agosto 21, 2018

ECOLOGIA vs CAPITALISMO



Cosas del azar, hace pocos días, ojeando la versión digital del mensual francés LE MONDE DIPLOMATIQUE, me tope con un artículo titulado Murray Bookchin, écologie ou barbarie.
Conocedor, de este autor y luchador libertario, “padre contemporáneo” del “municipalismo” (esbozo de la organización de una sociedad sobre la base de las ideas anarquistas), para quien la desaparición del capitalismo es condición sine qua non para la construcción de una sociedad respetuoso de los “equilibrios ecológicos” (por definición planetarios), me pareció importante traducir al idioma español está “biografía política”, y subirla a este blog.

Para quienes, después de esta lectura, tuviesen interés en conocer mas ampliamente lo que es y representa el “municipalismo”, les sugiero leer el libro titulado Municipalismo Libertario. Las Políticas De La Ecología Social escrito por quien fue su compañera, de lucha y de vida, Janet Biehl.
Obra que también pueden bajar gratuitamente y en formato PDF, en el siguiente enlace: http://www.enxarxa.com/biblioteca/BIEHL%20Municipalismo%20libertario.pdf



A las fuentes del comunalismo kurdo

Murray Bookchin, ecología o barbarie



Cuando Murray Bookchin murió en 2006, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) prometió fundar la primera sociedad que establecería un confederalismo democrático inspirado en el teórico de la ecología social y el municipalismo libertario. Un reconocimiento tardío para este autor militante norteamericano de un proyecto igualitario y humanista.

El 6 de enero de 2014, los cantones de Rojava en Kurdistán sirio se convirtieron en municipios autónomos. Han adoptado un contrato social que establece una democracia directa y una gestión equitativa de los recursos sobre la base de asambleas populares. Fue leyendo la prolífica obra de Murray Bookchin e intercambiando con él desde su prisión turca, donde cumple cadena perpetua, que el líder histórico del movimiento kurdo, Abdullah Öcalan, hizo que el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) diera un giro importante para superar marxismo-leninismo de sus principios. El proyecto internacionalista adoptado por el PKK en 2005, y luego por su homólogo sirio, el Partido de la Unión Democrática (PYD), pretende reunir a los pueblos de Oriente Próximo en una confederación de municipios democráticos, multiculturales y ecológicos.


Nacido en 1921 en Nueva York de padres judíos rusos revolucionarios, Bookchin creció en el Bronx, entonces un caldero de luchas obreras estadounidenses. Comprometido muy joven en las filas comunistas, que abandonó en 1936, durante la Guerra de España, militó tanto en el Congreso de Organizaciones Industriales (CIO) como en el Congreso por la Igualdad Racial (CORE). Primero trabajador de la industria automotriz (especialmente en el momento de la gran huelga de General Motors en 1945), este profesor autodidacta enseñó sociología en el Ramapo College de Nueva Jersey. A su muerte, el 30 de julio de 2006, dejó una veintena de libros y varios centenares de artículos.

Ecologista radical y visionario, plantea la idea de que la irracionalidad del capitalismo y su fatal debilidad no radican, como afirmaba Karl Marx, en su inevitable propensión a la autodestrucción, sino en su conflicto con el entorno natural, su lógica de crecimiento destructivo tanto de la naturaleza como de la salud humana. En 1964, su panfleto "Ecología y pensamiento revolucionario" estableció la idea fundadora de la ecología social: "La obligación del hombre de dominar la naturaleza deriva directamente de la dominación del hombre sobre el hombre (1)" - esto incluye la dominación de género, etnia, raza y clase. De ahí una propuesta que tiene el valor de un programa: sólo una ecología social radical puede conducir a la superación del capitalismo (2). Y, recíprocamente, una revolución social parece ser para Bookchin la clave para el cambio ecológico. Desde 1965, se preocupa por el riesgo del calentamiento global y sus consecuencias sobre los equilibrios naturales y sociales.

Frente a una ciencia construida sobre una "imagen estrictamente reaccionaria (3)" de la naturaleza, que privilegia la narrativa de la competencia y la explotación de los recursos para la supervivencia, Bookchin propone una comprensión racional del mundo natural, "creativo, cooperativo, fecundo", como base de una ética de la libertad. El espíritu jerárquico que "define al otro en términos de superioridad o inferioridad, promete, será reemplazado por un enfoque ecológico de la diversidad.

En 1971, la publicación de la recopilacion "Au-delà de la rareté" (Mas allá de la escasez) impulsa Bookchin a convertirse en una de las principales figuras de la escena radical neoyorquina y le confiere una cierta audiencia en la Nueva Izquierda Americana. Afirma que la abundancia de riqueza creada por la tecnología ofrece la posibilidad histórica de una "realización de las potencialidades sociales y culturales" de la humanidad. Las tecnologías liberadoras, descentralizadas y ecológicas podrían permitir la transición de la urbanización capitalista hacia una auténtica ciudad democrática.

Bookchin insiste en la necesidad de responder a los problemas ecológicos en lugar de organizar a la clase obrera. Según él, el sujeto revolucionario es el ciudadano dominado, no el trabajador explotado. Redefine el anarquismo como una solución para los jóvenes que no quieren ser dirigidos por una vanguardia, sino emanciparse de los "valores de jerarquía y dominación" - de los que el marxismo no está exento. Sin embargo, sus posiciones sobre la tecnología lo mantenían alejado de los movimientos contraculturales decididamente tecnófobos.

Se opone al medioambientalismo, este "capitalismo verde (4)" que persiste en ver el mundo natural como una fuente de recursos explotables. También formula una crítica de la ecología profunda, en la que ve "signos perturbadores" de autoritarismo (5). Uno de los heraldos de esta corriente, el biólogo estadounidense Paul R. Ehrlich, afirma que lo que amenaza a la biosfera es la sobrepoblación (The Population Bomb, 1968) y aboga por la "coerción" para limitar los nacimientos.

Para Bookchin, la crisis ecológica es el resultado de relaciones sociales dominadas por la jerarquía y el capitalismo. Una minoría consigue monopolizar y agotar los recursos. Por eso, según el, era importante evitar a toda costa que el movimiento ambientalista se convirtiera en el guardián de la élite empresarial, luchando contra la retórica moralizadora dirigida a las clases pobres. Los trabajadores y los negros no estarían del todo equivocados al denunciar al movimiento ambientalista como una "cábala de blancos privilegiados y elitistas", mientras que los responsables del despilfarro son los "líderes de los grandes conglomerados".

En 1971, Bookchin deja Nueva York para ir a Burlington, Vermont, que entonces era el centro del movimiento de las Comunas Libres de Vermont; el pensamiento radical estadounidense se desarrolló en la "Arcadia de Vermont". En 1976 funda el Instituto de Ecología Social, que inicia los estudiantes a la agricultura orgánica y las energías renovables, así como a la teoría social radical y la historia revolucionaria - un centro de enseñanza del que surgieron varios movimientos, incluido el ecofeminismo de Ynestra King. Con los Burlington Greens ("los Verdes de Burlington"), dirige varias campañas de concienciación ambiental y presenta en las elecciones municipales un programa para democratizar las instituciones locales. El grupo obliga al alcalde, un tal Bernie Sanders, a tener en cuenta la voz de las asambleas vecinales y a abandonar varios proyectos importantes, incluida la construcción de una central eléctrica y un proyecto inmobiliario a orillas del lago Champlain.

En este hervidero de experiencias, Bookchin elabora un programa político para la ecología social: el municipalismo libertario (6), un proyecto de "democracia comunal directa que se extenderá gradualmente bajo formas confederales (7)". Se invita a los activistas a trabajar por una "reconstrucción radical" de las instituciones locales desde abajo, para crear asambleas ciudadanas, "formas de libertad" lo suficientemente fuertes como para suprimir el capitalismo y lo suficientemente legítimas como para impedir cualquier forma de tiranía. También tienen la vocación de presentarse como candidatos en las elecciones locales, municipalizar la economía y confederarse con otras comunidades para formar un poder alternativo para "contrarrestar la centralización del poder del Estado-nación". A partir de 1977, Bookchin desempeña un papel protagónico en la organización del movimiento antinuclear Clamshell Alliance y, junto con su fundador, Howie Hawkins, formó la Left Green Network.

