febrero 21, 2017

TAL CUAL... tal cual... TAL CUAL... tal cual...
















LOS MUROS ARRIBA,

LAS GRIETAS ABAJO (Y A LA IZQUIERDA).

Febrero del 2017.

La tormenta en nuestro caminar.

  Para nosotras, nosotros, pueblos originarios zapatistas, la tormenta, la guerra, lleva siglos.  Llegó a nuestras tierras con la patraña de la civilización y la religión dominantes.  En ese entonces, la espada y la cruz desangraron a nuestra gente.
  Con el paso del tiempo, la espada se modernizó y la cruz fue destronada por la religión del capital, pero se siguió demandando nuestra sangre como ofrenda al nuevo dios: el dinero.
  Resistimos, siempre resistimos.  Nuestras rebeldías fueron suplantadas en la disputa entre unos contra otros por el Poder.  Unos y otros, arriba siempre, nos demandaron luchar y morir para servirlos, nos exigieron obediencia y sometimiento bajo la mentira de liberarnos.  Como aquellos a quienes decían y dicen combatir, vinieron y vienen a mandar.  Hubo así supuestas independencias y falsas revoluciones, las pasadas y las por venir.  Los de arriba se turnaron y se turnan, desde entonces, para mal gobernar o para aspirar a hacerlo.  Y en calendarios pasados y presentes, su propuesta sigue siendo la misma: que nosotras, nosotros, pongamos la sangre; mientras ellos dirigen o simulan dirigir.
  Y antes y ahora, olvidan ellos que no olvidamos.
  Y siempre la mujer abajo, ayer y hoy.  Incluso en lo colectivo que fuimos y somos.
  Pero los calendarios no sólo trajeron dolor y muerte para nuestros pueblos.  Al expandir su dominio, el Poder creó nuevas hermandades en la desgracia.  Vimos entonces al obrero y al campesino hacerse uno con nuestro dolor, y yacer bajo las cuatro ruedas del carromato mortal del Capital.
  Conforme avanzó el Poder en su paso por el tiempo, más y más crecía el abajo, ensanchando la base sobre la que el Poder es Poder.  Vimos entonces sumarse a maestros, estudiantes, artesanos, pequeños comerciantes, profesionistas, los etcéteras con nombres diferentes pero idénticos pesares.
  No bastó.  El Poder es un espacio exclusivo, discriminatorio, selecto.  Entonces las diferencias fueron también perseguidas abiertamente.  El color, la raza, el credo, la preferencia sexual, fueron expulsadas del paraíso prometido, siendo que el infierno fue su casa permanente.
  Les siguieron la juventud, la niñez, la ancianidad.  El Poder convirtió así a los calendarios en materia de persecución.  Todo el abajo es culpable: por ser mujer, por ser niñ@, por ser joven, por ser adulto, por ser ancian@, por ser human@
  Pero, al expandir la explotación, el despojo, la represión y la discriminación, el Poder también amplió las resistencias… y las rebeldías.
  Vimos entonces, y ahora, levantarse la mirada de muchas, muchos, muchoas.  Diferentes pero semejantes en la rabia y la insumisión.
  El Poder sabe que sólo es lo que es sobre quienes trabajan.  Los necesita.
  A cada rebelión respondió y responde comprando o engañando a los menos, encarcelando y asesinando a los más.  No teme sus demandas, es su ejemplo el que le causa horror.
  No bastó.  De dominar naciones, el Poder del Capital buscó poner a la humanidad entera bajo su pesado yugo.
  Tampoco fue suficiente.  El Capital pretende ahora manejar a la naturaleza, domarla, domesticarla, explotarla.  Es decir, destruirla.
  Siempre con la guerra, en su avance destructor el Capital, el Poder, demolió primero feudos y reinos.  Y sobre sus ruinas levantó naciones.
  Luego devastó naciones, y sobre sus escombros erigió el nuevo orden mundial: un gran mercado.
  El mundo entero se convirtió en un inmenso almacén de mercancías.  Todo se vende y se compra: las aguas, los vientos, la tierra, las plantas y los animales, los gobiernos, el conocimiento, la diversión, el deseo, el amor, el odio, la gente.
  Pero en el gran mercado del Capital no sólo se intercambian mercancías.  La “libertad económica” es sólo un espejismo que simula acuerdo mutuo entre quien vende y quien compra.  En realidad, el mercado se basa en el despojo y la explotación.  El intercambio es entonces de impunidades.  La justicia se transformó en una caricatura grotesca y en su balanza siempre pesa más el dinero que la verdad.  Y la estabilidad de esa tragedia llamada Capitalismo depende de la represión y el desprecio.
  Pero no bastó tampoco.  Dominar en el mundo material no es posible si no se domina en las ideas.  La imposición con religiones se profundizó y alcanzó a las artes y las ciencias.  Como modas de vestir, surgieron y surgen filosofías y creencias.  Las ciencias y las artes dejaron de ser lo distintivo de lo humano y se acomodaron en un estante del supermercado mundial.  El conocimiento pasó a ser propiedad privada, lo mismo que la recreación y el placer.

 El Capital, así, se consolidó como una gran máquina trituradora, usando ya no sólo a la humanidad entera como materia prima para producir mercancías, también a los conocimientos, a las artes, … y a la naturaleza.
  La destrucción del planeta, los millones de desplazados, el auge del crimen, el desempleo, la miseria, la debilidad de los gobiernos, las guerras por venir, no son producto de los excesos del Capital, o de una conducción errónea de un sistema que prometió orden, progreso, paz y prosperidad.
  No, todas las desgracias son la esencia del sistema.  De ellas se alimenta, a costa de ellas crece.
  La destrucción y la muerte son el combustible de la gran máquina del Capital.
  Y fueron, son y serán inútiles los esfuerzos por “racionalizar” su funcionamiento, por “humanizarlo”.  Lo irracional y lo inhumano son sus piezas claves.  No hay arreglo posible.  No lo hubo antes.  Y ahora ya tampoco se puede atenuar su paso criminal.
  La única forma de detener la máquina es destruirla.
  En la guerra mundial actual, la disputa es entre el sistema y la humanidad.
  Por eso la lucha anticapitalista es una lucha por la humanidad.
  Quienes todavía pretenden “arreglar” o “salvar” al sistema, en realidad nos proponen el suicidio masivo, global, como sacrificio póstumo al Poder.
  Pero en el sistema no hay solución.
  Y no bastan ni el horror, ni la condena, ni la resignación, ni la esperanza en que ya pasó lo peor y las cosas no harán sino mejorar.
  No.  Lo cierto es que se va poner peor.
  Por esas razones, más las que cada quien agregue de sus particulares calendarios y geografías, es que hay que resistir, hay que rebelarse, hay que decir “no”, hay que luchar, hay que organizarse.
  Por eso hay que levantar el viento de abajo con resistencia y rebeldía, con organización.
  Sólo así podremos sobrevivir.  Sólo así será posible vivir.
  Y sólo entonces, como fue nuestra palabra hace 25 años, podremos ver que…
“Cuando amaine la tormenta,
cuando la lluvia y fuego dejen en paz otra vez la tierra,
el mundo ya no será el mundo, sino algo mejor.”

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La guerra y los muros de afuera y de adentro.

