ochenta, era "un gran hombre" y "amigo de este pueblo".
Pues bien el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz ha abierto nuevas diligencias pretendiendo averiguar si con este mensaje Juana de Chaos incurrió de nuevo en el delito de enaltecimiento del terrorismo.

Soy ciudadano francés y no se si las leyes españolas se aplican a cualquier persona independientemente de cual sea su nacionalidad… y como no tengo la menor idea de quien era el tal Txomin Iturbe, como tampoco tengo especial simpatía por ETA… me permito decir que Bin Laden “era y es un gran hombre” (lo piense o no, para el caso, es irrelevante). Por lo que espero que algún juez español, francés, gringo, o de cualquier otra nacionalidad, tenga a bien abrir alguna diligencia en mi contra para averiguar si tal afirmación se puede considerar como un enaltecimiento del terrorismo… y en caso de ser así, aplicarme la pena correspondiente. La cual según el articulo 578 del Código penal español es de uno a dos años de cárcel… suponiendo así mismo que en el caso de la “justicia buschiana” lo mas indicado seria mandarme a Guantánamo.

En todas las constituciones de los países pretendidamente democráticos, en alguno artículo se garantiza la libertad de opinión… y en casi todos estos Estados hay mil maneras y argucias legaloides para restringir esta a su más minima expresión posible.

“Nada es sagrado, todo puede decirse. Cada quien tiene derecho de expresar y profesar a titulo personal cualquier opinión, cualquier ideología, cualquier religión. Ninguna idea es censurable, ni la mas aberrante, ni la mas odiosa.” Raoul Vaneigem.

“No comparto lo que expresas, sin embargo luchare siempre para que puedas seguir manifestándolo libremente.” Voltaire.

“El mundo es habitable solo a la condición de que nada sea respetado.” Georges Bataille.

julio 20, 2008

¡NO VOTES... RESISTE!


Si fuese posible cambiar la vida mediante el voto…
hace mucho tiempo
que las elecciones estarían prohibidas.

El votar no consiste en la elección, en tiempos y espacios predeterminados, de quien o quienes, pretendiendo representarme, tomaran en mi lugar las decisiones que construyen la comunidad de la cual formo parte (mas como producto de la casualidad que por decisión propia)… ¡NO!... el único voto “con sentido ciudadano” no es mas que una de las múltiples modalidades mediante las cuales yo, al igual que todos mis iguales, decido del como, cuando, donde y porque de todo lo que constituye el lazo(*) humano, social y político, que libremente me une a todos y cada uno de mis iguales…
y si en la construcción de estos lazos comunitarios decidimos que, como parte de la “materialización”, o inclusive “institucionalización”, de esta libre asociación, es necesario elegir algunos de nosotros para integrar diversas instancias administro-gubernativas, encargadas de la implementación de las decisiones tomadas por mi y mis iguales, estos no serán mas que los mandatarios de quienes habremos previamente tomado las decisiones… los cuales en todo momento y lugar deberán de rendirnos cuenta de su actuar y podremos destituir, sin mas tramites que la expresión de nuestra voluntad (**). Lo que los zapatistas de hoy llaman bellamente el "mandar obedeciendo".

¿¡Utopia!?... seguramente si sigues votando para escoger quien te someterá a su voluntad y sus intereses.
Quizás no… si estando a tu alcance, decides luchar y resistir participando de la destrucción (o deconstrucción) del principio de dominación que quiere que unos pocos manden y muchos otros obedezcan… porque… si EL manda es porque TU obedeces.

La fractura no se encuentra entre el rico y el pobre, el explotado y quien lo explota… estas no son mas que consecuencias de la originaria partición… entre quien ejerce la dominación y quien se somete, voluntariamente o no, a esta.
Si bien es cierto que la dominación económica y la dominación política se retroalimentan una con otra… dominación son tanto la una como la otra.

Si luchas por liberarte de la sumisión… en esta resistencia… rehúsate a ejercer la dominación.
De lo contrario la lucha por el sueño libertario se vera engullida por la pesadilla de la lucha por el poder. Como en la Revolución francesa, la Comuna de Paris o el corto verano libertario español del 36… a la hidra quizás logres cortarle una cabeza pero solo será para que crezca otra…. y otra…. y otra.