Los anarquistas, pensaba Bookchin, se inclinan a aceptar sin grandes dificultades el municipalismo libertario, federación de comunas autónomas en la tradición de Pierre Joseph Proudhon, Mikhaïl Bakounine, Pierre Kropotkine o Nestor Makhno. En 1984 fue invitado al encuentro internacional "Ciao anarchici", en Venecia. Janet Biehl, que fue su compañera durante veinte años y le dedicó una biografía, cuenta cómo subió a la tribuna vestido con un uniforme de trabajo verde, una hilera de lápices mecánicos en el bolsillo de su camisa: "Les dijo: "Los movimientos feministas, ecologistas y comunistas deben crear comunidades humanas descentralizadas adaptadas a sus ecosistemas. Deben democratizar las aldeas y ciudades, confederarlas y crear un contrapoder frente el Estado".»

El encuentro resulta catastrófico. Se le objeta que los gobiernos municipales son sólo estados nación en miniatura; los consejos de ciudadanos, pequeños Parlamentos. Los participantes rechazan el principio del voto por mayoría, asociado a la tiranía del mayor número. Bookchin concluye que el anarquismo es incompatible con el socialismo. Al abogar por la soberanía de la persona, y no del pueblo, los anarquistas de su tiempo se complacen en una simple radicalidad de "estilo de vida" (8). Decide retirarse de la política.

Dedica el resto de su vida al estudio de los movimientos revolucionarios, desde las revueltas de los esclavos en el antiguo Mediterráneo hasta la participación de los anarquistas en la Guerra de España de 1936, pasando por la Comuna de París, las "formas de libertad" que disputan su hegemonía al Estado-nación (9). Si la revolución socialista no se produjo ni a través de la toma del poder del Estado ni desde los márgenes de la sociedad, hay una tercera vía: conducirla "en un escenario donde la lucha pueda movilizar al pueblo, ayudarlo a educarse y desarrollar una política antiautoritaria que invente una nueva esfera pública contra el Estado y el capitalismo" (10). Su nombre: comunalismo. Es comprensible que tal definición de lucha política pueda hoy movilizar a los militantes por la autonomía del Kurdistán, dividido entre cuatro países, frente a los ataques del Estado turco y en primera línea en la guerra contra la Organización del Estado Islámico.

Siguiendo los principios del "confederalismo democrático" promovido por el Sr. Öcalan, los cantones de Djézireh, Kobané y Afrin han creado una estructura administrativa federal que reúne a los delegados de los consejos populares (las casas del pueblo), por mandato de las asambleas de municipios. La federación es responsable de los comités de defensa, salud, educación, trabajo y asuntos sociales. Cada ayuntamiento gestiona los recursos agrícolas y energéticos (la Rojava es rica en petróleo, pero no puede exportarlo debido al embargo) de forma autónoma, cooperativa y ecológica (11). En el Kurdistán del Norte de Turquía, el Congreso para una Sociedad Democrática (DTK) ha estado federando los consejos de las ciudades, distritos y cantones de la región desde 2010. El DTK, que pretende ser un consejo de consejos, también acoge a representantes de las comunidades armenia, aramea, yezidi, alevi y turcomana que huyen de los conflictos.

En 1999, durante las manifestaciones de Seattle contra la Organización Mundial del Comercio (OMC), activistas del movimiento altermundialista invitan a Bookchin a dar una conferencia. Sin embargo, muestra su escepticismo ante los grupos anarquistas violentos que proclaman círculos revolucionarios o de afinidad en Internet que están lejos de construir "formas de libertad", instituciones alternativas permanentes y estables. En los años setenta, las movilizaciones efímeras contra la guerra de Vietnam le habían persuadido de que las manifestaciones, por importantes que fueran, no podían por sí solas crear una emancipación social, las "ofensivas de primavera" que rara vez superaban las "vacaciones de verano" (12).

Los movimientos de asambleas ciudadanas, en los que se expresa la creciente demanda de democracia directa, dan una nueva resonancia al programa de Bookchin. Han dado lugar a reediciones de sus libros y artículos, incluida una colección publicada en 2015 con un título elocuente: "The Next Revolution" (La próxima revolución). En la introduccion, se puede leer, "Desde los distritos de la Comuna de París hasta las asambleas generales de Occupy Wall Street y otros lugares, estos consejos democráticos auto-organizados corren a través de la historia como un hilo rojo (13)."  El libro celebra como un precursor a este "experto en revolución no violenta" y ve en su proyecto "una política para el siglo XXI".

¿Estaría encantado con la ocupación democrática de las plazas? Activista incansable y crítico inflexible, había anticipado algunos de los problemas a los que se enfrentaban estos movimientos: las dificultades inherentes a la práctica del consenso, o la idea de que los campamentos pueden tomar el lugar del poder popular. Según el, para crear una fuerza política, estos deben ser institucionalizados en asambleas locales en los barrios y las aldeas.

Además, no es seguro que estos movimientos estén en línea con la naturaleza radical de sus propuestas. ¿Cómo garantizar, en particular, la seguridad de las comunas en su inevitable confrontación con el Estado y el sistema capitalista? Bookchin pensaba que se necesitaría una "milicia popular" para "defender la economía municipalizada con las armas, si fuera necesario", siguiendo el modelo de los ciudadanos-soldados atenienses (los hoplitas), el Makhnov-chchina -el ejército revolucionario insurreccional ucraniano (1918-1921)- o las milicias obreras y campesinas del gobierno anarquista de Cataluña en 1937.

Después de la muerte de Murray Bookchin, durante los diez años que le llevó escribir su biografía, Janet Biehl -hoy en día la principal figura de la ecología social- se ha distanciado del intransigente antiestatismo de su mentor. Sin el marco del Estado-nación, pregunta ella, ¿cómo "corregir las injusticias sociales y defender los derechos civiles", limitar el calentamiento global o incluso garantizar la seguridad social? ¿Podemos estar seguros de que las comunas serán un lugar de racionalidad democrática, igualitaria y ecológica, mientras que, señala, "algunas localidades, como en el sur de Estados Unidos, son reaccionarias" o que otras se oponen a la acción ambiental y "sólo se comprometen con ella si el gobierno federal las obliga a ello" (14)?

Bookchin pensaba que estos problemas se resolverían en la práctica. A menudo considerado utópico, demasiado radical o demasiado crítico por sus contemporáneos, sin embargo, dedicó su vida, como testifica Biehl, a "encarnar el ideal de la izquierda: democrático, racional, laica, no jerárquica, libertaria y ecológica". Era internacionalista y antimilitarista. Era teóricamente coherente. Era humano y ético. Sobre todo, era socialista. El ser humano, creía, merecía la libertad que apreciaba y una vida decente. Así que era demasiado listo para no vivir en una sociedad racional.

Benjamin Fernandez.
Sociólogo y periodista.