  Si antes el sufrimiento causado por la guerra era patrimonio exclusivo del abajo mundial, ahora ensancha sus calamidades.
  Sobre cada rincón del planeta, el odio y el desprecio pretenden destruir familias, comunidades enteras, naciones, continentes.  No es necesario ya haber cometido un delito o ser presunto criminal, basta ser sospechoso de ser humano.
  Provocada por la codicia del gran dinero, la pesadilla actual pretende ser cobrada a quienes la padecen.  Las fronteras ya no sólo son líneas punteadas en los mapas y garitas aduanales, ahora son murallas de ejércitos y policías, de cemento y ladrillos, de leyes y persecuciones.  En todo el mundo de arriba, la caza del ser humano se incrementa y se festina en competencias clandestinas: gana quien más expulse, encarcele, confine, asesine.
  Como llevamos diciendo desde hace más de 20 años, la globalización neoliberal no trajo el surgimiento de la aldea planetaria, sino la fragmentación y disolución de los llamados “Estados-nación”.  Llamamos entonces, y ahora, a ese proceso con el nombre que mejor lo describe: “guerra mundial” (la cuarta, según nosotr@s).
  Lo único que se mundializó fue el mercado y, con él, la guerra.
  Para quienes hacen funcionar las máquinas y hacen nacer a la tierra, las fronteras siguieron y siguen siendo lo que siempre han sido: cárceles.
  Nuestra afirmación provocó entonces, hace dos décadas, sonrisas burlonas de la intelectualidad internacional encadenada a viejos y caducos dogmas.  Y esos mismos hoy tartamudean ante una realidad frenética, y, o ensayan viejas recetas, o se mudan a la idea de moda que, tras una compleja elaboración teórica, esconde lo único verdadero: no tienen ni la más remota idea de lo que pasa, ni de lo que sigue, ni de lo que antecedió a la pesadilla actual.
  Se lamentan.  El pensamiento de arriba les prometió un mundo sin fronteras, y su resultado es un planeta atiborrado de trincheras chovinistas.
  El mundo no se transformó en una gigantesca megalópolis sin fronteras, sino en un gran mar sacudido por una tempestad que no tiene precedentes de igual magnitud.  En él, millones de desplazados (a quienes, con rubor mediático, se les unifica bajo el nombre de “migrantes”) naufragan en pequeñas barcas, esperando ser rescatados por el gigantesco navío del gran Capital.
  Pero no sólo no lo hará; él, el gran Capital, es el principal responsable de la tormenta que amenaza ya la existencia de la humanidad entera.
  Con el torpe disfraz del nacionalismo fascista, los tiempos del oscurantismo más retrógrada vuelven reclamando privilegios y atenciones.  Cansado de gobernar desde las sombras, el gran Capital desmonta las mentiras de la “ciudadanía” y la “igualdad” frente a la ley y el mercado.
  La bandera de “libertad, igualdad y fraternidad” con la que el capitalismo vistió su paso a sistema dominante en el mundo, es ya sólo un trapo sucio y desechado en el basurero de la historia de arriba.
  Al fin el sistema se desemboza y muestra sus verdaderos rostro y vocación.  “Guerra siempre, guerra en todas partes”, reza el emblema del soberbio buque que navega en un mar de sangre y mierda.  Es el dinero y no la inteligencia artificial la que combate a la humanidad en la batalla decisiva: la de la supervivencia.
  Nadie está a salvo.  Ni el ingenuo capitalista nacional, que soñaba con la bonanza que le ofrecían los mercados mundiales abiertos, ni la conservadora clase media sobreviviendo entre el sueño de ser poderosa y la realidad de ser rebaño del pastor en turno.
  Y ni hablar de la clase trabajadora del campo y la ciudad, en condiciones más difíciles si posible fuera.
  Y, para completar la imagen apocalíptica, millones de desplazados y migrantes agolpándose en las fronteras que, de pronto, se volvieron tan reales como los muros que, a cada paso, interponen gobiernos y criminales.  En la geografía mundial de los medios de comunicación y las redes sociales, los desplazados, fantasmas errantes sin nombre ni rostro, apenas son un número estadístico que muta su ubicación.
  ¿El calendario?  Apenas un día después de la promesa del fin de la historia, de la solemne declaración de la supremacía de un sistema que otorgaría bienestar a quien trabajara, de la victoria sobre el “enemigo comunista” que pretendía coartar la libertad, imponer dictaduras y generar pobreza, de la eternidad prometida que anulaba todas las genealogías.  El mismo calendario que anunciaba apenas ayer que la historia mundial recién empezaba.  Y resulta que no, que todo no era sino el preludio de la más espantosa pesadilla.
  El capitalismo como sistema mundial colapsa, y, desesperados, los grandes capitanes no atinan a dónde ir.  Por eso se repliegan a sus guaridas de origen.
  Ofrecen lo imposible: la salvación local contra la catástrofe mundial.  Y la pamplina se vende bien entre una clase media que se difumina con los de abajo en sus ingresos, pero pretende suplir sus carencias económicas con refrendos de raza, credo, color y sexo.  La salvación de arriba es anglosajona, blanca, creyente y masculina.
  Y ahora, quienes vivían de las migajas que caían de las mesas de los grandes capitales, ven desesperados cómo también contra ellos se levantan los muros.  Y, el colmo, pretenden encabezar la oposición a esa política guerrera.  Así vemos a la derecha intelectual hacer gestos de contrariedad e intentar tímidas y ridículas protestas.  Porque no, la globalización no fue el triunfo de la libertad.  Fue y es la etapa actual de la tiranía y la esclavitud.
  Las Naciones ya no lo son, aunque aún no se hayan percatado de ello sus respectivos gobiernos.  Sus banderas y emblemas nacionales lucen raídos y descoloridos.  Destruidos por la globalización de arriba, enfermos por el parásito del Capital y con la corrupción como única señal de identidad, con torpe premura los gobiernos nacionales pretenden resguardarse a sí mismos e intentar la reconstrucción imposible de lo que alguna vez fueron.
  En el compartimento estanco de sus murallas y aduanas, el sistema droga a la medianía social con el opio de un nacionalismo reaccionario y nostálgico, con la xenofobia, el racismo, el sexismo y la homofobia como plan de salvación.
  Las fronteras se multiplican dentro de cada territorio, no sólo las que pintan los mapas.  También y, sobre todo, las que levantan la corrupción y el crimen hecho gobierno.
  La bonanza posmoderna no era sino un globo inflado por el capital financiero.  Y vino la realidad a pincharla: millones de desplazados por la gran guerra llenan las tierras y las aguas, se amontonan en las aduanas y van haciendo grietas en los muros hechos y por hacer.  Alentados antes por el gran Capital, los fundamentalismos encuentran tierra fértil para sus propuestas de unificación: “del terror nacerá un solo pensamiento, el nuestro”.  Después de ser alimentada con dólares, la bestia del terrorismo amenaza la casa de su creador.
  Y, lo mismo en la Unión Americana, que en la Europa Occidental o en la Rusia neo zarista, la bestia se retuerce e intenta protegerse a sí misma.  Encumbra ahí (y no sólo ahí) a la estupidez y la ignorancia más ramplonas y, en sus figuras gobernantes, sintetiza su propuesta: “volvamos al pasado”.
  Pero no, América no volverá a ser grande de nuevo.  Nunca más.  Ni el sistema entero en su conjunto.  No importa qué hagan los de arriba.  El sistema llegó ya al punto de no retorno.

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Contra el Capital y sus muros: todas las grietas.

