noviembre 03, 2014

NO SE CREAN TODO LO QUE LES DICEN SUS ABUELOS O ABUELAS (entre otros)




Esta entrada completa, ameniza, desdramatiza, las dos anteriores.

Ayer, después de comer con una amiga, le propusimos ir al cine para ver la película “El ultimo amor del señor Morgan”… a lo cual nos contesto “¿de qué trata la película, cual es la historia?

Esperando esta pregunta, yo había imprimido con antelación la sinopsis de la película en cuestión, la cual empezaba así: “El Sr. Morgan es un terco anciano norteamericano que vive solo en Paris. Es viudo y con tendencias suicidas hasta que conoce a Pauline. La vitalidad de la joven y su optimismo inquebrantable devuelven las ganas de vivir al Sr Morgan…..”

Al entregarle la sinopsis en cuestión y empezar a leerla, de inmediato nuestra amiga nos dijo, palabras más, palabras menos: la historia de un viejo con tendencias suicidas, no gracias.”

A lo que, sin pensármelo mucho, le conteste:
“Pues a mí me gustan estas historias porque me veo reflejado en ellas… viejo y con tendencias suicidas.
Desde hace ya algún tiempo estoy pensando en el suicidio… pero el problema radica en que no se qué método emplear, si colgarme, abrirme las venas, envenenarme, tirarme de mi decimo piso, volarme los sesos… no lo sabía, dudaba… hasta que hace unos días se me prendió el foco… me cortaría el pelo y la barba de manera tan corta (normalmente los llevo bastante largos) que al verme en el espejo, seguro me moriría del susto. Desgraciadamente… de regreso a mi casa me vi en el espejo y si bien la imagen que este reflejo me asusto… no fue lo suficiente como para morirme. Así que la próxima vez tendré que raparme la cabeza como un huevo y afeitarme del todo la barba”.


Ahí les va una foto de cómo me veo después de mi corte de pelo y barba. Los que me conocen… dirán si no era para morirse del susto. 



Los que no me conocen pueden remitirse a esta foto de hace unos dos años (me disculpo por la mala calidad de la misma, pero al no gustarme que me fotografíen, no encontré otra.)


Aparentemente… ninguna de las personas que iban en el coche entendió mi sarcástico y negro humor.
La amiga no hizo ningún comentario… tal como lo hubiera hecho mi nieta de seis años, solo me dijo: “otra de tus bromas pesadas”… y es que poco tiempo antes, al preguntarme como me sentía después de mi infarto, le había contestado que estupendamente bien, que cada día rezaba a diosito pidiéndole que de favor me concediera un día mas de vida… y que hasta el día de hoy, a pesar de ser ateo, este había accedido a mis plegarias. Quizás porque en realidad soy agnóstico y este señor con larga barba blanca (¡que envidia!) y que se pasa la vida ahí arriba esperando que la Parca le mande algún huésped, piensa que soy todavía rescatable. Marina, mi esposa… quizás más acostumbrada a mi humor negro, no dijo ni palabra, hizo como si nada, lo ignoro (es sin duda la reacción más inteligente).
En cuanto a mi suegra, que iba a mi lado, replico… ¡Basta de tonterías, cállate! (hay que decir que, muchos años atrás, su hijo mayor se había suicidado a la edad de 33 años… y cuando, a la mitad de mi parlamento me di cuenta de mi metida de pata, ya era demasiado tarde para no terminarlo.)

No sé si habré logrado desdramatizar mis dos últimas entradas (aunque la segunda de las dos, ya era un sincero intento, en este sentido)

Por si no… ahí les va un último chiste en forma de dibujo.


A mi nieta… y quienes me lean: No se crean todo lo que les dicen sus abuelos o abuelas.


noviembre 02, 2014

NO SE ME ASUSTEN... NO SE ME ESPANTEN... TODAVÍA TENDRÁN QUE SOPORTAR MI AUSENCIA POR ALGÚN TIEMPO.


A los familiares, amigos y desconocidos que hayan podido asustarse (o quizás incluso espantarse) al leer mi precedente entrada: SUICIDIO SIMBOLICO… SUICIDIO DE LA APARIENCIA, les pido no preocuparse en cuanto a mi indudable atracción por el suicidio…  metafísica hoy, quizás ineluctable mañana.

En efecto, por increíble que parezca… el “simbólico suicidio de mi apariencia” surtió el efecto esperado.