(*) Traducción literal del termino francés “lien” que en sociología designa el conjunto de las relaciones, representaciones, valores, etc. que unen los individuos pertenecientes a una misma colectividad.
(**) No se trata de integrar un gobierno ni mucho menos una administración de expertos, sino de escoger quienes elegidos por sus iguales servirán de enlace entre los distintos eslabones de la estructura constitutiva de la libre asociación.

julio 18, 2008

DE COHERENCIAS

caricatura de "el roto".

julio 12, 2008

BUSCANDO RESPUESTAS


Hoy es sábado. Como todos los sábados, desde hace muchos años, desde siempre, toda la familia se reunirá en casa de uno de los hijos. Hoy le toca a Jaime, el próximo sábado a Marina y el siguiente a Carlos. En realidad tendría que nombrar a Maite, Marina y Simone… después de todo son ellas, las mujeres, quienes preparan la comida y tienen que cumplir con su rol de anfitrionas. Pero dos, al igual que quien esto escribe, en alguna medida son ajenas a la familia. Son las nueras y el yerno. Años atrás Emiliana (a quienes todos, por algún motivo que me es desconocido, nombran cariñosamente Lala), la mama, la abuela y desde hace algunas semanas la bisabuela, participaba también de este rol en tanto que cocinera y anfitriona. Hoy cargando con los achaques de la edad, su rol se limita al de invitada de honor… cada día mas ausente, por su sordera pero también por su inexorable alejamiento de este mundo… abrazada por sus recuerdos. Sobre todo desde que su esposo se le adelanto, hace algún tiempo.

Esta comida sabatina, al igual que las vacaciones de Navidad, son un ritual al que todos tienen, tenemos, la obligación de asistir. Algunos participan, otros no, pero todos asisten. Los mas chicos todavía no se sientan a la mesa… por falta de espacio… y por chicos. Pero a medida que crecen se acercan. Todavía no comen, pero ya se sientan al lado de los comensales. De preferencia sus padres. Primero escuchan pero poco a poco participan de la convivencia, toman la palabra… y claro, al ser el futuro de la familia cuando otros empiezan a ser el pasado, se les escucha cada día con mas atención. Se van ganado su lugar en la tradición… el ritual.

Pues hoy, resulta que mis dos hijos… ya en edad de sentarse a comer desde hace algún tiempo… no asistirán al sabatino ritual. Tuvieron la ocurrencia (algunos dirán la osadía) de hacer caso omiso de esta sana costumbre para ir a casa de Roberto.
Roberto, el ausente, el desconocido del que no se habla pero esta en la mente de todos, quien desde lo lejos… no solo empieza a minar la concordia familiar… sino el personaje de quien se sospecha pueda envenenar la mente de los sobrinos y nietos mas grandes. El papa, quien esto escribe, no vislumbra tal peligro (mas adelante veremos porque) y la mama tiene sus dudas pero se las guarda.
Y es que el tal Roberto esta iniciando al mas grande a la “tradición maya”, y este hoy se lleva a su hermano menor para que conozca al tal Roberto y se haga una idea de lo que es la tan nombrada… pero desconocida de todos… tradición maya.
Sea lo que sea, todos temen por la perdida del alma atea de la inocente victima. Es que en esta familia, todos somos, hemos sido (y esperamos que sigamos siendo) ateos de pura sepa. Si tengo mis dudas a cerca del ateismo de algunos, de lo que si no hay la menor duda es de su anticlericalismo. Y esta muy bien, yo mismo soy profundamente anticlerical y agnóstico. Abriendo un paréntesis… puede ser que exista una pequeña diferencia entre ser ateo y agnóstico, pero para el caso es lo mismo. Digamos simplemente que el ateo niega la existencia de Dios, cuando el agnóstico considera inaccesible para su entendimiento la noción de lo absoluto, el fundamento de la deidad.
Habiendo cerrado este paréntesis… la “tradición maya”, ninguno de nosotros sabe lo que es, ni tiene la mas remota idea… pero, eso si, suena a religión. El peligro esta en casa… y faltando todavía algunas horas para el ritual (eso de “ritual” también me suena a un origen que de alguna manera tiene que estar emparentado con lo religioso) no se cual será la reacción de la familia (o cual ha sido desde que saben de la ausencia de mis hijos y el motivo de la misma) pero me lo imagino… creo que sin muchas probabilidades de que me equivoque. Rechazo, preocupación… quizás declarado y expresado, quizás silencioso, casi seguramente silencioso (diplomacia o salvaguarda de la unidad familiar obliga)… pero eso si seguro rechazo y sincera preocupación.