  La ofensiva internacional del Capital en contra de las diferencias raciales y nacionales, promoviendo la construcción de muros culturales, jurídicos y de cemento y acero, busca reducir más aún el planeta.  Pretenden crear así un mundo donde sólo quepan los que arriba son iguales entre sí.
  Sonará ridículo, pero así es: para enfrentar la tormenta el sistema no busca construir techos para guarecerse, sino muros detrás de los cuales esconderse.
  Esta nueva etapa de la guerra del Capital en contra de la Humanidad debe enfrentarse sí, con resistencia y rebeldía organizadas, pero también con la solidaridad y el apoyo a quienes ven atacadas sus vidas, libertades y bienes.
  Por eso:
  Considerando que el sistema es incapaz de frenar la destrucción.
  Considerando que, abajo y a la izquierda, no debe haber cabida para el conformismo y la resignación.
  Considerando que es momento de organizarse para luchar y es su tiempo de decir “NO” a la pesadilla que desde arriba nos imponen.

LA COMISIÓN SEXTA DEL EZLN Y LAS BASES DE APOYO ZAPATISTAS CONVOCAMOS:

I.- A la campaña mundial:

Frente a los muros del Capital:
la resistencia, la rebeldía, la solidaridad y el apoyo de abajo y a la izquierda.

  Con el objetivo de llamar a la organización y la resistencia mundial frente a la agresividad de los grandes dineros y sus respectivos capataces en el planeta, y que aterroriza ya a millones de personas en todo el mundo:
  Llamamos a organizarse con autonomía, a resistir y rebelarse contra las persecuciones, detenciones y deportaciones.  Si alguien se tiene que ir, que sean ellos, los de arriba.  Cada ser humano tiene derecho a una existencia libre y digna en el lugar que mejor le parezca, y tiene el derecho a luchar para seguir ahí.  La resistencia a las detenciones, desalojos y expulsiones son un deber, así como deber es apoyar a quienes se rebelan contra esas arbitrariedades SIN IMPORTAR LAS FRONTERAS.
  Hay que hacerle saber a toda esa gente que no está sola, que su dolor y su rabia es vista aún a la distancia, que su resistencia no es sólo saludada, también es apoyada así sea con nuestras pequeñas posibilidades.
  Hay que organizarse.  Hay que resistir.  Hay que decir “NO” a las persecuciones, a las expulsiones, a las cárceles, a los muros, a las fronteras.  Y hay que decir “NO” a los malos gobiernos nacionales que han sido y son cómplices de esa política de terror, destrucción y muerte.  De arriba no vendrán las soluciones, porque ahí se parieron los problemas.
  Por eso llamamos a la Sexta en su conjunto a que se organice, según su tiempo, modo y geografía, para apoyar en y con actividades a quienes resisten y se rebelan contra las expulsiones.  Sea apoyándolos para que regresen a sus hogares, sea creando “santuarios” o apoyando los ya existentes, sea con asesorías y apoyos legales, sea con paga, sea con las artes y las ciencias, sea con festivales y movilizaciones, sea con boicots comerciales y mediáticos, sea en el espacio cibernético, sea donde sea y como sea.  En todos los espacios donde nos movamos es nuestro deber apoyar y solidarizarnos.
  Llegó el momento de crear comités de solidaridad con la humanidad criminalizada y perseguida.  Hoy, más que nunca antes, su casa es también nuestra casa.
  Como zapatistas que somos, nuestra fuerza es pequeña y, aunque es amplio y hondo nuestro calendario, nuestra geografía es limitada.
  Por eso y para apoyar a quienes resisten a las detenciones y deportaciones, desde hace varias semanas la Comisión Sexta del EZLN ha iniciado contactos con individu@s, grupos, colectivos y organizaciones adherentes a la Sexta en el mundo, para ver el modo de hacerles llegar una pequeña ayuda de modo que les sirva como base para lanzar o continuar toda suerte de actividades y acciones a favor de l@s perseguid@s.
  Para iniciar, les enviaremos las obras artísticas creadas por l@s indígenas zapatistas para el CompArte del año pasado, así como café orgánico producido por las comunidades indígenas zapatistas en las montañas del sureste mexicano, para que, con su venta, realicen actividades artísticas y culturales para concretar el apoyo y la solidaridad con los migrantes y desplazados que, en todo el mundo, ven amenazadas su vida, libertad y bienes por las campañas xenofóbicas promovidas por los gobiernos y la ultra derecha en el mundo.
  Eso por lo pronto.  Ya iremos ideando nuevas formas de apoyo y solidaridad.  Las mujeres, hombres, niños y ancianos zapatistas no les dejaremos sol@s.

II.- Invitamos también a toda la Sexta y a quien se interese, al seminario de reflexión crítica “LOS MUROS DEL CAPITAL, LAS GRIETAS DE LA IZQUIERDA” a celebrarse los días del 12 al 15 de abril del 2017, en las instalaciones del CIDECI-UniTierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.  Participan:



Don Pablo González Casanova.
María de Jesús Patricio Martínez (CNI).
Paulina Fernández C.
Alicia Castellanos.
Magdalena Gómez.
Gilberto López y Rivas.
Luis Hernández Navarro.
Carlos Aguirre Rojas.
Arturo Anguiano.
Sergio Rodríguez Lascano.
Christian Chávez (CNI).
Carlos González (CNI).
Comisión Sexta del EZLN.

Próximamente daremos más detalles.
III.- Convocamos a tod@s l@s artistas a la segunda edición del “CompArte por la Humanidad” con el tema: “Contra el Capital y sus muros: todas las artes” a celebrarse en todo el mundo y en el espacio cibernético.  La parte “real” será en fechas del 23 al 29 de julio del 2017 en el caracol de Oventik y el CIDECI-UniTierra.  La edición virtual será del 1 al 12 de agosto del 2017 en la red.  Próximamente daremos más detalles.
IV.- También les pedimos estar atent@s a las actividades a las que convoque el Congreso Nacional Indígena, como parte de su proceso propio de conformación del Concejo Indígena de Gobierno.
V.- Convocamos a l@s científic@s del mundo a la segunda edición del “ConCiencias por la Humanidad” con el tema: “Las ciencias frente al muro”.  A celebrarse del 26 al 30 de diciembre del 2017 en el CIDECI-UniTierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, y en el espacio cibernético.  Próximamente daremos más detalles.
No es todo.  Hay que resistir, hay que rebelarse, hay que luchar, hay que organizarse.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Moisés.    Subcomandante Insurgente Galeano.

México, febrero 14 (también día de nuestr@s muert@s) del 2017.







febrero 18, 2017

"SUTIL" DIFERENCIA


Hace unos días, me llamo mucho la atención el contenido de la sección TREMENDING del periódico digital español PUBLICO, la cual me permito reproducir a continuación.


Rajoy “es elegido” y Pablo Iglesias “se hace con el control”: la ‘sutil’ diferencia en las portadas


Ya lo dijo Einstein, las cosas son relativas. Salir del congreso de un partido político como líder del mismo ¿es "ser elegido" o es "hacerse con el control"? Pues depende. Si a los dueños de los periódicos les gustas, lo primero. Si no, lo segundo. Es algo de sobra conocido, pero cuando sucede el mismo fin de semana es una delicia, porque puedes ver las diferencias de tratamiento con la tinta aún fresca.
El Partido Popular celebró este domingo su XVIII Congreso en la Caja Mágica de Madrid y, desde luego, se han sacado un buen truco de la manga. El partido que la semana pasada vio la primera condena por el caso 'Gürtel'; cuya exministra Ana Mato ha sido citada a declarar este lunes; cuyo exvicesidente económico Rodrigo Rato ha sido acusado por Hacienda de defraudar 6,8 millones entre 2004 y 2015; cuyo presiente de Murcia es acusado por un juez de tres delitos de fraude y cohecho... Ese partido ha tenido un apacible congreso en el que su líder ha sido "elegido", según reflejan los grandes medios. Su líder sale "fortalecido" y está dispuesto "a dar mucho más".
Pablo Iglesias, también fue elegido por los suyos en Vistalegre II. Sin embargo, en su caso "se hace con el control" y además "para purgar" e "impone la línea dura". Todo ello, salpimentado del adjetivo "radical".
"Vía radical", "poder para purgar", "línea dura", "más radical"...
El diario El País, en su portada del domingo 12 presentaba un titular totalmente inocuo sobre el congreso del PP: "Rajoy mantiene a Cospedal pero recorta sus poderes”. Su portada del lunes 13, respecto al cónclave de Podemos, es ligeramente diferente: "Podemos toma la vía radical y da todo el poder a Iglesias".