Entendámonos… no es que me invada el placer de vivir o que se haya apoderado de mi persona el exquisito sentimiento de mi propia existencia, el gozoso sentimiento de existir… tampoco esperaba tanto.

NO… sigo consciente de mi inexistencia, de mi ausencia, de no ser más que apariencia.
Pero he asimilado y aceptado que esto soy… que si algo (que no alguien) soy… es sencillamente un ente dotado de cuerpo y espíritu al cual un día el azar o la necesidad (también puede ser una combinación de los dos, que no son antagónicos) dieron vida y colocaron en algún determinado espacio/tiempo del Universo… con la única y absurda sinrazón de esperar el momento de su deceso… o la extinción de su especie (para lo cual, de seguir por el camino que andamos, ya no falta tanto.)

Así es… esto soy… sin posibilidad alguna de cambiar este incuestionado e ineludible hecho.
Así que más vale que vaya asimilándolo, aceptándolo, acostumbrándome… a lo cual ha contribuido, más allá de mis expectativas, este “simbólico suicidio de mi apariencia.” Al no ser (todo es posible en este teatro del absurdo) que se trate de una apariencia más. Lo cual es altamente probable.

Por lo menos por un tiempo… que espero perdure hasta que llegue el momento de mi encuentro con la muerte… ya sea este fortuito o determinado por el estado de salud de mi cuerpo… al no ser que habiendo dejado de surtir su efecto este “simbólico suicidio”, o me encentre física y/o mentalmente incapacitado para vivir una vida digna (cumplir con los más elementales actos de la vida diaria, sin necesidad de la ayuda de un tercero), decida yo ir a su encuentro.

Mientras… ¿qué hacer, que vivir, en esta larga o corta espera?

Siendo esta sociedad la de la inmediatez, de la omnipresencia del presente… presente en el cual no existo.
Siendo el futuro, el reino de lo desconocido y el por venir… que no es un tiempo para vivir y existir sino solo soñar, lo cual requiere de un “sueño” que se elabora a partir de un presente… inexistente, para mí.
Me queda el pasado… la remembranza… espero que no la nostalgia.

Ocupando este presente… en dejar una huella… no del tiempo presente por y para el cual no existo… sino del camino andado… del tiempo en el cual, a pesar de serias dudas al respecto, con sus altos y bajos, creía existir.


octubre 31, 2014

SUICIDIO SIMBÓLICO... SUICIDIO DE LA APARIENCIA.



Cuando uno (los dedos de una mano sobran para contarlos) de mis amigos (que es medico) supo de mi terrible infarto al miocardio con todo y paro cardiorespiratorio… supongo que con la intención de levantarme el ánimo, me mando un correo que en una de sus partes decía textualmente: Me alegro que todo se solucionara. A partir de ahora seguro que la percepción que tienes de la vida es distinta. Se disfrutan los minutos y segundos de cada momento. Sin duda bien intencionado y bien dicho… pero falso.
 
No me acuerdo con exactitud lo que le conteste… seguramente le daba las gracias por sus palabras de aliento… pero la realidad es la que le conteste indirectamente a través de mi blog escribiendo:

La verdad es que a pesar de haber estado a un pasito de la muerte… mi percepción de la vida sigue siendo la misma. Quizás incluso con mayor indiferencia. Además de ser hijos de nuestras circunstancias… ¿vivimos? lo que nos atrevemos a vivir… que por lo general es muy poco… y punto final.
Como decía el gran CIORAN (no me acuerdo de la frase exacta, pero es bastante cercano a lo que quiso expresar)… no es pesimismo, ni siquiera el sentirse mayormente atraído por la muerte que por la vida… sino, simple y llanamente lucidez.

No creo (más bien estoy seguro) que de ahora en adelante no viviré cada minuto ni cada segundo… menos cada día… con un mayor disfrute… sino todo lo contrario…o por lo menos, como lo exprese anteriormente… con la misma indiferencia… cavilando no sobre él cuando me llevara la Parca (que, aunque en esta ocasión me zafe in extremis de sus garras, tarde o temprano siempre se sale con la suya) sino sobre el cómo… y todo lo que esto implica (con la posibilidad de un necesario suicidio)… incluso sobre el destino de mi envoltura corporal ya desprovista de vida.