(1) Murray Bookchin, Beyond Rarity, Ecosociety, Montreal, 2016. Muchos textos traducidos al francés se pueden encontrar en www.ecologiesociale.ch
(2) Murray Bookchin, Qu'est-ce que l'écologie sociale, Atelier de création libtaire, Lyon, 2012.
(3) Murray Bookchin, Pour une société écologique, Christian Bourgois, París, 1976.
(4) Vincent Gerber y Floréal Romero, Murray Bookchin. Pour une écologie sociale et radicale, Le Passager clandestin, Neuvy-en-Champagne, 2014.
(5) Citado en Janet Biehl, Ecology or Catastrophe: The Life of Murray Bookchin, Oxford University Press, 2015.
(6) Janet Biehl, Libertarian Municipalism: The Politics of Social Ecology, Ecosociety, 1998.
(7) Murray Bookchin, From Urbanization to Cities: Towards a New Politics of Citizenship, Cassell, Londres, 1995.
(8) Murray Bookchin, Social Anarchism or Lifestyle Anarchism: An Unbridgeable Chasm (Anarquismo social o anarquismo de estilo de vida: un abismo insalvable), AK Press, San Francisco y Edimburgo, 1995.
(9) Murray Bookchin, The Third Revolution: Popular Movements in the Revolutionary Era, cuatro volúmenes, Cassell y Bloomsbury, Londres y Nueva York, 1996-2005.
(10) Citado en Janet Biehl, "Bookchin rompe con el anarquismo", 2007.
(11) Ver "Janet Biehl / David Graeber: impresiones y reflexiones de Rojava", 3 de enero de 2015.
(12) Murray Bookchin, "Ofensivas de primavera y vacaciones de verano", Anarchos, Nueva York, junio de 1972.
(13) Murray Bookchin, The Next Revolution: Popular Assemblies and the Promise of Direct Democracy, Verso, Nueva York, 2015.
(14) Janet Biehl, Ecology or Catastrophe, op. cit.




agosto 19, 2018

AMLO y el NAICM… de política y manipulación.



A modo de introducción y contextualización empezare esta entrada con el copiado/pegado de un artículo publicado en el diario español EL PAIS, el día 17 de agosto. Artículo, que, una vez no es costumbre, no me parece tan tendencioso.

A continuación, expondré, brevemente, la reflexión que este “asunto”, de política de alto vuelo (considerando tanto la envergadura del proyecto, como la decisión política que este requiere que se tome) desencadeno en mí, de modo cuasi automático.





Ahí, les va, la contextual introducción que, arbitrariamente y sin permiso del autor, tomo prestada.

López Obrador someterá a consulta el nuevo aeropuerto de Ciudad de México

El presidente electo no despeja las dudas sobre el destino del nuevo aeródromo, cuando las obras ya han avanzado casi un tercio

Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México, someterá a consulta popular la construcción del nuevo aeropuerto de Ciudad de México. El político ha anunciado este viernes que los mexicanos elegirán entre seguir con la construcción del aeródromo en las cercanías del lago de Texcoco (30 kilómetros al noreste de la capital) o comenzar con la ampliación de la base militar de Santa Lucía (a 50 kilómetros de la ciudad) para que funcione paralelamente con el aeropuerto Benito Juárez, actualmente en operaciones.

La decisión sobre el destino del nuevo aeropuerto de Ciudad de México quedará pendiente para finales de octubre, un mes antes de que Andrés López Obrador asuma la presidencia de México. El presidente electo ha presentado los dos proyectos con una lista de ventajas y desventajas de cada una de las opciones, sin embargo, no ha aclarado cómo convocará a los mexicanos para participar en la decisión final. “Llamo al pueblo de México a que nos ayuden a resolver sobre este asunto complicado, difícil, que heredamos pero que tenemos que enfrentar de la mejor manera posible”, dijo en la presentación de las propuestas.

La construcción del polémico aeródromo, que comenzó en 2014, ha avanzado un 31%. López Obrador se opuso desde el primer momento al proyecto de Enrique Peña Nieto y durante la campaña electoral anunció que lo cancelaría. Tras las protestas de diversos empresarios, el político matizó su opinión y aseguró que revisaría los contratos de construcción para evaluar si continuaba su construcción o no. Javier Jiménez Espriú, que será el titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), ha explicado este viernes que el equipo de transición recibirá durante las próximas tres semanas las valoraciones de diversos grupos de ingenieros y de la sociedad civil.

Está previsto que el aeropuerto que ya se encuentra en construcción cueste 13.000 millones de dólares —un poco más del doble del presupuesto de la ampliación del Canal de Panamá, que en 2016 sumó 5.450 millones de dólares—. Jiménez Espriú señaló que para seguir adelante con el proyecto será necesario el incremento de las tarifas aéreas, así como el cierre de la base militar de Santa Lucía por cuestiones de tráfico aéreo. El próximo titular de la SCT también ha apuntado que el 75% de la inversión para el proyecto ya está asegurado y que cancelarlo costaría aproximadamente 5.200 millones de dólares. El equipo de López Obrador ha reconocido que el plan original es más cercano a la Ciudad de México pero que su impacto ambiental es considerable.

Por otra parte, la ampliación de la base militar de Santa Lucía representaría un gasto de 3.600 millones de dólares y resolvería en un menor plazo el problema de saturación del actual aeropuerto. Jiménez Espriú ha mencionado que existe un debate entre los especialistas en aviación sobre la posibilidad que Santa Lucía y el aeropuerto Benito Juárez puedan funcionar simultáneamente, debido a su cercanía, pero ha explicado que para aclarar estas dudas el Gobierno tendría que hacer estudios adicionales con un coste de 10 millones de dólares.


López Obrador no profundizó sobre el modelo para decidir el futuro del aeropuerto. “Se pueden poner mesas en las plazas públicas y la gente se organiza para recibir los votos; otra forma es una encuesta nacional con vigilancia de los ciudadanos para que no quede ninguna sospecha. Sea una opción o la otra, le damos la garantía a los mexicanos que no va a haber corrupción”, mencionó. La consulta popular en México está garantizada en la Constitución. Allí se señala que solo puede ser propuesta por el presidente mexicano, el 33% de los legisladores, o un 2% de los ciudadanos del padrón electoral. Para que la decisión sea vinculante es necesario que la consulta sea organizada por el Instituto Nacional Electoral (INE) y que exista un 40% de participación ciudadana.




A partir de aquí, mi reflexión… o para quienes discrepan de la misma, mi digresión.

Sea cual sea la decisión que tomara Andrés Manuel López Obrador (mejor conocido como AMLO) en relación al futuro aeropuerto internacional de la Ciudad de México (mejor conocido como NAICM), esta tendrá un muy alto costo político para el nuevo Tlatoani.

En caso de dar su visto bueno a la continuación del proyecto actualmente en obra (con o sin retoques) me parece evidente que se enemistara con una importante fracción de su base social… y electoral.
A más de uno le costara algo de trabajo tragarse una culebra tan dispendiosa y faraónica cuando se suponía que la prioridad de las prioridades era “primero los pobres”. (si bien esta opción se encontraba un poco diluida en “el combate contra el crimen y la corrupción”).
En cuanto a los que constituyen la parte, quizás más educada y elitista, pero con una bien anclada “sensibilidad y visión ecológicas”, tampoco les parecerá muy apetitoso tener que tragarse una culebra cuyas consecuencias sobre el entorno natural y el tejido social, juzgan, desde tiempo atrás, como desastrosas, un verdadero ecocidio a la par de un atentado contra los actuales pobladores y vecinos del lugar.

En caso de decidirse por el abandono de este proyecto, cuyo avance en su construcción se calcula al día de hoy en un 31%, cuyos contratos con los inversionistas ya están en su gran mayoría firmados (se estima que en un 75%), y cuyo costo como consecuencia de su cancelación se calcula en aproximadamente 5,200 millones de dólares, no hay la menor duda de que el inesperado noviazgo entre el gran capital y el presidente electo (que tanto esfuerzo y vergonzosa renuncia a su ideario político le ha costado) estaría mucho más cerca de un temible divorcio que de una feliz boda.

Sin ser adivino, me parece que, visto la desproporción entre el costo político en un caso y en el otro, en realidad la decisión ya esta tomada. Para un político, que se califica a sí mismo como “pragmático”, es, sin duda, mas aconsejable disgustar a una porción de su base social y electoral, que no contrariar y fastidiar al gran capital. Al primero, desposeído de todo poder siempre se le podrá vender unas cuencas de vidrio que de alguna manera lo contente.
En cambio, al segundo, poseedor del poder de hacer y deshacer a su antojo la “salud económica” del país (obviamente entendido esta como la salvaguarda de los sacrosantos “equilibrios macroeconómicos”, que no son otra cosa que las condiciones indispensables al mantenimiento del modelo de desarrollo y la perpetuación de su propio poder, o sea seguir garantizando su dominación en la conformación de las relaciones sociales) mas vale mantenerlo contento, o por lo menos no tenerlo de enemigo declarado.