El Mundo, día 12: "Rajoy mantiene a Cospedal pero le da a Maillo parte de su poder”. Título plano a más no poder. Día 13:  "Iglesias arrasa a Errejón e impone la línea dura". En el subtítulo de la información: el secretario general “se hace con el poder absoluto”. Información acompañada de una foto de Iglesias soltándose el pelo (como queriendo decir...).
La Razón, fiel a su estilo, no se anda con disimulos. El domingo titulaba: “Rajoy ante el futuro del PP: Todavía puedo dar mucho más”. El lunes, en cambio, el verbo del titular busca ese feeling comunista que tanto les gusta: “Iglesias todo el poder para purgar”.
En el caso de ABC, el congreso conservador se resumió con el título: “Rajoy se confirma a sí mismo y a todo su núcleo duro”. También destacan el importantísimo detalle de que Rajoy está “dispuesto a dar todavía mucho más". El lunes, Iglesias no está dispuesto a dar más, sino que “Logra plenos poderes para volver al Podemos más radical”.
Esta disparidad de criterios ha sido tan clara en los últimos días, que en las redes sociales ha sido objeto de múltiples comentarios:
TVE habla de la "gran familia" del PP
No sólo la prensa hace estas diferencias. Hoy en el programa de Pepa Bueno en la Cadena Ser se hablaba de que Podemos se va "a radicalizar". En la televisión también es palpable la diferencia de trato. Este fin de semana, por ejemplo, TVE no ahorraba adjetivos a la hora de describir el buen rollo que se supone que reina en en PP. En el informativo del sábado, el presentador llegó a asegurar que "El tiempo desapacible que hay ahora en Madrid contrasta con la imagen de alegría que se vive en las filas populares”. La corresponsal aseguró que estaba presenciando una cita con un tono “distendido y amable, como si se tratase de una gran familia”.
Y es normal que los diarios y las televisiones tengan líneas editoriales. Lo que no es tan normal es que todos los grandes diarios nacionales tengan la misma línea editorial.



enero 29, 2017

BORREGOS PATRIOTEROS.


No tengo ni Facebook ni Instagram, ni twitter, pero Marina si, y me hizo percatarme que desde ayer muchos usuarios de estas muy mal llamadas “plataformas sociales” (cuando lo que hacen es mantener a sus usuarios atrapados en una comunicación virtual que suplanta una relación realmente palpable) cambiaron su “foto de presentación” por una bandera mexicana.

Quizás me equivoque (aunque no lo creo) pero me parece evidente que se trata de una más de estas respuestas “borregueras” destinadas a expresar su más ramplón nacionalismo y patriotismo, frente a la “agresión del malnacido Trump a nuestra querida patria mexicana”

¡¡ MUY MAL !!

Uno, porque se trata de una expresión primaria que se aloja en la parte límbica, si no es que reptiliana, del cerebro.

Dos, porque el sentimiento patriotero es de los más detestables que hay… responsable, a lo largo de toda la historia, de la muerte de millones de individuos que por una bandera y un himno han sacrificado su vida… cuando en realidad lo hicieron, inconscientemente, por los intereses de quienes ejercen la dominación y son maestros en el arte de la sumisión o el sometimiento de quienes nacieron en un territorio por ellos gobernado.

Tres, porque me parece inverosímil, que, en este preciso caso, no se den cuenta que no están apoyando a “su” país, sino un asesino de nombre Peña Nieto, quien a las pocas horas de escenificar su “valiente y patriotera” decisión de no acudir a una cita, previamente cancelada quien lo había invitado, un tal Trump, acordó con este fantoche seguir negociando (muro, inmigración TLC y tutti frutti) pero no de frente a la opinión publica sino en privado.

Me pregunto… ¿por qué en privado?... ¿por qué en lo oscurito?... ¿no será que una parte sustancial de lo hablado y finalmente acordado será políticamente inconfesable? Aparecerá en la letra chiquitita al final del acuerdo, o mejor aún, no aparecerá para nada, será simplemente tácito, verificándose, día con día, en los hechos consumados.

A envolvernos en la bandera tricolor y echarnos al vacío, se ha dicho… que alguien se beneficiara de nuestro sacrificio… no perdón, no de nuestro sacrificio, de nuestra ingenuidad oculta detrás de nuestro más simplón patriotismo borreguero.


¿Cómo pueden, tantas personas, ser tan ingenuas, tan borregueras?… con razón dicen que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece.



enero 28, 2017

PARADOJAS


El día de hoy, 27 de enero 2017, en la página web de la revista digital española ctxt, leí el artículo titulado La antiglobalización: del subcomandante Marcos a Trump, que, al final de mis personales divagaciones, me permito transcribir tal cual.

Este articulo pone de manifiesto la gran paradoja que significa el hecho de que, durante decenas de años varias “organizaciones” que podríamos calificar de “izquierda radical” combatieron el fenómeno de la globalización (promovido por el sistema capitalista neoliberal), sin mayor consecuencia sobre el curso de esta… y que resulte ser Donald Trump, presidente de la mayor nación promotora de esta globalización, quien asuma e implemente una política contraria a dicho fenómeno globalizador.
Política que quizás sea más aparente y simbólica que real, obligado que está en complacer a la franja de su electorado WASP golpeado por dicho proceso, que lo llevo a la presidencia de los Estados Unidos.
Está por verse si las decisiones tomadas por Trump en este sentido, representan una política realmente contraria a la globalización, y por lo tanto a los intereses de sus promotores, o unas medidas destinadas a podar ciertos excesos contrarios al “saludable y vigoroso desarrollo” del árbol globalizador, con la finalidad de que, como en toda poda, este árbol dé mayores frutos.

Obviamente que, en mi opinión, sabedor de que hoy en día quienes, en ultima estancia gobiernan, son los poderes económicos y facticos, no hay más que de dos sopas, o se trata efectivamente de un ardid que bajo el disfraz de unas espectaculares y efímeras medidas “populistas” persigue una vigorización, a mediano plazo, del neoliberalismo (lo cual expresarían los continuos records de los índices bursátiles de Wall Street)… o, más temprano que tarde, este encantador de serpientes, será demitido de su función, por quienes toman las decisiones que realmente impactan sobre la estructura social y económica del actual sistema de dominación y gobierno… solo faltaría por saber las modalidades de esta evicción.


Esta paradoja expuesta en el artículo mencionado, se aparenta a otra paradoja, para mí también muy destacable.
La que representa el hecho de que esta ¿aparente? política antiglobalizadora sea implementada por un señor tachado de POPULISTA de buena cepa (que podríamos llamar “populismo de derecha” o “populismo liberal”), cuando quienes, desde hace décadas, habían denunciada y combatido esta globalización, fueron siempre tachados de POPULISTAS, pero con una connotación no solo adversa y hostil sino maligna, populistas a secas que representaban el mayor peligro para los intereses de quienes detentan el poder económico y factico.

