abril 25, 2016

LA DIOSA DEMOCRACIA


Que venga la muerte, Dios sabrá reconocer los suyos.

Aplicada a la actual situación política española, esta sentencia bíblica podría traducirse en… que vengan las elecciones, el electorado sabrá reconocer los suyos.

Desgraciadamente dudo mucho que los electores poseen la omnisciencia de alguna Divinidad, sea esta la que sea.
Simplemente, porque, si bien en la Democracia el juicio de los votantes es supuestamente “palabra divina”, definitiva, inapelable… resulta que la Democracia no es tal, que los electores no son quienes eligen a sus autoridades y menos aún sus representantes… ellos solo son quienes, con su voto, legitiman una elección que otras instancias y poderes ya han llevado a cabo con mucha antelación.

También se dice que Dios no juega a los dados.
La Democracia tampoco, todo está de antemano previsto… y si cada cierto tiempo, se ponen a rodar los dados, estos están de tal suerte trucados que siempre caerán del lado más conveniente... obviamente para quienes se esmeraron en trucarlos.

También se dice que Dios es benevolente con sus criaturas.
Viendo todas las calamidades que padece la humanidad, no es de extrañarse que muchos fervientes creyentes se pregunten si, de vez en cuando y con el único fin de reafirmar su vital necesidad y por lo tanto su poder, no se le antoja a su Dios disfrazarse de Satanás.
De la misma suerte, se puede afirmar que la divinidad Democracia, ella también, requiere de vez en cuando alejarse por un tiempo de la vida de sus mortales seguidores (dejando su lugar a cualquier espantapájaros, o simplemente un cierto vacío), para así mejor hacerse desear.

Es lo que se está dando en España… nada más que con un indeseable matiz.
Después de un impasse de varios meses, durante los cuales la Democracia no dio los resultados que se esperaban de ella (formación de un nuevo gobierno después de las elecciones generales del 20 de diciembre del año pasado)… los electores tendrán que ir nuevamente a depositar su voto (por allá del mes de junio)… esperando que esta vez los resultados sean más propios para la formación de un Gobierno.
De no ser así, mucho me temo que la Democracia pierda mucho de su divinidad… y muchos de sus adeptos (lo cual, posiblemente, sea lo que ocurra en ocasión de la repetición de las anteriores elecciones).
Lo cual, al fin y al cabo, no tendrá mucha importancia… dado que, como ya se apuntó, la cita de los electores con las urnas, no tiene la relevancia que se le quiere dar… por la sencilla razón que, en última instancia, solo es el medio mediante el cual se legitima el sistema de dominación… el cual seguirá en pie, sea cual sea el número de votantes, sea cual sea el resultado de las elecciones y sea cual sea la composición del nuevo gobierno.
Sea este de centro derecha o de centro izquierda (lo mas probable) o pueda este calificarse de derecha o de izquierda... todos sabemos quienes en realidad seguirán gobernando.
El cambio, si cambio hay, sera solo de matiz (sin negar lo que esto pueda representar para quienes seguirán aceptando o soportando su sumisión), no de fondo (su inalterable condición de sumisos.)





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