Apenas unos cuantos días después en una nueva entrada de mi blog escribía:

…muchas de estas mismas personas saben que la muerte (en general, pero obviamente la mía en particular) ha sido un tema recurrente de mis reflexiones.

Como también saben que, en cuanto a la mía, hace ya bastante tiempo que el cuándo ha dejado de tener la importancia que en un tiempo ya lejano tuvo,  quedándome con él solo como… temiendo el dolor, innecesario y carente de sentido… pero también (y quizás con mayor importancia) la perdida de las facultades mentales y/o físicas cuya carencia aniquilan la digna humanidad… además de resultar un calvario para quienes tienen que cuidar diariamente y hasta en sus más mínimos detalles la física supervivencia del enfermo…en resumen, un verdadero calvario, o peor, infierno… tanto para el enfermo que para quienes se sienten con la obligación de cuidarlo.

Obviamente que en este caso, para mí, la opción largamente madurada, es, sin duda alguna, el suicidio… de mi propia mano (si me encuentro todavía en posibilidad de hacerlo) o asistido (en caso de no poder llevarlo a cabo yo mismo). Ya sé que en caso de ser necesario puedo contar con la efectiva comprensión de algunas personas cercanas…

he aquí, para terminar,  el perfecto ejemplo de lo antes dicho… desde que la medicina y los médicos me regresaron a este mundo (que dicen ser el de los vivos… que por suerte pocos se atreven a calificar como el de seres dotados de “existencia”… el ingrediente más escaso que germina en esta tierra) no puedo dejar de pensar… que quizás perdí el tren… la oportunidad de tener la muerte “soñada”, casi instantánea, casi sin dolor, sin verdadero temor, sin consciencia de su llegada (perdí el conocimiento en la ambulancia y solo la recobre a la hora en que me internaban en la unidad coronaria, con una total pérdida de memoria de lo sucedido entre mi pérdida de conocimiento y el regreso de este)


Lo que hoy quiero expresar… es que la idea del suicidio me es cada día mas presente.
No solo en el supuesto caso de que lo amerite alguna incapacidad física y/o mental de tal magnitud que el suicidio, no pueda no ser la única respuesta a tal situación… sino simplemente el suicidio como tal… aun encontrándome sano de mente y cuerpo.

Esto por varias razones:

La primera… digamos que de orden meramente filosófico… la cual ya había expresado en una ya bastante anterior entrada de este mismo blog, la cual, en una de sus partes, decía:

El suicidio… he aquí una posible respuesta a la doble pregunta del cuándo y el cómo morir. Sin duda… con ciertas condiciones… la más digna para el ser humano… la más acorde con su humanidad.
La humanidad del ser reside esencialmente en su libertad. Es obvio que la libertad absoluta no existe. Lo queramos o no, todos los seres humanos somos seres sociales, inmersos en un entorno, unas circunstancias (presencia de otros seres en un tiempo y un espacio dados). Sin embargo en estos determinados entornos y circunstancias, tenemos la capacidad de ejercer nuestra voluntad, de escoger y decidir nuestro accionar.
La “vida” de todo ser humano sigue el mismo camino “cronológico”: ser, nacer, vivir, existir y morir.
Productos del azar y la necesidad, tanto el ser como el nacer, el vivir y el morir nos son impuestos. No tenemos la más mínima “soberana intervención” en ellos, escapan a nuestra voluntad. Solo el existir nos pertenece, es nuestra obra. Para ponerlo en términos sencillos, es lo que, dentro de nuestras propias limitaciones y las del entorno, hacemos con nuestra vida… y lo que podemos hacer es decidir terminar con ella.

Paradójicamente, el suicidio es decir si a la vida y no a la muerte. El suicidio es un acto de amor a la vida… el ultimo. La última posibilidad de ejercer mi libertad, mi último acto “voluntario” (producto de mi voluntad). Es morir para morir vivo, apropiándome de lo que me escape… sobre lo cual no tengo ningún poder, lo que me es impuesto por el hombre, la naturaleza o los dioses… que mi muerte sea un acto y no una consecuencia o una fatalidad… el último acto que al “adueñarme” de mi muerte corrobora, ratifica, refrenda mi existencia.