Con la pretensión de todos los partidos políticos afines al sistema económico y político dominante, calificado de “democracia liberal”, a ocupar el “centro electoral” para ganarse los favores de la cada día mas importante clase media, hace ya bastante tiempo que la oposición horizontal derecha/izquierda dejo de expresar políticamente las oposiciones y conflictos propios de todas las estructuras y sistemas sociales.
Partidos que en su posicionamiento y actuación negaban la patente y creciente desigualdad, tanto económica como social (ligada al ejercicio del poder), entre los muy pocos beneficiados por la política económica neoliberal y la gran masa de quienes se veían abocados a la precariedad o la exclusión. Principalmente en los obreros no cualificados, pero cada vez más en muchos integrantes de la otrora boyante clase media.
Vacío político, originado por el cada día mayor consenso y mayor complicidad entre derecha e izquierda, que fue aprovechado y llenado por otra oposición, mucho más manifiesta y genuina, entre el “pueblo” y la “elite” (imbricado e intrincado conglomerado de quienes ejercen la dominación en toda su extensión y todos los ámbitos), “establishment” (aparato político burocrático que asegura la legitimación de la dominación) o la “casta” (termino que reagrupa los dos anteriores).
Oposición vertical, percibida (vivida) como más certera y autentica, siendo esta esencial y primogénita de toda estructura social “moderna”, entre arriba y abajo, quienes detentan y ejercen la dominación y quienes la padecen, sometidos por esta y/o sumisos a esta.

Oposición vertical, cuya visibilidad e interiorización por parte de los sometidos, ha sido aprovechada, con mucho éxito, por partidos u organizaciones políticas de extrema derecha que mediante un discurso anti establishment y la fácil designación de chivos expiatorios situados en los márgenes exteriores de la comunidad, ofrecen a las víctimas de la política económica, defender sus intereses (entendidos como los del pueblo maltratado y expoliado por la elite) mediante la concentración del poder político en las manos de un líder mesiánico solo capaz de enfrentar las elites y sus políticas, contrarias a los intereses de las grandes mayorías.

Populismo de derecha, que introduce ruido y molesta a las organizaciones políticas que, hasta la llegada de la crisis del 2008 (con su consiguiente deslegitimación), eran consideradas por las elites, como las más aptas y convenientes para mantener la hegemonía política, soporte y ancla de la conservación y defensa de los intereses, de toda especie, de dicha elite.
Populismo que molesta, pero es admitido como legitimo dentro del “juego democrático”. No solo legitimo sino apropiado, y hasta bienvenido, dado que en última instancia representa una válvula de escape capaz de encauzar las tensiones e inconformidades, generadas por las crisis sistémicas, sin poner realmente en peligro lo esencial, los basamentos del sistema como tal.


Lo cual, obviamente, no sucede con el auténtico populismo, generalmente denostado como una demagogia promovida por organizaciones de “izquierda radical.” Hoy mismo leo en el periódico español El País, un artículo titulado: El PSOE se propone vencer al “populismo destructivo.”
Autentico populismo que tiene por objeto hacer efectiva el lema siempre citado, pero nunca hecho realidad de “un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Autentico populismo que tenga por finalidad el empoderamiento del pueblo… la reducción, hasta su desaparición, de la dominación mediante la construcción, desde abajo, de una nueva estructura y arquitectura sociales, basadas sobre la solidaridad, el reparto igualitario tanto de la riqueza generada por la comunidad como del poder de decisión… la prioridad del “bien común” sobre el individual, sin menoscabo de este último. Un bien común cuya finalidad sea la expansión de todas las virtualidades de los individuos. Que los individuos, todos y cada uno de ellos, sin distinción de ningún tipo, sean los dueños de su propio destino, mediante su empoderamiento en el cotidiano y permanente ejercicio del poder, sean quienes tengan en última instancia el poder de decisión sobre todo los asuntos que determinan la construcción del presente y futuro de la “estrella comunitaria” en la cual viven.

He aquí el texto prometido:

La antiglobalización: del subcomandante Marcos a Trump.

El proteccionismo triunfa en los países más grandes del mundo occidental, en los lugares donde nació la ideología neoliberal

CRISTINA VALLEJO




El 1 de enero de 1994 se levantaba en México el Ejército Zapatista de Liberación Nacional del subcomandante Marcos. Era el día en que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el NAFTA. Algunos consideran que este acontecimiento fue la primera respuesta contra la globalización, es decir, el hito fundacional de los movimientos altermundialistas.

Después vendrían más movilizaciones: entre finales de los años noventa y los primeros años 2000, cada cumbre de los organismos impulsores de la globalización o de los signos de identidad que ésta iba adquiriendo, como el libre comercio, las desregulaciones y las liberalizaciones, en definitiva, la eliminación de las fronteras para el capital (la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial) se convertiría en escenario de protestas de los altermundialistas, como preferían denominarse sus protagonistas porque no querían acabar con la mundialización, sino construir otro modelo para ella (“otro mundo es posible” era su lema). En el inventario de eventos, nos encontramos con Madrid, donde se celebró el cincuentenario del FMI, la importantísima contracumbre de Seattle contra la OMC, Génova, Gotemburgo, Barcelona, Praga... También surgían como setas los foros sociales mundiales, el más importante de los cuales siempre fue el de Porto Alegre (Brasil), donde se reunían diferentes movimientos de todo el mundo para discutir los problemas globales y, sobre todo, para sentirse comunidad.

En estos encuentros contra la globalización neoliberal, que eran en sí mismos reuniones internacionalistas de la contestación contra un sistema que se expandía y se radicalizaba desde los primeros ochenta con Thatcher y Reagan –y sobre todo tras la caída de la Unión Soviética, su único e histórico rival–, surgían personas de mucho brillo, con una grandísima personalidad, incluso con aura. Quizás se pudiera comparar con Mayo del 68, con sus filósofos y sus activistas. Entre los protagonistas de la antiglobalización ya hemos mencionado a Marcos. Podríamos apuntar otro nombre, ése sería el de José Bové, sindicalista agrario, activista contra la globalización, defensor de la soberanía alimentaria, luego cofundador de ATTAC en 1998, candidato a la presidencia de la República francesa con pésimo resultado y a continuación eurodiputado.

ATTAC, la gran institución antiglobalización que aún pervive, nacía como un grupo de presión a favor de la introducción de una tasa a las transacciones financieras internacionales, la llamada Tasa Tobin, con el objetivo doble de reducir la especulación en los mercados, por un lado, y, por otro, ayudar a compensar, aunque fuera mínimamente, a unas sociedades que se estaban quedando al margen de los predicados bienes de la globalización. A ésta se la acusaba de desestructurar las economías nacionales y despreciar los principios democráticos, porque quizás nadie en concreto, pero sí su lógica, imponía presiones a los Estados para liberalizar y desregular, lo que incrementaba las desigualdades sociales. Éstas eran más o menos las ideas que manifestaba Ignacio Ramonet en un editorial de Le Monde Diplomatique en el año 1997, coincidiendo con la crisis asiática. Ramonet, también cofundador de ATTAC, fue uno de los principales divulgadores de la antiglobalización.