Como de costumbre… en pos de la armonía familiar y porque me considero incapaz de hilvanar mas de tres palabras seguidas en publico… escuchare esta explicita reprobación o la sentiré en el pesado y espeso silencio… pero no diré esta boca es mía.

Pero si puedo permitirme imaginar cual seria mi contribución a este interesante debate… en caso de que se diera y me atreviera a ser participe de el.

Recurriendo a mis vicios de ex periodista, empezaría con el encabezado: “buscando respuestas… ejerciendo su libertad”.

Siendo la introducción (o puesta en escena) todo lo escrito hasta ahorra, vamos directamente al desarrollo de la exposición.

Parte una. En busca de una respuesta.
Mis hijos, al igual que ustedes, al igual que yo, son unos animales… vertebrados y mamíferos diría la bióloga de la familia… pero miembros de pleno derecho del reino animal. Con una pequeña (o grande si quieren) diferencia en relación a la vaca, el perro o el simio… la consciencia. Resulta que tienen (lejos de mi pensar que alguna desconocida entidad se las dio) la capacidad de pensar. Consciencia y capacidad de pensar (quizás casi lo mismo, pero no lo mismo) que los lleva a hacerse preguntas, a preguntar… y por lo mismo a buscar respuestas.
Se que mucho prefieren no preguntar… y mucho menos buscar respuestas. Por lo general se considera tal ejercicio como un pasatiempo para vagos e ilusos… además de ser potencialmente peligroso… primera razón, por lo general inconfesada, por evitar a toda costa hacerlo.
Sin embargo (o por lo menos es lo que creo), solo ejercemos nuestra humanidad haciéndonos, haciendo, preguntas… y esforzándonos en tratar de contestarlas. Bueno… no solo… pero si es una condición primera.
Y la pregunta mas importante, la mas básica, mas elemental, de la cual se derivan todas las demás… pero también la mas difícil de contestar… es ¿Por qué hay algo, en vez de que no haya nada?. Es la pregunta que todo ser que se dice o se pretende humano, se hace y contesta, simplemente existiendo… la respuesta que funda y expresa su existencia (lo lleva del ser, nacer y vivir al existir) en tanto que ser en su unicidad y ser social.
Algunos no aceptan (no se conforman con) la respuesta que les brinda su vida en este tiempo y este espacio, buscan respuestas mas allá de estos tiempo y espacio en los cuales no “encajan”, se sienten sin vida, afectados por un vacío (una falta o ausencia de ser) que necesitan llenar con algo mas que lo que su “entorno” les ofrece.
A mi entender (a falta de preguntar… y no tengo la mas remota intención de hacerlo) esta es la búsqueda que Xavier emprende acercandose a la “tradición maya”.

Parte dos: Ejerciendo mi libertad…. respetando la de los demás.
¿Por qué no preguntar? Simplemente porque soy (o por lo menos he pretendido serlo, sin lograrlo siempre) respetuoso de su libertad.
Mi sentir (mi convicción) es que todo ser humano tiene el derecho a ejercer su libertad, en la mas absoluta libertad. ¡Vaya construcción tautológica!. La libertad es sin duda uno de los principios, los fundamentos mismos, de la humanidad del ser. Quien no es libre, o mejor dicho no ejerce su libertad (ser libre no depende únicamente de uno mismo… ejercerla muchas veces si) difícilmente puede considerarse a si mismo como un ser plenamente humano… siempre tendrá algo de gregario. Será de la “raza” de los sumisos… se puede ser parte de los dominados sin serlo de los sumisos.
Para mi el único limite a la libertad del ser humano (en tanto que individuo como en tanto que ser miembro de la comunidad) es la libertad de los demás. Mientras mi libertad no niegue la de los demás, puedo hacer lo que me parezca, debo poder hacer lo que quiera.
Por esto puedo estar en total desacuerdo con el comportamiento, la actitud, el accionar de alguna persona (con mayor razón si es alguien que quiero) y sin embargo no me reconozco el derecho a prohibirle dicho accionar, ni siquiera a condenarlo. Obviamente (¿Por qué obviamente?) me reconozco el derecho a disentir, a expresarle mi desacuerdo, incluso a enojarme con el y hacerle sentir mi molestia, pero nunca a emplear argumentos o comportamientos de autoridad que impliquen sumisión. Juzgar si… condenar nunca.
No aceptar la sumisión, no ejercer la dominación. Si esta “regla de oro” (por lo menos para mi) es difícil de seguir en las relaciones sociales, por lo menos que se intente respetarla, cumplirla, en las relaciones con los seres mas cercanos, mas queridos.