Todo político pragmático, se sabe de memoria que en la conformación de las relaciones sociales (económicas, políticas, y las que gusten) la única variable que decide de quien detenta el poder y quien no, es, simple y llamamiento, la fuerza, de cada quien, de cada actor (tanto como individuo o como grupo).
Ahora bien ¿quiénes son los detentores del poder, de la indispensable y suficiente violencia, tanto de hecho como institucionalizada? Me parece que la respuesta es mas que evidente: el Capital y el Ejercito. He aquí, los dos “actores” con los cuales resulta suicida entrar en conflicto. Quizás (seguramente) los hubo en el pasado, pero hoy, no hay fuerza política alguna que pueda enfrentar a estas dos otras. La violencia del Capital y la del Ejercito, no tienen parangón con la de cualquier político, a pesar de cuál sea la magnitud de la fuerza política y social que le haya sido otorgada por las urnas.

En realidad, la decisión ya esta tomada… y para no cargar con el costo político de esta, o por lo menos aligerarlo, es que AMLO se saca de su chistera la vacilada de una supuesta “consulta popular” (o ciudadano, poco importa el termino).
Como cualquier político profesional, cuyo principal objetivo es la conquista del poder y la conservación de este (no importa con cuales intenciones y objetivo, sea este de izquierda o de derecha) AMLO recurre entonces a la antigua, bien rodada y siempre vigente recurso de la Manipulación.
Manipulación que este caso (como en tantos otros, que parece ser ya un sello distintivo de la casa Morena) se traduce en el tan socorrido recurso de la “consulta popular” o la “encuesta ciudadana”.
Procederes que se presentan como la aplicación de una “democracia participativa”, cuando no son mas que el artilugio que permite dotar de una legitimidad política democrática a una decisión tomada desde antes del “ejercicio democrático”, por la organización y/o su líder máximo.
En el caso de la consulta, este ejercicio se traduce en la instalación, en lugares estratégicos, de algunas cuantas mesas a las cuales acuden unos cuantos “ciudadanos” que, generalmente, después de alguna platica con quienes atienden las listas o las “urnas caseras” indican su la naturaleza de su voto o depositan su papeleta.
En el caso de la encuesta, el ejercicio es todavía mas “engañoso”, dado que, por lo general, se trata de una simple llamada telefónica en la cual el sujeto encuestado tiene que escoger entre dos o más opciones.
Todo esto sin ningún control por parte de la ciudadanía, ni siquiera de algún órgano institucional, que puedan avalar el “carácter democrático” del ejercicio, ni en cuanto a quienes participan, el respecto de alguna metodología, y mucho menos los resultados verídicos que arrojan dichas consultas o encuestas.

Consulta o encuesta que pueden ser vinculantes o no, según el objetivo perseguido con la organización de las mismas.
En este caso en particular, todo indica que el ejercicio tendrá carácter de vinculante, dado que se trata de “evadir el bulto” de evitar, hasta donde sea posible, el costo político que representará la decisión tomada -con toda anticipación, mucho antes de dicho ejercicio democrático- sea cual sea esta.
No solo evadir la responsabilidad de la decisión tomada, sino cargar la misma sobre la espalda de la “ciudadanía” quien habrá elegido democráticamente una tan difícil y arriesgada decisión.

Finalmente, a pesar de su carácter de “luchador social” y político comprometido con “los intereses de las mayorías”, AMLO no deja de ser un político profesional cuyo verdadero y ultimo interese es la lucha por el poder y la retención de este… por lo cual no puede no tomar en consideración este hecho esencial: su poder real es muy escaso, prácticamente inexistente… y el muy menguado que le dejan quienes si lo tienen y lo ejercen consiste esencialmente en la importantísima función de legitimar la estructura de poder, las relaciones de dominación existentes. Procurar aminorar (que no solucionar o eliminar) las contradicciones y conflictos generados por esta estructura, con el menor grado de violencia posible, generar el máximo consenso posible en torno a las políticas decididas por quien realmente gobiernan (es decir, toman las decisiones que favorecen sus particulares intereses, dejando para el resto de la población las migajas que “su” representante tendrá a bien distribuir con la mayor dosis posible de justicia y equidad)
En suma procurar que los dominados acepten, con agrado, su sumisión, la integren como un hecho inapelable, una Ley de la naturaleza divina… ya no siendo esta una divinidad del más allá, sino terrenal… llamada Democracia.







agosto 13, 2018

APROXIMACION A DOS DE MIS “PENSADORES” DE CABECERA.

Jacques Ranciere (izquierda) y Raul Vaneigem (derecha)


Acabo de leer en el semanario francés L’OBS, dos entrevistas de personajes que forman parte del reducido grupo de mis “pensadores” contemporáneos de cabecera.

Aunque no me considero muy dotado para el difícil ejercicio de la traducción, me esforcé para traducir del francés al español estas dos entrevistas que pienso ser bastante ilustrativas del “pensamiento” de estos dos personajes: RAUL VANEIGEM y JACQUES RANCIERE.



RAUL VANEIGEM





"Lo que es útil y agradable es sistemáticamente maltrecho"

Autor del famoso "Traité de savoir-vivre à l'usage des jeunes générations" (Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones) publicado en 1967. El ex situacionista Raoul Vaneigem que publica su "Propos de table" no ha perdido nada de su anarquismo libertario. Entrevista exclusiva.

Usted califica a sus  701 « Propos de table » ("Reflexiones de sobremesa") como una bitácora. Usted ve la vida como una travesía de algo, ¿pero de qué?

Vivir no es sobrevivir. La vida es por excelencia gratuidad. No paga ni se paga. Se niega a ser confundida con la supervivencia, donde la necesidad de trabajar nos devalúa a la existencia de una bestia de presa y una bestia de carga. Librar una batalla permanente a favor de una vida verdaderamente humana es la garantía más segura de poner fin a la siniestra lucha por la vida que nos impone la civilización comercial. La vida crea y se crea. La libertad de sus deseos es incompatible con las libertades del comercio. La vida es el arma absoluta contra el capitalismo.


Usted nació en Lessines, como René Magritte. ¿Podría existir alguna influencia?

Si hay un igenius loci este, me acercaría más bien a Scutenaire. Magritte pasó poco tiempo en Lessines. Scutenaire vivió el clima de lucha social y conciencia obrera que experimenté en mi juventud.


Usted asegura vivir como un alquimista. ¿Qué es un alquimista hoy?

Lo expliqué en «De la destinée » ("Del destino"). Todo el mundo trata de transmutar el plomo de una existencia sin atractivo en una vida que, como la piedra filosofal, permitiría a la libertad de nuestros deseos romper la tiranía del beneficio y del poder. Dar prioridad a los momentos de goce y a su inspiración creativa me abre a una vida cuya presencia se fortalece y revoca gradualmente el tiempo lineal, el tiempo de desgaste, el tiempo de supervivencia.


Se habla mucho de ruina, de debacle, de gran lavado en sus "Propos" ("Reflexiones".) ¿Sería usted uno de esos que se llaman "declinistas"?

Ignoro lo que es el declinismo. No me importan las etiquetas. En cambio, el estado de la situación es evidente. Muéstreme hoy un solo lugar donde la mirada no sea agredida, donde el aire, el agua, la tierra no sufran la furia devastadora de la codicia comercial! Todo lo que es útil y agradable es sistemáticamente menoscabado. En el pasado, el Estado, por muy estafador que fuera, se embolsaba los impuestos con los que gravaba a los ciudadanos, pero se preocupaba por destinar parte de ellos al bien público. ¿Qué ha pasado con las subvenciones para la educación, la salud, la cultura, la vivienda, el transporte, la agricultura de calidad, el medio ambiente, los desempleados, las personas sin hogar, los refugiados que huyen de la guerra y la pobreza? Han sido cepillados, reducidos a la pequeña porción bajo la presión del poder absoluto del dinero. Las mentalidades son tan gangrenadas que todo el mundo sigue pagando impuestos al Estado que, lejos de mejorar la suerte de los ciudadanos, sirven para rescatar las malversaciones bancarias.