Justo tras el derrumbe del Muro de Berlín y el posterior de la URSS, cuando el capitalismo se quedaba sin rival y se creaban las condiciones para expandirlo por todo el mundo y en su forma más pura, la Unión Europea daba el empujón más importante de su historia para su integración: en 1992 firmaba Maastricht y en 2002 comenzaba a circular el euro en las calles de doce países europeos. La miniglobalización europea también tuvo contestación por parte de los críticos, aunque fue bastante minoritaria. IU en España estuvo en contra de Maastricht. En Francia tuvo lugar una movilización relativamente importante contra el proyecto de Constitución europea. Además, hubo dos no muy sonados: los de Dinamarca y el Reino Unido, que no quisieron renunciar a su soberanía monetaria. Hoy en día, estos dos países siguen fuera del euro y uno de ellos ha iniciado el proceso para autoexcluirse de la Unión Europea.

La gran paradoja

Muchos años después de las primeras protestas contra la globalización, comenzamos a hablar de desglobalización. Y ya no son sólo reivindicaciones y protestas de la sociedad civil. Ahora ya son victorias que se están apuntando fuerzas del propio sistema (el Partido Republicano americano, por ejemplo) apoyadas o aupadas en ocasiones por outsiders (Donald Trump, un hombre de negocios que presenta su cara más heterodoxa transformándose en un político antiélites). Además, la idea de la desglobalización triunfa en países centrales, en los más grandes del mundo occidental, en los mismos lugares de nacimiento de la ideología liberal.
La paradoja es enorme: 23 años después del levantamiento zapatista, es el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien amenaza a las compañías americanas con aranceles aduaneros para los productos que fabriquen en México y quieran vender en EE.UU. Además, avisa de una próxima renegociación del NAFTA y pide su salida del Tratado Transpacífico (TPP) nada más tomar posesión del cargo y tras un primer discurso ya como mandatario en el que invitaba a comprar americano y contratar trabajadores estadounidenses. También prometía recuperar los empleos y la riqueza perdida por la clase media americana, al haberse redistribuido por el mundo como consecuencia, resumiendo, del modo en que se ha gestionado la globalización. En el Reino Unido, los ciudadanos deciden en un referéndum convocado por un primer ministro del Partido Conservador autoexcluirse de la Unión Europea. El Frente Nacional de Marine Le Pen da la enhorabuena a Trump y al Reino Unido por sus “victorias” y dice que la siguiente ficha en caer del mismo lado será Francia, que también buscará replegarse en las limitadas fronteras del Estado nacional. Y quizás veamos algo parecido en Italia, donde la Liga Norte, el Movimiento Cinco Estrellas y Forza Italia también plantean de manera más o menos abierta una consulta popular para salir del club europeo. Como colofón, este pasado fin de semana, la extrema derecha europea se reunía, envalentonada por los éxitos, los ánimos y los buenos augurios que les transmitió Trump días antes: habrá más rupturas en Europa a lo 'Brexit', en su opinión.

El descontento generado por la globalización está manifestándose en los países del mundo que se consideraba que iban a ser los grandes ganadores de la libertad global de mercado. Pero, quizás, porque se había dejado de lado que incluso dentro de los países beneficiados por la desaparición de las fronteras al capital iba a haber grupos sociales excluidos, que iba a haber perdedores de la globalización o personas que se iban a sentir desplazadas. Y no sólo en lo material (las deslocalizaciones les dejan sin trabajo, las migraciones provocan que el valor de su fuerza de trabajo se reduzca) sino también en lo “espiritual”: la difuminación de las fronteras parece poner en peligro las señas de identidad de los colectivos más débiles. De ahí el repliegue identitario ante fenómenos nuevos como el de la llegada de refugiados a países en los que la inmigración ha sido casi inexistente, como Hungría y otros países del centro y del este de Europa, otro foco geográfico importante de la desglobalización.

La antiglobalización que ganó elecciones en el Sur y la que las gana en el Norte

Pero la antiglobalización ya había tenido éxitos institucionales en los países emergentes, en particular en América Latina, como escribía el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera en el periódico argentino Página 12: “Los primeros traspiés de la ideología de la globalización se hacen sentir a inicios del siglo XXI en América Latina, cuando obreros, plebeyos urbanos y rebeldes indígenas desoyen el mandato del fin de la lucha de clases y se coaligan para tomar el poder del Estado. Combinando mayorías parlamentarias con acción de masas, los gobiernos progresistas y revolucionarios implementan una variedad de opciones posneoliberales mostrando que el libre mercado es una perversión económica susceptible de ser reemplazada por modos de gestión económica mucho más eficientes para reducir la pobreza, generar igualdad e impulsar crecimiento económico”.

¿Tiene que ver el altermundialismo de hace veinte años con las estrategias nacionalistas de hoy en día? Jaime Pastor, profesor titular en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la UNED, comenta que el movimiento de dos décadas atrás fue una respuesta a la globalización financiera y neoliberal, a la concentración de poder en manos de las grandes empresas multinacionales, al ataque a la propiedad comunal indígena; fue un movimiento contra la “globalización feliz”. En cambio, en su opinión, el Brexit y Trump suponen una reacción a la crisis de esa “globalización feliz” de las multinacionales. Tanto el Brexit como el nuevo presidente de Estados Unidos surgen, dice Jaime Pastor, para defender la prioridad nacional en su calidad de grandes potencias. También hay en ellos, en opinión del profesor, razones de competencia: quieren salir lo menos mal posible del parón económico, de la etapa de estancamiento secular que parece haber arrancado tras superarse lo peor de la crisis económica. Los desglobalizadores actuales se apoyan, continúa Pastor, en el sentimiento de agravio de una parte de la población, las víctimas de la desindustrialización del norte. En definitiva, a lo que asistimos ahora, según expresa Pastor, es a una combinación de egoísmo nacionalista de gran potencia que se apoya en el malestar popular de quienes perdieron con las deslocalizaciones de las empresas que recorrían el mundo en busca de la reducción de costes y la maximización del beneficio.

En el mismo sentido se expresa Jorge Fonseca, profesor de Economía Internacional de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del consejo científico de ATTAC: “De momento, lo que hay es puja por la hegemonía en la globalización en la que Estados Unidos perdió su condición de potencia hegemónica absoluta y lo que busca es recuperarla 'renegociando la globalización', que seguirá siendo neoliberal, salvo que una profunda crisis como la de los años treinta les fuerce a romperla”. Y continúa Fonseca: “En realidad, los movimientos antisistémicos son alterglobalización y la supuesta actitud antiglobalización de Trump es en realidad un chantaje para renegociar con más ventaja los términos de los acuerdos de libre comercio en un momento en que Estados Unidos se ve agrietado socialmente por dentro. Y no son comparables las políticas soberanistas 'defensivas' de los países latinoamericanos con las nacionalistas ofensivas como las de Estados Unidos o el Reino Unido. Mientras las primeras buscaban limitar el expolio internacional, las segundas buscan aumentarlo”.

El economista Ramón Casilda apunta que en realidad Donald Trump no hizo campaña contra la globalización, sino que sólo está lanzando propuestas para resolver síntomas de sus efectos negativos en la economía estadounidense, para lo que ha recurrido a un modelo antiguo, el de la industrialización vía sustitución de importaciones.