Concluyendo.
Por esta sencilla razón (sencilla de expresar mas no tanto de cumplir) es que puedo hacerme preguntas en cuanto a la influencia de Roberto y la “tradición maya” sobre mi hijo… pero es un ser humano que como tal tiene la mas absoluta libertad de hacerse preguntas y buscar respuestas. No hay preguntas prohibidas… y menos respuestas que se puedan autoritariamente calificar de equivocadas… simplemente porque dicha respuesta no me parece… a mí… la correcta.
Si para el es la correcta, la que contesta de la mejor forma a su pregunta… que bueno… es mas, me alegro por el. Cuantos habemos que no encontramos respuestas y que tantos otros que ni siquiera se hacen preguntas.

junio 11, 2008

¡QUE TIEMPOS AQUELLOS!


Acuerdo de los Veintisiete para ampliar la semana laboral por encima de las 48 horas.

Tomado del periódico "El País" del 10/06/2008

La Unión Europea ha aprobado esta medianoche ampliar por encima de las 48 horas la semana laboral, un derecho social consagrado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hace 91 años. Los ministros de Trabajo de los Veintisiete han dado luz verde a la propuesta de la presidencia eslovena que permitirá a cada Estado miembro modificar su legislación para elevar la semana laboral vigente de 48 horas hasta 60 horas en casos generales y a 65 para ciertos colectivos como los médicos.

Los miembros de la UE están divididos entre los que reclaman una mayor flexibilidad laboral, encabezados por Reino Unido y Alemania, y los que optan por acabar con las excepciones que permiten trabajar más de 48 horas semanales, liderados por España. El ministro español de Trabajo, Celestino Corbacho ha dicho que ampliar la jornada sería un "retroceso en la agenda social".

El opting out británico, que ha ejercitado el Reino Unido desde el año 1993 y permite que cada trabajador pueda pactar con su empresario "libremente" el tiempo de trabajo, se va a convertir en norma general europea. En cualquier caso, la directiva deberá ser aprobada por el Parlamento Europeo.

La iniciativa de aumentar la jornada laboral se encontraba paralizada desde hace tres años por la oposición de países como Francia, España e Italia, principalmente, que ejercían la minoría de bloqueo. Con la llegada de Silvio Berlusconi al poder, Italia fue la primera en abandonar el frente de la defensa del derecho social. Posteriormente, el presidente francés Nicolas Sarkozy y el premier británico Gordon Brown pactaron que si el Reino Unido apoyaba la reforma de las agencias de trabajo temporal, otra directiva que se discute paralelamente, Francia apoyaría el aumento de jornada.

España, por el contrario, mantiene su oposición a la directiva. Según el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, "supondría una regresión social". Con la nueva directiva de tiempo de trabajo se consagra el free choice, la libertad de elección del trabajador en materia de jornada. Los Estados miembros podrán modificar su legislación y permitir que los trabajadores alcancen acuerdos individuales con sus empresarios sobre la duración de la jornada, hasta un máximo de 60 horas semanales en los casos generales y de 65 en los casos especiales como los médicos. Este tiempo se computa como promedio durante tres meses, lo cual significa que las jornadas podrán alcanzar hasta las 78 horas.

Alejandro Cercas, eurodiputado socialista, considera que la directiva "supone un grave retroceso que convierte el derecho laboral europeo en un material de usar y tirar". "Es un precedente peligroso", añade, "que luego se puede aplicar a salarios y a condiciones de higiene y abre la puerta al dumping social". En su opinión, "dejar al trabajador que pacte a solas con el empresario es renunciar a toda la historia legal y de lucha social colectiva".