Para que el suicidio sea un acto de amor a la vida, la última expresión de mi existencia (o la reapropiación de esta), y no un renunciamiento, una derrota, una huida (todas cosas que son por ejemplo el suicidio como consecuencia de un impulso depresivo), este solo puede llevarse a cabo en dos circunstancias.
Una…  cuando el cuerpo y/o la mente no son capaces de mantener, ya no la vida, sino la existencia. Existencia entendida como  “el sentimiento del existir”,  
siendo este la capacidad de interrelación e interacción de mi yo (corporal y espiritual) con el entorno mediante los sentidos (que perciben y dan presencia) y el intelecto (que procesa, interpreta y dispensa sentido) cuya conjunción de ambos procesos físico-cognitivos confiere el sentimiento de existencia. Cuando mi estado físico y/o mental son tales que no me permiten siquiera ejercer las acciones más elementales necesarias a la mera supervivencia, cuando mi única opción de vida es la de una vida irremediablemente condenada a la impotencia y/o el dolor.
Dos… cuando sano de cuerpo y mente, o únicamente de mente, decido poner fin a mi vida, simplemente porque no encuentro alguna razón lo suficientemente “satisfactoria” para seguir asumiendo mi ausencia al mundo… cuando asumo que para mí el “sentimiento del existir” se ha definitivamente esfumado.

El suicidio es no esperar la muerte sino ir hacia ella, no padecerla sino poseerla… es la muerte para evitar la vida inerme… la inexistencia. Cuando la existencia se muere (el existir resulta imposible)… el vivir no tiene razón de ser… entonces llega el momento de tener el valor de afirmar su existencia por última vez… venciendo la muerte considerada como un hecho inaprensible, en el cómo y el cuándo… poniendo uno mismo fin a su vida... insisto, por encontrarse esta despojada de su existencia.
Es una decisión por la cual no tenemos que rendir cuentas a nadie, ni los dioses, ni los hombres (con sus Estados y sus leyes) ni siquiera a quienes se quedan.
Si no pedimos venir al mundo… y si una vez en este resulta tan difícil ser al mundo… existir… que por lo menos podamos decidir cómo y cuándo dejarlo.

El suicidio es sustituir el ¿Cómo y cuándo moriré? por el cómo y cuándo morir... es el acto ultimo y por lo tanto supremo del ejercicio de nuestra libertad.

La segunda… que de hecho está implícita en la primera… simplemente porque… ya no encuentro alguna razón lo suficientemente apasionante para seguir viviendo… no encuentro una respuesta que me satisfaga a la pregunta ¿por qué seguir viviendo?... si (tal como lo exprese en un pasaje de la entrada anteriormente mencionada) el sentimiento del “existir” se ha ido, se ha esfumado… si siento que con lo vivido hasta el día de hoy, ya viví todo lo que me atreví a vivir… y la decrepitud propia de la edad hace cada día más improbable que me atreva a vivir de tal modo que me embargue de nuevo “el sentimiento del existir”… pienso… siento (definitivamente se trata más de un sentir que de un pensar, una sensación que una racionalidad)… que el estar vivo, seguir vivo, carece ya de todo sentido.
No solo he extraviado el sentimiento del existir… sino de modo natural como consecuencia lógica e ineluctable, de esta pérdida se instalo el sentimiento de la inutilidad del vivir… de su sin razón… de su absurdidad.

Entonces, porque no me aviento del decimo piso del departamento en el cual vivo… no me cuelgo (seria este el último de los procedimientos que escogería)… no me enveneno ingiriendo una altísima sobredosis de algún medicamento, con cuya ingesta me duerma para ya no despertarme… no compro una pistola (en México, todo puede conseguirse) y me pego un tiro en la boca, apuntando hacia mi cerebro… me corto las venas medio sumergido en el agua caliente de mi tina.
                                                                                                                  