"El self-made man es el hombre que se construye a sí mismo deconstruyendo su vida", escribe usted. También habla del "colapso de la civilización agro-mercantil". ¿Qué rescata usted de nuestro tiempo?

Un cambio de civilización, una mutación. La pasión por reinventar un mundo libre del totalitarismo económico estimula la creación de Tierras Libres. Pude observar una verdadera democracia entre los zapatistas de Chiapas. La ZAD de Notre- Dame-des-Landes es un ejemplo de una microsociedad que experimenta la autogestión de la vida cotidiana. Al aplastarla, el Estado aplica la política de destrucción rentabilizada que el capitalismo practica en todo el mundo contra lo vivo. ¡Depende de nosotros sacar las lecciones!


Radicalidad, usted usa a menudo esa palabra. ¿Qué significado le da?

Ser radical es llevar los seres y las cosas a la raíz, a la raíz de la vida, es la vida misma. Rabelais, Montaigne, La Boétie, Diderot, Marx, Hölderlin, Fourier lo reconocieron mucho antes que yo.


Usted es el autor del "Traité de savoir-vivre à l'usage des jeunes générations" (Tratado de saber-vivir para uso de las jóvenes generaciones) publicado en 1967, en el que destacaba "la emergencia del ser humano como sujeto, en un mundo de objetos, instaurado por la civilización mercantil". ¿Cuál es su visión de mayo del 68 medio siglo después?

Las conmemoraciones son un cementerio. No me interesan en lo mas mínimo los que hacen del presente un pasado eterno. Lo que el movimiento de las ocupaciónes ha sacado a la luz y lo que el oscurantismo espectacular ha ocultado es el rechazo al trabajo, al sacrificio, al patriarcado y al poder. Es la prioridad que se le da a la vida. Esto es lo que nació entonces y apenas está comenzando a desarrollarse.


Desde el "Traité" ("Tratado"), usted ha sido constante en sus convicciones. ¿Tiene usted el sentimiento de tener siempre la razón?

No me importa si tengo razón o no. El difícil y emocionante ejercicio de reconstruirme cada día es suficiente para mí. Es en esto que analógicamente me siento preocupado por un enfoque alquimista que propaga una poesía hecha por todos y por uno.


¿El “Me alegro de que no se me lea ni se me entienda” en sus “Propos” (“Reflexiones”) es su medalla?

La cita exacta es "De aquellos que, en su íntima desesperanza, profesan pública o secretamente el culto a la muerte, me felicito de no ser leído ni entendido. ¡Demasiados muertos vivientes en las calles! No soy ni una estrella ni un maestro del pensamiento, ni competitivo. No participo del espectáculo. Cualquier medalla merece ser escupida.


"No creo en nada. Toda creencia es una tumba donde la conciencia se pudre." No hay dioses entonces, pero quizás maestros. ¿Quiénes son ellos?

Me quedo con "ni dioses ni amos".


¿Cómo explica el creciente lugar de la religión en las crisis contemporáneas?

Se trata de regresiones episódicas, causadas por el callejón sin salida en el que se encuentra acorrala la civilización. Los medios de comunicación hablan más del islamismo sangriento que de las mujeres iraníes que cuelgan sus velos de los árboles.


"Nuestra historia es una experiencia que salió mal." ¿todavía espera algo de la especie humana?

Toda esperanza añade una piedra al Muro de los Lamentos. La historia es una larga serie de barbaridades. El proyecto de humanizarla es más que nunca irreprimible. La vida misma es una insurrección en progreso.


"No se muere de amor, se muere de su ausencia". ¿Podría hacerlo su lema?

Desgraciadamente, el constato es banal: ¿quien no ha tenido la oportunidad de darse cuenta de ello a lo largo del tiempo? Si escogiera un lema para mí, sería: "Deséa todo, no esperes nada".



JACQUES RANCIERE






"Macron es el puro y simple representante del capital" (*)
(*) Este titulo es el "original" encabezado del articulo... sin embargo, en mi opinión, no corresponde para nada al fondo del contenido de la entrevista.


En su último libro, Les Temps modernes. Art, temps, politique. (Los Tiempos Modernos. Arte, tiempo, política), el filósofo Jacques Rancière despliega una política del tiempo, definida como "un ambiente de vida". Es una forma de compartir lo sensible, en dos formas de vida separadas: la forma de vida de los que tienen tiempo y la forma de vida de los que no lo tienen”.



En este libro, el filósofo parte de una doble constatación. Por un lado, "el optimismo oficial y el catastrofismo imperante" comparten la misma visión, "la de un tiempo que se había despedido de las grandes esperanzas y amargas desilusiones de aquel tiempo de la Historia, guiado por una promesa de justicia".

Por otro lado, "mientras se proclamaba el fin de la gran narrativa marxista, la dominación capitalista y estatal se apoderaba de su núcleo duro: el principio de necesidad histórica". Así, "en el siglo XIX, Marx y Engels estigmatizaron a estos artesanos y pequeñoburgueses apegados a formas sociales anticuadas que se resistían al desarrollo del capitalismo y retrasaban así el futuro socialista del que era portador. A finales del siglo XX, el guion fue revisado para cambiar no la forma sino los personajes. La condición para la prosperidad futura era la liquidación de los legados de un pasado obsoleto que se denominaban códigos laborales, leyes de defensa del empleo, seguridad social, sistemas de pensiones, servicios públicos u otros. Los que bloqueaban el camino del futuro eran los trabajadores que se aferraron a estos vestigios del pasado. Para castigar este pecado contra la nueva justicia del tiempo, primero tenía que ser renombrado. Las conquistas sociales del pasado fueron rebautizadas con el nombre de "privilegios" y se emprendió la guerra contra estos privilegiados egoístas”.

Escapar de esta pinza implica volver a describir las maneras en que el tiempo constituye una "distribución jerárquica de las formas de vida", para romper la "gestión experta del presente". Al atar de nuevo ciertos "hilos perdidos", por usar el título de su libro anterior, el filósofo continúa el cuestionamiento que hizo en otro mordaz libro publicado hace un año, En quel temps vivons-nous? (¿En cuál tiempo vivimos?)



En esta entrevista con Éric Hazan, editor de La Fabrique, destacaba la forma en que "la morosidad electoral encuentra habitualmente su contraparte en movimientos de protesta semiresignados y teorías revolucionarias "radicales" que a menudo toman prestados sus argumentos y su tonalidad de las teorías desengañadas de la catástrofe civilizacional”.
Consideraba que "la cuestión no es saber si se tiene que ser realista o intransigente", centrándose en la cuestión de los objetivos, porque "no estamos trabajando para el futuro, estamos trabajando para ampliar una brecha, un surco trazado en el presente, para intensificar la experiencia de una distinta manera de ser".

Para el filósofo, "la emancipación ha sido siempre una forma de crear, dentro del orden normal de un tiempo distinto, una forma diferente de habitar el mundo sensible en común".


Entrevista:

Abre su texto, Les Temps modernes (Los tiempos modernos), cuestionando el uso de la palabra "reforma", que se ha convertido en un “significante dominante" de nuestro tiempo. Más adelante, usted explica los señuelos y la confusión que rodean a la palabra "crisis", recordando que, para Marx, la crisis "era la revelación concreta de la contradicción que habitaba un sistema la cual tenía que terminar destruyéndolo", mientras "que es algo muy diferente hoy en día. Es el estado normal de un sistema gobernado por los intereses del capital financiero". ¿Existe un vocabulario demasiado pervertido para volverlo políticamente inutilizable y que por lo tanto debería ser abandonado?