La directiva de la Unión Europea permitirá que el periodo inactivo de las guardias de los médicos no sea considerado tiempo de trabajo, en contra de lo que ha dictaminado el Tribunal de Justicia de la UE.
La Confederación Estatal de Sindicatos Médicos ha advertido de que si se aprueba la directiva podría convocarse una huelga en toda Europa.

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He aquí una muestra de las mas de 300 reacciones reportadas en el web del diario "El País".

Los políticos en Europa son meros títeres controlados por lobbies.

Que será lo siguiente? Eliminar las vacaciones? Jornadas de 14 horas? Esto suena a tiempos pre-leninistas. Increíble las vueltas que da la historia. Estamos volviendo a los comienzos de la revolución industrial en cuanto a derechos de los trabajadores. Y sin vaselina ni nada. Bueno si, la Eurocopa.

Después de esto ¿que nos va a quedar? ¿Dejarán a las empresas que nos bajen el sueldo unilateralmente?, ¿Dejarán de pagarnos las vacaciones?... Estamos perdiendo en poquísimo tiempo derechos que han costado siglos. Me gustaría ver las jornadas que hacen los que han votado a favor. De todos modos por desgracia, en España, el que no alargue la jornada laboral, y encima sin contraprestación, por lo menos un 20%, que tire la primera piedra...

Y las cadenas y grilletes nos los traemos de casa o nos las pone la empresa gratis?

No queríamos liberalismo pues toma liberalismo al estilo decimonónico, si ya las grandes empresas producen todo en países con nulos derechos laborales, ahora para competir hay que volver a la mina 14 horas diarias y los niños hasta 12 años 8 horas, sino al tiempo. De todas formas tampoco hay que rasgarse las vestiduras, aquí tenemos la costumbre de calentar la silla en la oficina 12 horas y tan panchos, a agachar la cabeza y pelotear por si acaso te ascienden a subjefecillo ayudante de segunda clase.

¿Dónde están los sindicatos?. ¿Qué dicen?. Hay silencios clamorosos.

Estos !!representantes¡¡ de los ciudadanos comunitarios, me temo que jamás han trabajado, viven de los presupuestos que nos esquilman miserablemente, y nos quieren devolver al siglo XIX, por favor paren este tren que me bajo, con la dictadura al menos sabíamos donde estaba el enemigo, ahora resulta que estos (demócratas) son peores, y además nos demuestran con sus propuestas, que además de parásitos son incompetentes. Salud.

¿Pactar libremente con el empresario? Será que el empresario ordena y el trabajador agacha la cabeza o se queda sin el curro... vamos para atrás señores

Claro, bla, bla, bla y luego si se hace una huelga general, vamos cuatro y el del tambor. Y luego se extrañan de este tipo de medidas... O acaso creen que los avances en materia laboral que se han conseguido a lo largo de los siglos se hicieron "pactando" con el empresario. Más bien hubo que arrancarlos a base de lucha. Pero hoy en día, sólo pensar que nos van a descontar el sueldo de un día nos da horror, aunque después nos lo estén quitando por todos lados con el empeoramiento de nuestras condiciones de trabajo. No nos da más allá que para pensar "si me descuentan un día, este mes no me da para comprarme X". Triste, pero real. Esta sociedad consumista nos tiene con la cabeza debajo de su pie.

A veces, solo fugazmente, cuanto echo de menos el muro de Berlín y todo lo que suponía de contrapunto. Estos mercaderes que gobiernan el mundo, están pidiendo una revolución a gritos, llegará un momento, que su propia codicia desencadene el desastre. Uno es cada día más comprensivo con los anarquistas.

A la calle YA! no os fiéis de los sindicatos porque están comprados.

HUELGA GENERAL YA!!.. Hay que acabar con la manipulación de los grandes capitales que habiendo más petróleo que hace 20 años lo venden el doble de caro...se han dado cuenta que pueden cerrar el grifo y venderlo como gotas de oro mientras no nos quejemos..Hay que organizarse y LUCHAR !!!...Huelga General YA!


Nos suben el euribor convirtiendo en prohibitivas nuestras hipotecas y nos endosaron el euro que dobló el precio de los alimentos. Pero qué buenos son que nos dejan trabajar más horas para que podamos pagarlo. Estamos tardando en salir a la calle.