Simplemente porque no ha llegado el momento.
Porque tengo todavía tres buenas (o malas) razones para querer seguir viviendo en este planeta.
La primera… y sin duda alguna la más importante… el no querer dejar en el desamparo (emocional y no económico) y el no querer lastimar emocionalmente a mi familia… mi compañera Marina (prefiero esta palabra a la de esposa o peor todavía mujer) y mis hijos Xavier y Emilio.
Sobre todo Marina que, en su trabajo en la empresa familiar, desde hace muchos años padece casi diariamente la violencia psicológica de sus hermanos (regaños, gritos, acoso, etc.)… y necesita de quien la escuche para no caer en el hoyo de la depresión, que hoy ronda a su alrededor… sobra decir que también, obviamente, por el afecto y el cariño que le tengo.
Dicho de otra manera… no quiero dejar en la “orfandad” a los miembros de mi familia que sigo queriendo y quienes quizás, por una razón u otra, todavía necesiten de mi presencia.
La segunda… el gozo que todavía siento con el diario ejercicio de mi “masturbación neuronal” con un cierto tinte sadomasoquista.
Siendo mi principal masturbación… por la cual todavía quiero seguir en vida… el terminar el “relato” que titule POURQUOI PAS DEMAIN ou LA MEMOIRE INFIDELE, el cual quiero legar a mis hijos para que (si así lo desean) lo lean después de mi fallecimiento. Acompañada esta, de vez en cuando, de la redacción de alguna entrada para mi Blog… que nadie lee.
La tercera… porque antes de fallecer me gustaría pasearme por la callejuelas y rincones del pequeño pueblo en el cual pase mi infancia y parte de mi adolescencia… donde empecé a aprender lo que se de la vida.

¿Razones suficientes para no poner un término a mi vida?... de momento pienso… siento… que si… mucho mas la primera… que la segunda… y esta que la tercera.
Como dije… el momento de mi suicidio… no ha llegado todavía.



Pensando (rumiando, seria quizás la palabra más exacta) en cómo resolver esta contradicción entre mi hondo sentimiento de ausencia e inexistencia que me llevan a la idea del suicidio… y las razones que todavía tengo para no cometer tal acto (ahora sí que to be or not to be), en uno de los tantos momentos de tantas noches que paso en vela… repentinamente… me vino a la mente una idea… un estratagema… suicidarme “simbólicamente”… dejando de ser quien soy… es decir, esencialmente (en el sentido de esencia), únicamente, apariencia.


Desde mi adolescencia me deje crecer la barba y me ha gustado llevar el pelo largo. Si fuese por mí, llevaría los dos, pelo y barba, realmente largos, muy largos… como las famosas fotos de Marx o Bakounine (apariencia, les digo.) De vez en cuando así los llevo (aunque no tanto como quisiera)… pero siempre llega el momento en que cedo al deseo de Marina de que me corte los dos a una medida “normal”, “razonable”, aceptada por las buenas costumbres sociales (primacía de la apariencia que llamo prejuicio).
La insistencia, últimamente, de Marina en que me corte el pelo y la barba es lo que de hecho me ha llevado a pensar … y encontrarle sentido… a este suicidio… que califico de simbólico.

Como todos (nada más que muchos no lo saben… o no quieren saberlo)… soy solo apariencia… para el espejo… para la mirada de los demás… para mi mismo (sobre todo para mi mismo)…solo apariencia.


Nadie sabe quién soy, nadie nunca lo supo y nadie jamás lo sabrá… ni yo mismo.

Por lo tanto… si solo SOY APARIENCIA… y cambio esta (aunque sea solo en cuanto al aspecto físico)… en realidad (para una realidad que no es tal)… dejo de existir… dejo de ser quien soy… quien aparentemente soy.

Sería perfectamente plausible… y exacto… afirmar que un profundo cambio de mi apariencia equivale a un suicidio… mi suicidio… el suicidio de quien soy para el espejo y las miradas de quienes creen saber quien soy… quienes saben quién soy, solo en tanto que apariencia (por lo menos de quienes saben, conocen, de mi actual apariencia.)

He aquí el porqué de este… aparentemente incomprensible… acto de cortarme hasta la mínima expresión, tanto mi pelo como mi barba.

Ahora bien… este suicidio simbólico… tiene también la ¿inestimable? ventaja de poder ser un renacimiento… un nuevo impulso.
No seguiré cortándome casi al ras pelo y barba para siempre… sino que dejare que, poco a poco, este y esta crezcan de nuevo… hasta ser de nuevo la imagen que fui… es decir… siendo solo la apariencia que fui… ser nuevamente quien fui…deje de ser… y nuevamente seré.
Para, si así lo quiero, suicidar nuevamente mi apariencia… las veces que quiera… hasta que llegue el momento de quitarle el calificativo de simbólico… y vaya consciente y voluntariamente al encuentro de la Parca

¿Qué les parece… un acto de locura… el pensamiento de alguien cuyas cavilaciones denotan una pérdida (total o parcial) de lo que se acostumbra llamar razón?        