Jacques Rancière: No estoy diciendo que debamos abandonarlo. La política se basa en significantes que, precisamente, son cambiantes y utilizados por unos y otros. Siempre he dicho, por ejemplo, que la palabra "democracia" debería seguir siendo útil cuando mucha gente quería abandonarla, porque es la palabra que designa este poder de los iguales que nuestros gobernantes quieren hacer invisible. La batalla sobre las palabras es también una batalla sobre las cosas mismas. "Crisis" actualmente se refiere a un concepto propio del enemigo. Es una forma de describir el estado del mundo que permite a los gobernantes legitimarse en tanto que personas aptas para curar estos males. Del mismo modo, la "reforma" es una forma de justificar la privatización generalizada, presentándola como una adaptación a una necesidad objetiva. Siempre hay una batalla por las palabras, hay palabras que valen la pena ser retomadas, y otras que no. La política no es una elección que se hace una vez que se ha establecido una descripción de la situación, es primero la batalla sobre cómo describirla.

Explica que "la acción política, las ciencias sociales o la práctica periodística utilizan la ficción, al igual que los novelistas y cineastas", recordando que "la ficción no es la invención de seres imaginarios", sino "la construcción de un marco en el que los sujetos, las cosas, las situaciones se perciben como pertenecientes a un mundo común, los acontecimientos se identifican y se vinculan entre sí en términos de convivencia, sucesión y vínculos causales". ¿Cuál es entonces el proceso ficcional de la acción política contemporánea?

Hay una batalla entre ficciones. Hay una ficción dominante que es una ficción de la explicación global del mundo: es una duplicación de una ficción ampliamente compartida por la derecha y la izquierda, por las fuerzas conservadoras y las fuerzas que pretendían ser revolucionarias, a saber, la ficción de la necesidad histórica a la cual resulta vano querer oponerse. Lo que se opone hoy a esta ficción es la creación de ficciones locales que, en tal o cual situación, en tal o cual momento, proponen otras formas de describir las situaciones, de definir los actores de una acción y las distintas posibilidades de una situación.

¿Bajo qué condiciones pueden ser estas situaciones algo más que simples oasis?

La primera condición es mantener descripciones del mundo y capacidades de acción que estén diferenciadas y contrapuestas a la lógica dominante. ¿Qué va a ser? No lo sabemos... Pero se trata de pensar en tiempos que desarrollen su propia energía, sus propias posibilidades, en lugar de tiempos determinados por el horizonte que nos hemos marcado y hacia los que pretendemos conocer los pasos a dar.

Me he situado en este momento histórico, que tal vez comienza con las manifestaciones contra la reelección de Ahmadinejad en Irán y las primaveras árabes y continúa con los movimientos de ocupación, del que "Nuit debout" es uno de los últimos avatares. No busco modelos, sino describir una cierta trayectoria donde estas concentraciones masivas existen en un lugar y en un tiempo. Esto plantea la pregunta de cómo pensar la lucha colectiva hoy en día. Notre-Dame-des-Landes es una batalla que ha ganado su objetivo inmediato. Todo lo que está en juego en la batalla entre el gobierno y la reunión de los colectivos de NDDL es entonces saber si se trata de una lucha por una reivindicación específica que se ha alcanzado o de un conflicto de mundos que está destinado a continuar.

Siempre hay más o menos un entrelazamiento en lo político entre enfrentamientos de fuerzas y conflictos de mundos posibles. Así, el "movimiento obrero" no era simplemente el movimiento de una clase que perseguía sus intereses comunes, sino la propuesta de un mundo alternativo. Pero con la desindustrialización y la deslocalización que han debilitado la fuerza de trabajo colectiva en nuestros países, la política tiende a asumir el aspecto de estos conflictos por un mundo posible, que no representan una clase social, sino personas que se definen por el mundo que presentan como una alternativa al mundo dominante.

¿Por qué tenemos la sensación de que las brechas en la "gestión experta del presente" apenas si logran ensancharse, como lo ha demostrado, por ejemplo, la movilización para la defensa del servicio público articulada en la reforma de la SNCF? Cuando, sin embargo, se trataba de luchar contra Macron "y su mundo", tal como en Notre-Dame-des-Landes se luchaba contra el aeropuerto "y su mundo". "Pero algo no logra enganchar y alumbrar, a pesar de que la idea de que estamos en conflictos de mundos este presente. ¿Cómo explicas eso?

Constantemente hay pequeñas brechas. Hay batallas cada vez que el orden dominante intenta avanzar un peón más. Pero está claro que hoy en día se pagan todas las formas de confiscación del pensamiento emancipador por el pensamiento dominante. Se podría evocar estas múltiples formas de consentimiento "progresista" al orden dominante, por ejemplo, en 1995, la adhesión de toda una parte de la intelectualidad de izquierda al discurso dominante, con el argumento de que era necesario pensar en el futuro, no aferrarse a los "privilegios" del pasado. Esto fusionaba con el viejo discurso marxista contra los artesanos y las clases en declive que se aferran al pasado.

Así, hemos llegado a la paradoja de que cada vez que hay un movimiento obrero en lucha, y luchando contra el mundo de la privatización integral, hay una fuerte opinión progresista dominante que piensa que estas personas están luchando por causas que están perdidas y que, al estar perdidas, son necesariamente reaccionarias.

Si se piensa también en lo que la ideología republicana significo como inversión de cierto tipo de valores progresistas, nos damos cuenta de la captación de ideologías que se pretendían progresistas o revolucionarias por la lógica dominante, la formación de una "izquierda de derechas" que acompañó los avances del capitalismo absoluto.

Así que tenemos todavía movimientos sociales clásicos, pero dirigidos por grupos que se han convertido sociológicamente en una minoría. Y debido a que están sociológicamente minoritarios, se piensa que son históricamente atrasados.

No nos encontramos frente al capitalismo, sino en su mundo, explicaba usted en su libro En quel temps vivons-nous? (¿En qué tiempos vivimos?) ¿Entonces, de que podemos agarrarnos para hacer frente a lo que usted llama el capitalismo absoluto?

Durante mucho tiempo, el llamado orden neoliberal, es decir, el orden del capitalismo absoluto, fue gestionado por personas que pensaban que representaban un campo, pero que tenían que manejar un sistema de equilibrio entre las fuerzas sociales y políticas. Así que había cosas que consideraban imposibles, impensables o demasiado arriesgadas. Consideremos lo que sucedió en 2006 con la ley sobre el primer contrato de trabajo (CPE). Hubo un momento en que la derecha terminó capitulando frente a la movilización, juzgando imposible imponer a los jóvenes una ley, ya votada, que rehusaban.
Lo que especifica Macron es haberse desecho de esta preocupación por el equilibrio de las distintas fuerzas. Actúa como el puro y simple representante del capital, lo que la izquierda no podía hacer directamente. Tal vez eso era lo necesario en Francia, porque lo que hacía la derecha en Inglaterra o en los Estados Unidos no podía ser llevado a cabo por la derecha francesa. Sólo podía hacerlo un tipo que, en última instancia y literalmente, no representa nada fuera de la lógica del capital.

¿Cómo experimentamos un conflicto entre diferentes temporalidades, entre diferentes "tiempos modernos" que chocan o se excluyen entre sí?

Siempre ha habido un conflicto sobre la idea de los "tiempos modernos" porque la idea dominante de la modernidad fue inventada en parte por personas hostiles a esta modernidad. Representaba una mezcla entre la narrativa progresista, que es la narrativa de la Ilustración, de una historia que, poco a poco, hace triunfar la razón entre los hombres, y la narrativa de la contrarrevolución, que es la de un mundo moderno, caracterizado por la disolución de los lazos sociales, del orden simbólico y, por lo tanto, el abandono de un mundo condenado a la desgracia del individualismo y la democracia.

La narrativa dominante de los tiempos modernos mezcla así las narrativas, como lo vemos aún más hoy, donde el orden dominante ha retomado la narrativa del progreso y la necesaria marcha de la historia. Por el contrario, las narrativas que pretenden ser alternativas asumen en gran medida la visión de un mundo moderno como decadencia. Toda una parte de la opinión que se pretende de izquierda, revolucionaria, marxista, ha adoptado en gran medida una visión heideggeriana del mundo, la visión de una esencia de la técnica llevando la humanidad a su pérdida al disolver los vínculos entre los humanos.