Miguel Ángel Díaz Mier, profesor de la Universidad de Alcalá, sintetiza una posible respuesta a lo que está ocurriendo: “Una cuestión importante es definir qué se entiende por globalización, cuya principal característica es que se trata de un proceso dinámico. En consecuencia, parece claro que la globalización del siglo XXI tiene algunas de las características, pero no todas, que han acompañado a la globalización del siglo XX. En este sentido, sí se puede hablar de desglobalización, aunque parezca claro que la idea de globalización tendrá que definirse de nuevo”. Así, los rasgos de la nueva globalización pueden responder, según Díaz Mier, a nuevas situaciones en dominios como la lucha contra el cambio climático, las respuestas a los fenómenos migratorios con su impacto en la división internacional del trabajo... El capitalismo ha entrado, pues, en una dinámica que hay que monitorizar de cerca.
Pero, ante los acontecimientos recientes, cabe hacerse la pregunta de si al final ha habido más víctimas en el norte que en el sur, dado que en el norte la antiglobalización triunfa ahora, mientras que, en el sur, poco a poco, los gobiernos que alcanzó en América Latina se van disolviendo.

“Víctimas ha habido en el norte y en el sur”, comenta Pastor. Pero quizás se han manifestado en diferente momento histórico. En el sur la antiglobalización estalló con fuerza institucional en los noventa, después de que en los años ochenta se impusieran las políticas de ajuste que lo ahogaron y se tentaran políticas de sobreexplotación tanto de sus recursos como de su fuerza de trabajo. La caída de algunos Gobiernos de izquierda en los últimos años en América Latina se debe, según Gonzalo Berrón, investigador asociado del TNI (Transnational Institute), que habla desde Brasil, a que la crisis económica impidió cumplir con las promesas de bienestar. Éstas no fueron satisfechas sobre todo para las clases medias. “Estamos en un ciclo de reversión. La primera onda de antiglobalización llevó al poder a gobiernos progresistas, pero no satisfacieron las expectativas y ahora se está volviendo a opciones liberales”, describe Berrón.

En comparación con los del sur, continúa Pastor, los trabajadores del norte eran privilegiados, aunque estos últimos parecen haber terminado por estallar en un movimiento que Pastor califica de “chovinismo del bienestar menguante”. Pero, en todo caso, como expresa Fonseca, “esta globalización, neoliberal y con predominio de las finanzas y dominio monopolista de las grandes transnacionales, es perjudicial para el desarrollo, no sólo de los países del Sur Global, sino también para los desarrollados, en los que crece la desigualdad y la pobreza. La excepción es China, que experimenta un proceso de industrialización continuado desde hace más de treinta años, y más limitadamente países de su entorno, como Malasia o Vietnam, que han mejorado su nivel de desarrollo humano según Naciones Unidas, pero que también se enfrentan a límites difíciles de superar”.

Los últimos movimientos que han surgido en los países desarrollados están muy institucionalizados y buscan alcanzar el poder de una manera convencional en parte porque sus protagonistas salen del propio poder. Hace veinte años, la antiglobalización, como la define Jaime Pastor, era un movimiento de nómadas, con poco anclaje tradicional en el territorio nacional. Y su siempre limitada fuerza se agotó pronto. Quizás, como señala Pastor, su último episodio fuera la movilización contra la guerra de Irak. Ahí acabó la ola antiglobalización progresista en el norte. “No hubo tiempo para que se produjera un anclaje de ámbito nacional-estatal en el norte, aunque sí en el sur”, comenta Pastor. Los movimientos antiglobalización no cuajaron en el norte y parecieron siempre minoritarios. Y ello, además de por su propia idiosincrasia horizontal y cuasiespontánea, también se dio por otras razones que explica Gonzalo Berrón: “El primer lugar de la antiglobalización fue el Sur, América Latina, porque se opusieron de manera más fuerte al Consenso de Washington, que imponía desregular, liberalizar... En el norte es cierto que en esos años se produjo una importante deslocalización de empresas hacia otros países con costes laborales más baratos, pero ello se pudo compensar con el crecimiento del sector servicios y la fortaleza del crecimiento del consumo. La reacción de la globalización tuvo efecto en América del Sur con gobiernos progresistas que detuvieron su influjo. El propio Morales formaba parte del movimiento antiglobalización, por ejemplo”. Berrón añade: “Ahora parece que los efectos perniciosos de la globalización han llegado al norte y se han acentuado por la crisis que estalló en el año 2008 y que ha traído consigo no sólo una recesión muy larga, sino también recortes y ajustes”. ¿Los ochenta de América Latina corresponden a la segunda década de los 2000 en Europa?
Los movimientos antiglobalización de hace veinte años partían del espectro de la izquierda. Ahora los triunfantes son patrimonio de la derecha. En los países desarrollados, en lugar de atacar al neoliberalismo, se ataca a la inmigración, a la que se echa la culpa de los males de los perdedores occidentales de la globalización, o a los chinos que producen más barato, con lo que se agita una guerra entre pobres y empobrecidos, según apunta Pastor.

Y es que, de acuerdo con Pastor, la socialdemocracia ha sido uno de los motores de la globalización, mientras otros sectores de la izquierda se centraron más en otro tipo de movimientos. En todo caso, precisa el profesor Jaime Pastor, Podemos, en parte, hunde sus raíces en los movimientos antiglobalización. De hecho, muchos de sus líderes participaron en sus movilizaciones y también en su institucionalización en América Latina. Y Berrón apunta el éxito de líderes izquierdistas como Bernie Sanders en Estados Unidos o Jeremy Corbyn en el Reino Unido. El primero, casi gana en su pugna con Hillary Clinton por la candidatura a la presidencia por parte del Partido Demócrata. El segundo se ha confirmado como líder de los laboristas británicos siendo su representante más izquierdista de las últimas décadas, aunque, a veces, parece dar crédito a las inquietudes antiinmigración que atribuye a las que han sido las bases tradicionales del laborismo.

De todas maneras, Jaime Pastor opina que el verdadero fallo, la responsabilidad de que la globalización se desmadrara y de que ahora quienes se sienten perdedores se encuentren un poco huérfanos de izquierda (¿o incluso captados por las nuevas derechas nacionalistas?) reside en el movimiento obrero: “Los sindicatos se apuntaron al neocorporativismo competitivo nacional. En el mejor de los casos, dieron un 'sí crítico' a acontecimientos como el Tratado de Maastricht en Europa. No respondieron a la devaluación de la fuerza de trabajo tanto en los salarios directos como en los indirectos”.

¿Evidencias de desglobalización?

Que la antiglobalización haya cuajado en el escenario político del norte, ¿ha provocado ya evidencias cuantificables de desglobalización en el mundo? Lo cierto es que los bancos de inversión y el mundo financiero en su conjunto sí se muestran preocupados por esta cuestión. Un reciente informe de Bank of America Merrill Lynch comenta: “La era de libre comercio y movilidad de capital y trabajo que se desarrolló entre 1981 y 2015 parece estar llegando al final. Los electorados están virando hacia una dirección antiinmigración. El populismo anti-libre comercio está creciendo (una reciente encuesta mostraba que el 65% de los americanos dice que las políticas comerciales han provocado una caída del empleo en Estados Unidos, frente al 13% que cree que han creado trabajo). El Brexit y las elecciones americanas representan reacciones populistas de repudio al statu quo global”. Martin Wolf, en el Financial Times, también se ocupa, preocupado, de este tema: “Como la era de la globalización termina, ¿el proteccionismo y el conflicto definirán la nueva fase?”, se pregunta en un reciente artículo. Y Nouriel Roubini titulaba otro de esta forma: “'América primero' y conflicto global después”.