Antes de contestar piensen… aunque sea solo un poco… en el sentido de la vida… ¿no es esta ausencia… esta inexistencia…este sin sentido… la mayor de las locuras?

¿No será un acto de locura… en acuerdo, en sintonía… con la locura que es la vida… la mía… la de cada uno de nosotros?
¿Se enojaran… si sustituyo el “nosotros” por el “ustedes”?
¿Se enojaran conmigo o con lo absurdo de la vida… con lo absurdo de MI vida y SU vida?

TODO ES APARIENCIA…
ESPERO QUE ESTE SUICIDIO DE LA APARIENCIA…
QUE NO APARIENCIA DE SUICIDIO… 
NO SEA UN FIN…
SINO UN RENACER.


Posdata: con la inestimable ventaja de que podre seguir (bajo esta modalidad u otra) “suicidándome simbólicamente” las veces que quiera… hasta el día, si es que este llega, en que ya no lo haga de manera simbólica… tome la decisión no de suicidar mi apariencia… sino mi persona.


Segunda Posdata, quizás esclarecedora: Hace ya algún tiempo (un poco más de cuatro años y medio para ser más exacto) una cortísima entrada de mi blog era la siguiente:

LOCURA
A veces quisiera enloquecer.
Dejar la apariencia de mi vida...
la realidad de mi ausencia...
la realidad de mi inexistencia.
Vivir en MI mundo.
Vivir estando muerto.


¿LO LOGRE?

Regrese del peluquero… me vi en el espejo… mi pelo es más corto que nunca… pero todavía demasiado largo… para que pueda afirmar que mi “suicidio simbólico” haya sido todo un éxito.
Los espejos a menudo son mentirosos… nos reflejan la imagen que queremos ver reflejada. A ver que dicen las miradas de los demás.

Ahora me doy cuenta que para poder asegurar el éxito de este suicidio simbólico habría tenido que rasurarme la cabeza (dejarla como una bola de billar) así como mi barba.

No me atreví… siquiera a un suicidio simbólico… ¿me atreveré algún día… cuando llegue el momento… a dejar para siempre este mundo… y no solo mi mundo.

Creo poder contestar afirmativamente… me parece necesario tener un mayor atrevimiento para ejecutar un simbólico suicidio… que el que se requiere para desaparecer para siempre, ingresar en la Nada… porque entonces la apariencia ingresa en la Nada con nosotros… las miradas ajenas o el espejo… ya no ven ni reflejan nada.
Quizás… solo algunas miradas se acuerden por un tiempo de nosotros… antes de perder ellas también la memoria… sobre todo si a la hora de nuestra partida eran jóvenes.

Bueno… en realidad solo falle a medias.
Al mediodía Marina me vio… y se quedo sorprendidísima… ¿qué paso con tu pelo, jamás te había visto con el pelo tan corto? Hasta dijo que me tomaría una foto para mandársela por WhatsApp a Emilio (mi hijo menor quien vive en Barcelona)… no lo hizo… ¡decepción!
Sin embrago…unas horas después llego Xavier (mi hijo mayor) y de inmediato me dijo que como era posible que me hubiesen cortado el pelo tan corto… que parecía un militar o un policía… ¡colmo de la vergüenza!

Lo logre… a medias… ahora falta ver si este medio éxito será suficiente para que este intento de suicidio simbólico… se traduzca en el esperado Renacimiento.

A la espera de que el árbol (de la ilustración con la cual empieza esta entrada) crezca lo suficiente… ¿y con la suficiente rapidez?    
                                       

Posdata concluyente: Esta noche… en un desvelo más… me dije que un suicidio simbólico no es una locura si se trata de suicidar la apariencia… sino todo lo contrario. ¿Cómo suicidar una apariencia si no es mediante un suicidio simbólico?... la apariencia de un suicidio. Si algún día, por los motivos que sean, me suicido “realmente”… significara que con este acto habré abandonado la apariencia… alcanzado la realidad de mi ser… justo en el momento mismo de mi propia muerte.

octubre 30, 2014

"YO SÉ LEER": VIDA Y MUERTE EN GUERRERO.

No sé si incurro en un delito al copiar este artículo de opinión del escritor LUIS VILLORO, publicado este 30 de octubre en el periódico español EL PAIS… violando las leyes referentes a los derechos de autor… pero me parece demasiado bueno… y digno de reproducirse (cuantas veces mejor)… sin tomar en cuenta estas consideraciones legaloides.