Nos encontramos, pues, en esta paradoja de tener un discurso dominante, basado en lo que ayer era el pensamiento del progreso y de la historia en curso, y unos discursos alternativos, que son en gran medida unos discursos del abandono moderno, de la democracia como reino del individualismo, con lo que vienen a mezclarse los discursos de la catástrofe y del planeta amenazado. Estas advertencias sobre el planeta amenazado son, por supuesto, todo menos catastrofismo contrarrevolucionario. Pero hay una conjunción entre varias interpretaciones del mundo y un desdibujamiento de puntos de referencia que son quizás más importantes que nunca.

¿No puede haber un catastrofismo "ilustrado"?

El catastrofismo siempre ha sido una forma de demostrar que estábamos ilustrados. En general, en el Occidente moderno, ser ilustrado significaba estar del lado de los que saben. Los que saben han sido durante mucho tiempo los que sabían por qué la revolución iba a llegar. Ahora se encuentran a menudo en el lado de aquellos que dicen saber por qué no va a suceder.



Se puede pedir que se tenga en cuenta toda una serie de peligros y amenazas sin que, sin embargo, se tenga en cuenta un discurso de catástrofe inminente. Hoy en día, cualquier discurso global sobre el estado del mundo es un discurso que se refiere a la capacidad de los que gestionan el estado del mundo. Donde hay contra-discursos y contra-temporalidades, es precisamente en un cierto número de acciones que dicen: "Nos quedaremos aquí y ahora sobre lo que se le hace a la tierra, sobre lo que se le hace a la gente, en este lugar y en este preciso momento.»

¿Quién puede trabajar hoy en día a escala global, sino los amos del planeta? No hay una internacional comunista, no hay una internacional obrera, pero hay una internacional capitalista. Debemos partir de esta situación, y por lo tanto alejarnos de las jerarquías tradicionales marxistas o progresistas de la totalidad y la parte. Es a partir de lugares, temporalidades, momentos específicamente construidos que se libran las batallas contra el orden dominante.




¿Puede aclarar qué significa que el tiempo separa a las personas, quizás más que las condiciones materiales?

No contrapongo el tiempo a las condiciones materiales, porque la primera condición material es vivir en el tiempo. Haber trabajado durante mucho tiempo en la historia de los trabajadores me ha enseñado que la primera inferioridad que se sufre es la de no tener tiempo. He vinculado esto a este pasaje en La República donde Platón explica que cuando eres artesano, no tienes tiempo para hacer otra cosa que tu trabajo. Es todo un orden mundial que se condensa aquí. Es imposible oponer los sufrimientos llamados reales o materiales a los de vivir en el tiempo de la exclusión, el tiempo de las personas que no tienen tiempo. Esta jerarquía ha funcionado durante milenios entre los hombres pasivos, que trabajan todo el día, y los hombres activos, que pueden saborear el ocio, cuyo tiempo no está marcado por la necesidad, porque tienen la posibilidad de la acción, la posibilidad del ocio, la posibilidad del pensamiento o la cultura.

El tiempo es la cosa más material en la vida humana. Como he podido combatir a los que dicen que las palabras y la realidad están separadas, siempre he intentado defender una idea de materialidad un poco más amplia que el salario y la comida del día.

¿Qué está emergiendo y a la vez se esconde detrás de la observación recurrente de que nuestro tiempo es el del "fin de las grandes narraciones"?

El final de las grandes narraciones es una manera de confirmar que lo que está sucediendo en la vida de los hombres sería el producto de una evolución que se refiere a la idea de un tiempo único. Si hay algo que pueda oponerse a una "gran narrativa moderna" no es la idea de que "se ha acabado", porque esa idea siempre está ligada a la idea de que existe una necesidad global. Son las brechas las que abren otras formas de temporalidades, porque el tiempo es una realidad conflictiva.

La singularidad de la literatura, en el sentido moderno del término, es que ha puesto fin no a las grandes narrativas, sino a los modelos narrativos basados en la distribución jerárquica del tiempo. La literatura ha decretado que no existe, por un lado, el tiempo de las grandes acciones y, por otro, el tiempo de la repetición, de la rutina, sino que, finalmente, el tiempo que vale la pena contar, el tiempo que guía la narración, es precisamente este tiempo que se dice que es de la vida cotidiana, que no es un tiempo muerto, un tiempo vacío, sino el tiempo de una multitud de acontecimientos sensibles que pueden ser compartidos por todos.




Cuando el carpintero Louis-Gabriel Gauny, en el siglo XIX, escribe y reescribe su trabajo diario, no lo cuenta, sino que hace una contra-narrativa. Redibuja este tiempo que se supone que debe ser uniforme, el tiempo en el que se supone que nada debe suceder, para mostrar todo lo que sucede allí, la multitud de cosas que suceden entre los gestos de las manos, los movimientos de la mirada y las traslaciones del pensamiento, todo lo que así produce la adhesión o la distancia en relación al tiempo "normal", que es el tiempo de la dominación.


Hay una tensión propia de los tiempos modernos. La gran narrativa política ha separado constantemente a quienes son modernos y quienes son atrasados. La literatura ha construido un contra-modelo donde hay un mismo tiempo que es compartido por todos.


Cuando usted dice que no debemos esperar hasta que tengamos la esperanza para actuar, queremos preguntarle: ¿cómo podemos actuar hoy? Tiene fórmulas en sus últimos libros denunciando "los patrones anticuados de la acción programada". Pero entonces, ¿cómo podemos actuar sin una finalidad?

No me dedique a decir cómo se debían hacer las cosas, sino que traté de ver cómo lo hacían los que hacen algo, los que actúan, afirmando que un conflicto de fuerzas en un punto dado es al mismo tiempo una especie de conflicto global de mundos. Esto puede tomar diferentes formas, como la ZAD o esta o aquella lucha por un tema ambiental. Esto puede brotar de un hecho casi insignificante, como la historia de Gezi Park en Estambul. Algo que se supone que es local, puntual, se convierte en algo universal. Construimos una escena, construimos una temporalidad específica, que definirá un marco, y entonces la cuestión es saber qué hacer en este marco.

Desde este punto de partida, cada conflicto tiene una tensión específica, y cuando se dispara a la gente, como en Kiev o Estambul, se alcanza otra etapa, lo cual no ha sido el caso en Nueva York, Madrid o París.

Se puede evocar la especificidad griega, que consistío en pensar que el problema no era sólo ocupar un lugar, instalarse allí, sino más bien crear una red de lugares alternativos en relación unos con otros. Hay toda una serie de formas alternativas que se han ido configurando, a nivel de la producción, la salud, la educación, la información... Sin duda esto se debió a que el movimiento griego tenía un vínculo preciso con el conflicto global, que estaba reaccionando a la acción de esta Unión Europea que es la sección europea de la internacional capitalista. Ahí había precisamente una especie de ajuste entre el conflicto de fuerzas y el conflicto de mundos: las fuerzas represivas sobre el terreno eran, de hecho, los agentes de una fuerza represiva global.

Básicamente, la cuestión es cómo articular la constitución de un espacio y un tiempo simbólicos con formas de acción que vinculen el modo de lucha con el modo de estar juntos. Desde este punto de vista, lo que ocurrió en Grecia o en Notre-Dame-des-Landes no es lo mismo que la forma un tanto abstracta de lo que ocurrió en la Place de la République, donde nos preguntábamos: ¿deberíamos celebrar asambleas o salir en una manifestación espontanea y violenta?

Se le lee también para equiparse de ciertas herramientas, como lo hicieron los "intermitentes", recuperando el título de uno de vuestros libros, Le Partage du sensible ("El reparto de lo sensible"), como lema. ¿A quién o para qué son destinados sus libros?