HUELGA YA!!!!, estoy indignada! ¿Este es el famoso progreso? ¿Esto es la Europa de la "calidad de vida"? Mi padre, con 82 años, lloraba ayer al ver por el barro tanta lucha tirada por la basura.

Mucho hablar pero poco hacer... Hay que actuar ya, y no va a valer con un día o dos, esta lucha será muy larga, mas de lo que creemos.

España no voto a favor.. pero tampoco en contra... que manera de oponerse es esa???

Si al final dará igual, nos quedaremos currando lo que diga el jefe, como toda la vida

Estamos gobernados por las grandes empresas guerra al capitalismo!!!

El problema de la competencia con los países emergentes como China no se resuelve convirtiéndonos en chinos, sino no importando productos de aquellos países que exploten al trabajador. La globalización no se puede convertir ahora en una diosa a la que hay que ofrecer sacrificios humanos, como parece que nos quieren hacer creer.

La frase "free choice, libertad de elección del trabajador en materia de jornada" está a la altura de los "daños colaterales" o la "guerra humanitaria" cuanto menos. Hay que reconocer que los capitalistas son ingeniosos y saben como llevar a las masas. Pero bueno es lo que la gente vota y la democracia es soberana.

Defendimos nuestros derechos y privilegios olvidando que en otros países la gente pasaba calamidades por una distribución injusta de la riqueza. Los obligamos a trabajar en situación de esclavitud en "sus" países y en los "nuestros", y a nadie escandalizaba. Pensábamos que nuestro modo de vida estaba garantizado, y que el pequeño peaje que debíamos pagar era permitir que algunos se enriquecieran de forma desorbitada. Creímos que su progreso era el nuestro. Ahora su poder es tan grande que nos llevan a una globalización también de las condiciones de trabajo y esclavitud. Somos cooperadores necesarios de nuestra propia ruina, y todo gracias a nuestra falta de visión, a nuestro egoísmo y a nuestra incapacidad para ser consecuentes con lo que en un momento determinado defendimos para nosotros y negamos a los demás con nuestra indiferencia. Quizás no sea demasiado tarde para comprender lo que significa la sostenibilidad. Sobre todo implica ser conscientes de que nuestra actitud diaria, personal y colectiva, condiciona el funcionamiento de toda la sociedad. Algunos querrían volver atrás en el tiempo cuando todo era jauja y las urbanizaciones crecían por doquier y el trabajo no faltaba. Todavía no se han enterado de que ese fue el principio del fin. Lo que nos vendieron como desarrollo era todo lo contrario, la primera fase de nuestro sometimiento.

Alucino con el discurso ramplón de unos cuantos. ¿Cómo se puede llamar vagos a aquellos que lo único que quieren es tener tiempo en sus vidas para estar con sus hijos, pareja o amigos, para leer, ir al cine, en definitiva: para hacer uso de su condición de ser humano? Los que tengan complejo de animal de carga y no sepan qué hacer con su tiempo libre, están en su derecho de presumir de su animalidad, pero que no pretendan imponérnosla al resto de la humanidad. Está propuesta europea es un claro ejemplo de que la libertad y los derechos no se regalan, se pelean. Así que a ver si vamos espabilando todos un poco.

¡Hay que ser competitivos! Si seguimos como hasta ahora, las economías emergentes nos van a comer. Lo que hay que hacer es crear campos de trabajo para que no se pierda ni una hora de energía productiva en traslados y otras zarandajas. Tiempo de trabajo infinito. Eso sí, siempre que el trabajador esté de acuerdo (¡Más le vale!) Además, hay que adelantar la edad de inicio al trabajo. Una persona ya está preparada para trabajar, al menos a los 8 años (Siempre que ellos y sus padres estén de acuerdo (¡Más les vale!)

No nos han pedido opinión!!!! Los trabajadores somos nosotros!!!! Todos a protestar!!! A la calle!!!

Si ya que estamos... no dormimos y solamente trabajamos... Que es esto? Trabajar para vivir? o Vivir para trabajar? donde esta la vida social entonces? Me parece vergonzoso que aun haya gente que diga esas barbaridades.