“Yo sé leer”: vida y muerte en Guerrero

JUAN VILLORO


El pasado 17 de octubre el cadáver de Margarita Santizo fue velado en la calle Bucareli de la Ciudad de México, frente a la Secretaría de Gobernación. Así se cumplía la última voluntad de la difunta, que había buscado sin éxito a su hijo desaparecido. La escena sirve de alegoría para un país donde la política amenaza con transformarse en un rito funerario.
La espiral de violencia alcanzó un grado superior el 26 de septiembre con el asesinato de seis jóvenes y el secuestro posterior de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa. Ese día me encontraba en la Universidad Autónoma Guerrero para dar una conferencia sobre José Revueltas. Mi anfitrión era un alto funcionario de la Universidad que en su juventud perteneció a la guerrilla de Lucio Cabañas. Hablamos del escritor comunista tantas veces encarcelado por sus ideas. Esto permitió que el académico repasara su propia trayectoria: “Lucio Cabañas me salvó la vida”, comentó con una peculiar mezcla de admiración y tristeza: “Me obligó a bajar de la sierra antes de que mataran a su gente: ‘No tienes aspecto de campesino’, me dijo: ‘Si te encuentran acá, no podrás decir que andabas sembrando; tienes que continuar la lucha donde vales más: el salón de clases”.
La exigencia del guerrillero significó la pérdida de una ilusión. Al mismo tiempo, el solitario camino de regreso a la vida civil permitió que un luchador social siguiera con vida.
La gran paradoja del Estado de Guerrero es que ser maestro también es un oficio de alto riesgo. Cabañas nació en un pueblo que refutaba su nombre (El Porvenir) y se dedicó a la enseñanza primaria. Muy pronto descubrió que era imposible educar a niños que no podían comer. Al igual que otro maestro, Genaro Vázquez, creó un movimiento para mejorar la vida de sus alumnos y se topó con la cerrazón oficial. Con el tiempo, quienes enseñaban a leer radicalizaron sus métodos de lucha.
La cultura de la letra ha sido un desafío en una zona que dirime discrepancias a balazos. En los años sesenta del siglo XX, dos terceras partes de los pobladores de Guerrero eran analfabetas. La Normal de Ayotzinapa surgió para mitigar ese rezago, pero no pudo ser ajena a males mayores: la desigualdad social, el poder de los caciques, la corrupción del gobierno local, la represión como única respuesta al descontento, la impunidad policiaca y la creciente injerencia del narcotráfico. Esas lacras no son ajenas a otras partes del país. La peculiaridad de Guerrero es que el oprobio ha sido continuamente impugnado por movimientos populares.
En México armado, libro fundamental para entender este conflicto, Laura Castellanos narra el tránsito de los maestros a la guerrilla. Genaro Vázquez fundó una Asociación Cívica que recibió el repudio de las autoridades y el mote despectivo de “Civicolocos”. Por su parte, Lucio Cabañas creó el Partido de los Pobres, pero no logró incidir en la política local. El Gobierno ofreció a los cabecillas dinero y puestos políticos (en Guerrero, suelen ser sinónimos). Los líderes rechazaron esa salida "negociada" y optaron por un camino sin retorno en la montaña.
La cultura de la letra ha sido un desafío en una zona que dirime las discrepancias a balazos
La salvaje represión de la guerrilla se conoció con el redundante eufemismo de “guerra sucia”. Después de la muerte de Cabañas, hubo 173 desapareciedos. Castellanos cuenta la historia de la base aérea en Pie de la Cuesta, Acapulco, donde los aviones despegaban para arrojar disidentes al océano, inclemente recurso que también usarían las dictaduras de Chile y Argentina. En los años setenta, durante la presidencia de Luis Echeverría, México fue el país esquizoide que daba asilo a perseguidos políticos de Sudamérica y sepultaba a sus inconformes en altamar.
Hablábamos en Acapulco de José Revueltas y Lucio Cabañas cuando supimos que seis jóvenes habían sido asesinados en el municipio de Iguala. Esta noticia del infierno venía agravada por una certeza: el horror no era nuevo; llegaba de muy lejos. En Guerrero, la violencia ha sido sistemáticamente alimentada por las masacres cometidas por el ejército y grupos paramilitares. Luis Hernández Navarro, autor de un libro crucial sobre el tema (Hermanos en armas), señala que todos los movimientos insurgentes de la región han surgido después de matanzas (la de Iguala, en 1962, produjo el levantamiento de Genaro Vázquez; la de Atoyac en 1967, el de Lucio Cabañas; la de Aguas Blancas en 1995, el del Ejército Popular Revolucionario).