Propongo una redefinición de las situaciones, del campo de las posibilidades abiertas por una situación. No pretendo aportar más que posibilidades para figurar la marcha del tiempo, para representar de otra manera lo que la gente hace, su relación con la dominación, el significado de lo que hacen contra el orden dominante, la relación entre un presente y una concepción más amplia del tiempo. He tratado de transmitir la conciencia de la relación entre actos singulares de recuperación de un espacio, de un tiempo, de posibilidades de vivir, de formas de vida, de formas de pensar la acción, de pensar el futuro de la acción.

Trabajé mucho para mostrar que lo que se llamaba "movimiento obrero", que era tratado como una especie de gran masa global, estaba de hecho anclado en una multitud de formas de reapropiación del tiempo, tanto a nivel individual como colectivo.

Por ejemplo, la huelga no es sólo una batalla entre personas que tienen intereses opuestos, sino también la creación de otro tiempo; lo mismo en cuanto la ocupación. Trabajé para intentar romper la división entre lo político y lo estético, lo parcial y lo global, lo instantáneo y el largo plazo.

Durante mucho tiempo, se pensó que la teoría proporcionaba armas. Desafortunadamente, la teoría no da armas, la teoría da explicaciones. Y las explicaciones no dan armas, contrariamente a lo que se pensó durante casi un siglo. Desde treinta o cuarenta años, incluso nos hemos dado cuenta de que las explicaciones más bien dan armas para no hacer nada, o armas para padecer y consentir lo que existe. Las redescripciones, no dan armas, sino medios para sentirse menos solos, menos acorralados, menos atrapados en situaciones de derrota o desesperación.

Sin embargo, tenemos la sensación de que el tiempo de la internacional capitalista, hoy, se acelera, con los Trump, Orbán o Salvini: el tiempo del capitalismo absoluto va acompañado del tiempo de un nacionalismo cada vez más absoluto. ¿Percibe usted esa aceleración del tiempo del lado opuesto?

¿Podemos hablar de aceleración? Lo que es significativo, y que comenzó en la época de Reagan, es precisamente la disociación interna del modelo progresista de la concordancia de los tiempos. En el momento del 11 de septiembre de 2001, los estadounidenses se preguntaban cómo era posible que gente versada en informática fuera al mismo tiempo fanática de Alá. Esto es un rebote, recordándonos que siempre hay un poco de Ku-Klux-Klan detrás de la modernidad capitalista. Siempre hay una pasión asesina por el orden propietario, que es algo extraordinariamente fuerte, detrás de las declaraciones sobre la gran liberación de las energías mundiales.

Hoy podemos percibir que la idea de que todas las grandes ideologías se han ahogado en las aguas heladas del cálculo egoísta es falsa. El cálculo egoísta se abre paso entre ideologías nacionalistas, pasiones propietarias, pasiones racistas...

Es por eso que el término neoliberalismo es tan engañoso: no estamos en absoluto en el mundo que se nos describe, tanto a la derecha como a la izquierda, en un mundo donde el orden de la mercancía sería también el de la liberalización, el de la permisividad absoluta. Es por eso que la mayoría de los análisis del llamado orden neoliberal también son nulos. Actúan como si hubiera una adecuación entre el avance del capital, el desarrollo de una democracia de masas, el reinado de una pequeña burguesía mundial que comparte todos los valores liberales o libertarios.

Pero lo que vemos con Trump o Salvini es que no hay ningun vínculo entre los progresos históricos. El fondo de la dominación capitalista del mundo no es la liberación de las energías individuales e individualistas, es la furia del orden propietario, tanto a nivel individual como a nivel nacional...
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Esta ferocidad, cuando hemos leído la literatura americana y visto el cine americano, la conocemos: sabemos que detrás de la gran epopeya de la nivelación del capitalismo, creador de la pequeña burguesía universal, hay una ferocidad absolutamente monstruosa.

Estamos redescubriendo esto de una manera algo sorprendente. Todo sucede como si estuviéramos redescubriendo, con Trump, lo que Chaplin estaba viendo al convertir a Hitler en un payaso, un payaso que es, por supuesto, un animal feroz.

Después de lo de Grecia, en la época del Aquarius, ¿le queda algo de la Europa?

Todo depende de lo que se llama Europa. En la construcción europea moderna ha habido dos momentos: el momento de la pequeña Europa en el que intentamos -con todas las ambigüedades, por supuesto- constituir un espacio democrático europeo contra los fantasmas nazis y fascistas, y luego, el momento completamente diferente de la construcción europea como máquina de poder del capital. Hoy en día, Europa existe sólo como una Europa del Capital, mientras que hubo un momento en el que se podía creer o hacer creer en la conjunción entre la creación de un espacio económico de libre comercio y un espacio de democracia. Está claro que ya no estamos allí: por mucho que la Unión Europea sea capaz de hacer cumplir la voluntad del capital, es absolutamente incapaz de luchar contra los Orbán y compañía.

¿Qué relaciones establece entre el tríptico que compone el subtítulo de su libro: ¿Arte, tiempo y política? Usted cita a Hegel, según el cual, "cuando el arte ya no es el florecimiento de una forma de vida colectiva, se convierte en una simple demostración de virtuosismo.

No hago mío el diagnóstico de Hegel. Corresponde a este momento singular en el que el arte comienza a existir como un ámbito de experiencia específica, en nombre de un pasado en el que el arte era una forma de vida colectiva. Hegel es el hombre de este momento singular del museo donde la pintura existirá como tal, el arte existirá como tal, en su propio mundo, y ya no será lo que decora los palacios de los poderosos o lo que ilustra las verdades de la fe.

Desde el principio, el arte se da como un mundo aparte; pero este mundo aparte se basa en el hecho de que ya no hay ninguna barrera determinada entre lo que es artístico y lo que no lo es. Esta contradicción entre el arte vuelto una realidad propia y el arte pensado como una forma de vida colectiva es lo que alimentó el modernismo: el arte tenía que convertirse nuevamente en una forma de vida colectiva.




A principios del siglo XX, las artes de la acción, el movimiento, el teatro, la danza, o artes anteriormente despreciadas como las artes decorativas, el diseño, se convirtieron en los medios para formar la decoración material de la nueva vida. Este momento en que las artes secundarias despreciadas llegan al primer plano de la escena como signos de un retorno del arte a la función de crear formas de vida, y ya no como obras de arte, acompañó a los tiempos modernos, al menos hasta la década de 1930.

Con la represión del estalinismo, el nazismo y el fascismo, este fuerte empuje fue reprimido en el terreno, antes de ser reprimido teóricamente cuando el modernismo fue reinventado como la autonomía del arte, el arte ocupándose de su propio medio.

No creo que hoy en día nadie crea que el arte sea una forma de vida, aunque pasemos nuestro tiempo en todos los festivales, en todas las bienales, intentando mimetizar este momento histórico, con un teatro que sería teatro de acción, de movimiento, o con estas exposiciones que dan vida a este pasado del arte identificado a la vida.

Para mí, es un sueño perdido: después de la fase modernista, hubo este momento crítico, este momento del arte brechtiano. El arte fue pensado como un tipo de pedagogía que formaba a la gente, enseñándoles a conocer el mundo, a comportarse frente al mundo: este arte crítico era precisamente una especie de luto del arte como forma de vida.

Hoy, con el luto del arte crítico, vemos regresar como sueño, y muy a menudo como caricatura la idea de este arte vivo, este arte identificado con una especie de manifestación política. En el arte de la "performance", en las instalaciones, en el teatro, vemos este deseo de redescubrir una forma de arte que sea al mismo tiempo una forma de acción colectiva. Esto puede parecer muy desfasado en relación a lo que está sucediendo afuera, como si el arte estuviera tratando de llenar el vacío político. Pero estas formas de politización del arte son a menudo cercanas a las nuevas formas de ocupación colectiva de las calles, como si ambas tocaran el mismo corazón "estético" de la política: la lucha en torno al reparto sensible del tiempo y el espacio, las identidades y las capacidades.