La cuestión no es trabajar mas, es vivir mejor y con esta forma de vida nunca nos ira bien

Si trabajan más los que ya tienen empleo, lo que harán será destinar las horas extras a pagar el paro. Conclusión, lo mejor es estar en paro y cobrando el subsidio social que nos pagan los que trabajan.

Nos la van clavando poquito a poco, como quien no quiere la cosa... y el día menos pensado estaremos currando 60 horas semanales para pagar una hipoteca a 50 años por un piso de 40 metros cuadrados; con un hijo por familia (porque no habrá quien pueda mantener más). Eso sí: cochecito molón y pantalla de plasma para ver la liga. COMO NO NOS UNAMOS ESTAMOS PERDIDOS

Y de dónde va a salir el tiempo para la reflexión, para el enriquecimiento personal, para la familia, para la tertulia...., sólo habrá trabajo y para qué, para seguir consumiendo desmesuradamente? No entiendo de macroeconomía, pero añoro otras épocas en que había tiempo para todo aunque hubiera menos comodidades.

Una vergüenza, van a legalizar no pagar las horas extras, porque no van a subir los sueldos. ¿Negociación empresa-empleado? Vaya chufleo.

Y yo me digo, ¿qué jornadas laborales tienen los diputados? ¿Por qué dejamos nuestro futuro en manos de gente tan alejada de la realidad?

Cuando acuda a un hospital en estado grave y le atienda un médico que lleve trabajadas esa semana 65 horas y ese mismo día 22 continuadamente no le exija un buen hacer, ni responsabilidad, ni nada. No estará en condiciones de ser un buen médico.

¿Donde están los sindicatos? que despierten, ya tardan. Esto no se puede tolerar. Hay que parar Europa. Hay que echar a los eurodiputados a la calle. ¿Para cuando la primera huelga general europea?

La UE era, es y será una Unión de Empresarios, aunque os la hayan vendido como otra cosa. El que haya pensado que en una Unión de Empresarios los trabajadores tenían algo que ganar, y no mucho que perder, ha sido un iluso. Yo no, esto se venia venir, pero yo pagaré el pato de la "Unión", como todos. Trabajadores, bienvenidos de vuelta a la esclavitud sin máscara ni maquillaje. Como toda la vida.

Así será mi vida: 6:00 a.m. Me levanto, me ducho, una hora de coche y al tajo. 7:30 a.m. Llego al curro. 13:30 p.m. Descanso de una hora para la jalufa. 14:30 p.m. Vuelta al tajo. 19:30 p.m. Finalizo la jornada laboral y pa´casa. 20:30 p.m. Llego al hogar, ducha, cena y dos besos a los niños. 22:00 p.m. Totalmente sobao -ni crios, ni mujer, ni tv, ni lectura ni na de na- Todo esto de lunes a sábado, para que te levantes el domingo pensando que al día siguiente tienes que ir al tajo. Dios, que vida más gris.

"¿free choice, libertad de elección del trabajador en materia de jornada?" ¿Pero a qué prostitución del idioma estamos llegando? ¿Es el trabajador quién elige su jornada o el empresario el que la impone? Un siglo para conseguir derechos laborales y una noche para destruirlos. Ahí está: es el nuevo fascismo europeo: no utiliza cruces gamadas ni camisas negras; utiliza el terrorismo económico. Ahí están los nuevos führer: Sarkozy, Brown, Medvedev, Berlusconi... ¿Y nosotros? Nosotros saldremos a ka calle, claro, pero sólo si gana España en la Eurocopa.

Lógicamente tantas horas de trabajo será para pagarles el Salario a los Eurodiputados, crear mas Organismos Oficiales. Por favor Eurodiputados que no se les olvide homologar el látigo para darles en las espaldas, esto es muy importante, pero cuando el pueblo no aguante no va a respetar a nadie, no habrá lugar donde huir. Después no digáis que el pueblo esta salvaje cuando os cuelguen en un árbol, con la cabeza para abajo, aunque no valéis ni lo que vale una cuerda para colgaros. A lo mejor se hace la Cámara para provocar una inestabilidad en toda Europa, de forma encubierta, pues sobramos muchos. Vaya lió intencionado que vais a provocar, y si no lo provocáis es que ya no servís para nada. Serafines

La pregunta es: Por qué aprobar algo que el pueblo desaprueba? Si el pueblo de Europa no quiere incrementar la jornada laboral... por qué hacerlo?. Quién domina y a quién le beneficia esto?