¿Cuál será el saldo de 2014? El narcotráfico ha ganado fuerza en la región con la presencia rotativa de los cárteles de La Familia, Nueva Generación, los Beltrán Leyva y Guerreros Unidos. Pero no es la principal causa del deterioro. En ese territorio bipolar, el carnaval coexiste con el apocalipsis. El emporio turístico de Acapulco y la riqueza de los caciques contrasta con la pobreza extrema de la mayoría de la población. La indignante desigualdad social justifica el descontento y explica que muchos no encuentren mejor destino que sembrar marihuana o matar a sueldo.
En 2011, el Partido de la Revolución Democrática llevó a la gubernatura a Ángel Aguirre, que había pertenecido al PRI y fungido como gobernador interino en 1999, sustituyendo a su jefe, Rubén Figueroa, responsable de la matanza de Aguas Blancas. Su elección fue un giro oportunista para sumar intereses políticos con el engañoso mensaje de una alternancia en el poder. Como los barcos que utilizan la insignia de Panamá, el PRD se ha convertido en una entidad que alquila su bandera. En la búsqueda del poder por el poder mismo, apoyó a un personaje que jamás combatiría la corrupción ni la injusticia. Al amparo de esa gestión, surgieron figuras dignas de Los Soprano, como el alcalde de Iguala, José Luis Abarca, también del PRD y hoy fugitivo. De manera inverosímil, la cúpula partidista respaldó a Aguirre después de la desaparción de los estudiantes. Sólo la presión social llevó a su renuncia, que en modo alguno mitiga el eclipse del “Partido del Sol”.
La indignante desigualdad social conduce a muchos a sembrar marihuana o matar a sueldo
En la búsqueda de los normalistas desaparecidos se han encontrado fosas con otros muertos. De 2005 a la fecha han aparecido 38 criptas de ese tipo. Excavar la tierra en Guerrero es un inevitable acto forense.
Durante medio siglo, los abusos de las autoridades han sido repudiados por una población pobre pero politizada. La Escuela Normal representa un centro neurálgico de la discrepancia. Conviene recordar que en los años sesenta uno de sus activistas se llamaba Lucio Cabañas.
El 26 de septiembre hubo cuatro balaceras distintas y un solo blanco: los jóvenes. Con el apoyo del crimen organizado, el alcalde Abarca sembró el terror para amedrentar a los normalistas que se movilizaban para recordar a las víctimas de la matanza de Tlatelolco. Una vez desatado el mecanismo represivo, también fue acribillado un equipo de fútbol. ¿Su delito? Ser jóvenes; es decir, posibles rebeldes.
“Hay una tensión entre leer y la acción política”, escribe Ricardo Piglia. Interpretar el mundo puede llevar al deseo de transformarlo. En ocasiones, la letra, y la ortografía misma, son un gesto político que desafía un orden bárbaro: “Podríamos hablar de una lectura en situación de peligro. Son siempre situaciones de lectura extrema, fuera de lugar, en circunstancias de extravío, o donde acosa la amenaza de una destrucción. La lectura se opone a una vida hostil”, argumenta Piglia en El último lector.
El Che Guevara pasó su última noche en una escuela rural. Ya herido, contempló una frase en la pizarra y dijo a la maestra: “Le falta el acento”. La frase era “Yo sé leer”. Ya derrrotado, el guerrillero volvía a otra forma de corregir la realidad.
Hace años, maestros acorralados por el Gobierno decidieron tomar las armas en Guerrero. Lucio Cabañas decidió salvar a uno de los suyos para que volviera a la enseñanza, instrumento de lucha en un país sin ley.
43 futuros maestros han desaparecido. La dimensión del drama se cifra en una frase que se opone a la impunidad, el oprobio y la injusticia: “Yo sé leer”. El México de las armas teme a quienes enseñan a leer.
A ese país le falta el acento. Llegará el momento de ponérselo.
Juan Villoro es escritor. Acaba de publicar ¿Hay vida en la Tierra? (Anagrama).