abril 06, 2013

MODERNIDAD



Hace veintiocho minutos salí de Barcelona.
En la pantallita unos números rojos me informan que ruedo a 285 kilómetros por hora… cinco minutos más tarde la misma pantallita me dice silenciosamente que ruedo a 308 kilómetros por hora.

Silencio.
Los seres que me acompañan no hablan… silencio casi absoluto… ni el traqueteo de las ruedas metálicas sobre los rieles metálicos… solo un imperceptible run run.

El paisaje desfile.
Lo cercano se difumine en indefinidas rayas de imprecisos colores… lo lejano, antes de que pueda captarlo, va quedando atrás.
Paisaje árido, ocre, sin cultivos, casi desértico, solo arbustos empolvados… sin presencia del hombre.
Pueblos a lo lejos, color de la tierra, del polvo… sin presencia humana.
Casas desperdigadas, derruidas, en medio de la nada, en el fondo de los barrancos, asidas a las laderas… sin hombres, sin humanidad.

Cielo gris… nubes bajas… estructuras gráciles.
Telarañas metálicas llevando tendidos eléctricos hacia lo desconocido.
Torres eólicas esbeltas con depuradas aspas, sustituyendo los gigantes que antaño un tal Don Quijote desafiaba.

Tierras sin vida… abandonadas.
¿Dónde se encuentran los hombres?
A mi alrededor… conmigo… rodando a más de trescientos kilómetros por hora.
¿De qué huimos?
¿A dónde vamos con tanta prisa?
Duermen, dormitan… teclean nerviosamente, con suma destreza y rapidez sus computadoras, sus celulares, sus tabletas… conectados al mundo lejano, al mundo ausente, mediante pantallas y audífonos… extensiones y prótesis.
Uno solo habla… ¿con quién?... imposible saberlo… ¿lo sabrá el?... quizás consigo mismo.

Pienso en A… lejana, ausente… yo con mi vida, ella con la suya…escribo para mí, quizás también para ella… ¿me leerá?... ¿sabrá en que pienso?
En otro espacio, en otra vida… puebla mi tiempo.

Soy único, singular, insustituible, irrepetible… y no soy nada… quizás nadie.
Un electrón libre… parte de un Todo que me atrae, me sujeta, me limita, me controla.
Engaño… tramposa libertad.
Agitación controlada.

Soy un transeúnte que no pasa, inmóvil… espectador ciego… oyente sordo.
Ni siquiera somos de la raza bovina. No vemos pasar los trenes… somos los trenes… sin siquiera poder ver las vacas.
No vemos lo complejo, lo indescifrable, lo inimaginable, ni siquiera lo imaginable… solo vemos lo simple, lo evidente, lo binario, lo numérico… el blanco o el negro, el sí o el no, lo cierto o lo falso, el 1 o el 2.

Soy un mutante.
No veo, no oigo, no siento… menos lo vivido por el otro, menos sus sueños.
No comparto, no intercambio… ni calor, ni sonrisa, ni lagrimas, ni espanto, ni alegría, ni temor… solo signos, conceptos, abstracciones.
Mi cuerpo se reduce a neuronas… con extensiones  para otros espacios, otros tiempos.
Si no veo el mundo con mis propios ojos… ¿cómo podría verlo con los de alguien más?

Quiero empatía y me dan determinismo.
Pregunto quién soy, quien eres, quienes somos… me contestan… fotografías, huellas, ADN, matrículas, identidades… únicamente antropomorfologia, solo antropometría.

Quiero comprender el mundo… me lo explican.

Estoy solo, extranjero… sin mundo que pueda hacer mío.
Soy un autista.


marzo 02, 2013

PRIMER ZARPAZO DEL DINOSAURIO


Sabíamos que el dinosaurio priista, aparentemente condenado por la evolución del ecosistema político mexicano, se había visto en la obligación de retirarse en sus cavernas provinciales… también sabíamos que al seguir temerosa de esta criatura, la que le había sustituido no se había atrevido a rematarla… como también veíamos que desde el fondo de sus guaridas el viejo dinosaurio, aprovechándose de esta indecisión, se estaba preparando para ocupar nuevamente sus dominios, más listo que nunca para ejercer su supremacía sobre la totalidad de los seres que pueblan las llanuras, los montes y los ríos de este territorio que considera suyo.
Criaturas que cuando lo vieron salir a la luz, por un momento, pensaron que este era de la especie de los impresionantemente grandes y pesados, pero mansos e inofensivos herbívoros Diplodocus… cuando eran de la especie de los feroces y siempre hambrientos carnívoros Tiranosaurios. 




Así, para que nadie se  llame  a engaño, el todavía aprendiz a macho alfa de la manada dinosáurica acaba de propinar su primer zarpazo… a la más débil de las criaturas que pretendía disputarle una parte, por mínima que sea, de su recobrado poder.
Claro que en el seno mismo de la manada o desde posiciones de poder fuera de la misma hay otros dinosaurios y otras criaturas, con mejores y más letales garras y hocicos que los de la “maestra”… que pueden pretender cuestionar o disputar su liderazgo y su autoridad sobre su recuperado dominio… pero por lo pronto estos potenciales antagonistas ya saben que cuando se trata de defender su dominancia sobre el territorio que considera ser suyo, y solo suyo, este dinosaurio es despiadado y puede dar muchos otros zarpazos… de ser necesario, mucho más letales que el propinado a la “maestra”.