Dejad que El Gran Hermano piense por nosotros. La culpa no es de ELLOS sino nuestra por comulgar con ruedas de molino.

Ejemplo: voluntariamente yo no trabajaré el máximo de horas que la ley consentirá que lo haga, voluntariamente mis compañeros de trabajo sí lo harán, voluntariamente mi jefe cuando tenga que decidir a quien suprime de la plantilla no lo tendrá difícil, o cuando necesite ascender a alguien voluntariamente no se lo pondré muy difícil. La mancha neo liberal se extiende por toda Europa y no sé que opciones tenemos de poder resistir el tirón.

Lo peor de todo esto es que se pretende dar carta de naturaleza a la negociación individual, siguiendo el viejo principio de "divide y vencerás", para robar a los trabajadores toda la fuerza de la negociación colectiva. ¿Alguien me puede decir dónde están y qué hacen los sindicatos europeos?

¿Trabajar para vivir, o vivir solo para trabajar?, conozco a gente que trabaja esas horas y mas, eso si ganan mucho dinero, pero no les envidio porque no les queda tiempo para vivir y solo se vive una vez, como dice un refrán no es mas feliz el que mas tiene, sino el que menos necesita, volver por decreto y a la fuerza al siglo diecinueve," ni hablar", conmigo que no cuenten.

A trabajar tío! que si no vienen los chinos (o los indios de la India) y nos comen vivos! a trabajar tío! que hicieron nuestros padres y nuestros abuelos? trabajar tío! que será de nuestro hijos y nietos trabajando 35 horas por semana? se los comerán los chinos (o los indios de la India). A trabajar tío! pero que pandilla de holgazanes este Zapatero e compañía! a trabajar tío!

No pienso ser un esclavo antes me hecho al monte.

"Produzca más, invirtiendo (y/o pagando) menos dinero. Práctica un nuevo retroceso y la confirmación de la claudicación absoluta del poder político frente al poder empresarial. Es vergonzosa la actitud de la UE, dogmatizando y haciendo proselitismo del capitalismo más salvaje de los últimos 40 años mientras medio planeta desfallece y la otra las pasa canutas para llegar a fin de mes. Eso sí, los servidores del dividendo han elegido la celebración de la Eurocopa para metérnosla doblada de nuevo. ¿Alguien sabe a cuánto está el kilo de alma?

¡Qué maravilla! Empiezan a sonar las campanas de crisis y los burócratas quieren que curremos un 30 % más... ¿nos pagarán más dinero? Lo dudo... Como todas las crisis... los ricos acabarán más ricos y los pobres terminaremos peor, como siempre... Venga, UE, lo próximo... ¡Derecho de Pernada para todos los empresarios ya!

Es normal. Para pagar mas habrá que ganar mas y para ello habrá que trabajar mas. Es pura lógica...

En fin al final tendremos que salir a la calle y hacer una noche de los cristales rotos pero de mansiones, porque si te callas, los que tienen dinero siempre quieren mas y mas y no saben porque y ni les importa. Yo solo quiero vivir, dejarme vivir. Si herís al pueblo esté se volverá muy peligroso

Salarios chinos, horarios chinos y precios europeos. Ya están aquí, llegaron ya!!!

¿Y para cuando una subida de sueldos acorde a las horas que realmente trabajamos, a los beneficios de nuestras empresas y al precio real de la vida? Está claro que esos señores no son ciudadanos de la UE, son privilegiados, que no tienen por qué preocuparse del futuro que dejan a sus hijos, ya heredan sus privilegios.

Que buena idea y porque no nos quedamos en la oficina a vivir y así no tenemos que pagar hipotecas! Madre trabajadora una hora para llegar, ocho que siempre se convierten en casi nueve horas trabajando, otro para comer y otra hora para llegar a casa vamos a ver salgo de casa a las 08.00 y llego sobre las 20.00 ahora añadimos unos cuantos horas más. Y mis hijos que se duchen, preparen la cena y, hagan los deberes etc., y ya que no llegare hasta las 23.00 que me preparen la cena también. etc. por cierto uno tiene dos años y otro seis.