Para David Lubin, de Citi, la desglobalización es una evidencia. Desde 2012 él observa límites crecientes a la libertad comercial. Y también una nueva reacción de países emergentes emprendiendo estrategias de reducción de la dependencia del extranjero, es decir, estrategias económicas nacionalistas. No sólo Polonia, Hungría o Rusia han comenzado ese camino. Hasta China está intentando depender menos de las exportaciones al extranjero a cambio de fortalecer su consumo interno. Por eso, a Lubin le parece casi un anacronismo que la Argentina de Mauricio Macri o el Brasil de Michel Temer sigan intentando adoptar políticas para parecer fiables a ojos del capital extranjero. Aunque el nacionalismo económico traiga consigo ritmos de crecimiento más modestos, éste parece, a ojos de Lubin, más apropiado para un contexto como el actual.

El analista financiero Juan Ignacio Crespo cita a la Organización Mundial del Comercio cuando afirma que entre octubre de 2015 y mayo de 2016 los países del G-20 adoptaron 145 leyes encaminadas a levantar barreras proteccionistas. Desde 2008, se han aprobado 1.500 medidas de este tipo. Crespo también apunta estimaciones del economista británico Simon Evenett, según las cuales hay cerca de 4.000 leyes y normas proteccionistas registradas en todo el mundo, el 80% de ellas, en los países del G-20, que son responsables del 90% del comercio mundial. Larvadamente, antes de Trump y del Brexit, ya había medidas de limitación del libre comercio, que ahora podrían ir a más.

¿Es la crisis o es la globalización?

Para Juan Ignacio Crespo, los resultados políticos que estamos viendo en el Reino Unido, en EE.UU., en Austria, donde la extrema derecha se quedó a las puertas del Gobierno... son consecuencia de la pequeña desglobalización que había comenzado a causa de la crisis. Crespo recuerda que en 2008 el comercio mundial se hundió totalmente y ahora está creciendo a ritmos inferiores al PIB, aunque en ello tenga mucho que ver el enfriamiento de China y su menor consumo de materias primas. La caída del comercio mundial es una de las manifestaciones de la crisis económica y ha empeorado las condiciones de vida de ciertos colectivos de la sociedad que, más por hastío que por convencimiento, han votado a estas nuevas fuerzas políticas. Ahí residen las razones por las que se ha producido una rebelión contra las élites, aunque todavía, según Crespo, no sea muy grande: el Brexit ganó por poco y en EE.UU., en voto electoral, ganó Hillary Clinton.

Para Crespo, la precarización y la inseguridad de los colectivos que están detrás de los nuevos triunfos electorales no se deben a la globalización, sino a la crisis económica y a las nuevas tecnologías. Es el malestar por la crisis económica lo que canalizan fuerzas como Podemos en España o como Donald Trump en Estados Unidos. Quizás pudiera haberse evitado todo este proceso que vivimos en los últimos años si no hubiera estallado la crisis financiera, lo que se habría evitado si no se hubiera desregulado el sector financiero, pero ello, como señala Crespo, habría sido muy difícil de lograr en un contexto de prosperidad económica.

El economista Ramón Casilda, que acaba de publicar Crisis y reinvención del capitalismo, da una vuelta de tuerca. En realidad, la globalización es una consecuencia del capitalismo. Y quizás si la globalización no pasa por su mejor momento es por la crisis del capitalismo. A su juicio, lo que hay que dirimir es si ésta es pasajera, si constituye una fase para recuperar fuerza o si por el contrario está anunciando la decadencia del sistema mismo.

¿Una desglobalización favorable para el desarrollo interno de los países?

En todo caso, esta desglobalización, de la que ya puede haber ciertas evidencias, ¿puede contribuir al desarrollo interno de países hasta ahora en exceso dependientes de otros?, ¿se puede arreglar está a veces criticada por injusta división internacional del trabajo que ha surgido de la globalización o se ha hecho crónica por su culpa? Para Crespo, el desarrollo propio ya no sirve, porque la globalización hace dependiente a todo el mundo de todo el mundo. Si los países emergentes necesitan capital, los desarrollados tienen necesidad de colocar su exceso de liquidez. Se ha construido un sistema, en su opinión, en el que todo el mundo se aprovecha de todo el mundo. España misma, según explica, ha vivido este proceso de desarrollo: España también fue un país emergente que se abrió al exterior, atrajo inversiones y después sufrió deslocalizaciones para sustituir esas industrias por un sector servicios muy desarrollado, aunque, añadimos nosotros, nunca de manera suficiente, a tenor de las altas tasas de paro que ha soportado la economía doméstica.

Pero Berrón considera que la globalización no redundó en el desarrollo de las economías latinoamericanas. La industria que llegó al área no permeó, no generó cadenas productivas. Al Cono Sur se le condenó a una inclusión subordinada y dependiente del norte. Su inserción internacional sólo fue en calidad de proveedor de materias primas o bienes de poco valor añadido. Aunque, a continuación, las estrategias de desarrollo interno que pusieron en marcha los gobiernos de progreso fueron ineficaces en su implementación, en su diseño o porque el entorno global impidió su éxito. Por eso, Berrón no confía en el éxito de las estrategias renacionalizadoras. Sobre todo, porque es posible que la ola desglobalizadora no dure lo suficiente como para que los países de la periferia global desarrollen estrategias propias. Y si se prolonga en el tiempo, anticipa grandes movimientos en las placas tectónicas del sistema y procesos de transformación que no van a ser nada suaves. Al final, todos se rearmarían para una nueva realidad, aunque costará años, puesto que la globalización ha desmantelado modelos de desarrollo autónomo y de desarrollo regional. “Si Donald Trump se consolida como un líder nacionalista y hace todo lo que dice, el mundo puede ser otro”, resume Berrón.

¿Una nueva ola antiglobalización progresista?

 En el norte, o quizás a nivel global, ha habido un repliegue de la antiglobalización progresista, pese a su pequeña reactivación contra el TTIP o el CETA, pero Gonzalo Berrón anticipa una nueva oleada, que debe ser contra Trump y contra la globalización neoliberal como sistema, no contra sus manifestaciones concretas en forma de tratados de libre comercio. Esto último, opina, es insuficiente. Así, comienzan a apostar por medidas para desprivatizar la democracia y que sea lo público, el Estado, el que financie los comicios y las campañas electorales y no el mercado para que magnates como Trump no partan con ventaja; también han emprendido una pelea en la ONU por la imposición de obligaciones a las transnacionales, y así, reequilibrar las desigualdades generadas por la globalización; además, apuestan por un cuestionamiento severo de la propiedad intelectual y las patentes sobre las que se han construido grandes imperios mercantilizando la vida; también, por la recuperación del acceso a la naturaleza como un bien común ahora en manos de compañías ligadas a la industria alimentaria y a la explotación de los recursos mineros. Con estas reivindicaciones pretende el movimiento antiglobalización de izquierdas capitalizar la revuelta global. ¿Llega tarde? No lo sabemos, pero, como afirma Jorge Fonseca, lo que se dirime ahora en el mundo es si se apuesta por la humanidad o por la depredación salvaje: “Una globalización humanizada debe poner el objetivo en favorecer a las personas, con un modelo económico socialmente justo y ecosostenible. En realidad, ni siquiera debemos hablar de 'globalización', que es una categoría desprestigiada. Vayamos a una sociedad mundial humanizada”.





enero 07, 2017

MELANCOLIA


Cuando mi íntima amiga la Melancolía
se acerca para hacerme compañía
entonces
para hacerla mía
y adentrarme en lo más profundo de su esencia
fusión de selectiva memoria y perenne ausencia
me acuesto
cierro los ojos
escucho
Neil Young
tocar y cantar

Ramada Inn